Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
82 CULTURAyESPECTÁCULOS En la muerte de Ángel González estupenda, la del medio siglo. Ahora estaban aquí Pepe Caballero Bonald y Paco Brines despidiendo al amigo. Ángel significó esa vivencia, esa experiencia, llevada en múltiples variaciones, y fue al mismo tiempo un gran estudioso, porque era un gran lector. En estos últimos días Ángel leía novela, ensayo, y desgraciadamente nos ha dejado. Guardaba permanentemente cosas en el telar. Sostenía que la poesía viene cuando viene, y pasado mañana tenía una intervención, estaba en contacto con recitales y mesas redondas. Lo que nos queda es la admiración y el gran cariño que todo el grupo poético tiene hacia Ángel González. DOMINGO 13 s 1 s 2008 ABC UN ENORME POETA QUE DEJÓ ESCUELA Devoto de Juan Ramón Jiménez, cuando en España no se llevaba, y gran machadiano, para él la poesía tenía que estar comprometida con la voz del pueblo nez en aquel momento en el que en España no se llevaba, por decirlo así. Pero, a lo largo de su vida, Ángel fue un gran machadiano. Hace poco estuvo en Collioure, como si fuera a despedirse de don Antonio. Y su discurso de ingreso en la Academia versó sobre Las otras soledades de Machado, título que respondía a uno de los ensayos más lúcidos que se han publicado sobre Antonio Machado. Y también a lo que Machado significó en el momento de la poesía pura en la Generación del 27 como una constante llamada de atención al hecho de que la poesía tiene que estar comprometida, ante todo, consigo misma, con la poesía, pero que esa poesía comprometida consigo misma forzosamente se compromete con lo que es la voz del pueblo, el pensamiento del pueblo, la diversión del pueblo. Y eso Ángel lo vivió como nadie dentro de esa generación Carlos Marzal Poeta Víctor García de la Concha Director de la RAE UN MAESTRO DEL 50 ngel González es un poeta maestro dentro de una generación maestra de poetas. Los del 50- -los canónicos de la primera hornada (Biedma, Brines, Valente, Claudio Rodríguez, Caballero Bonald, Ángel) y los de la segunda hornada, ya canónicos (Feria, Padorno, César Simón, Quiñones) constituyen una suma de voces propias a la altura de las mejores generaciones poéticas del siglo XX, comparables en conjunto y nombre a nombre con los del 98 y los del 27. En unas circunstancias históricas especialmente difíciles- -en medio de la ranciedad de la posguerra franquista- -supieron mantener encendida y avivar la llama de la tradición. Han cuidado la casa del padre, cada cual a su modo. En eso consiste la labor última de un poeta: dejar una herencia valiosa en su lenguaje, después de haber heredado el lenguaje de sus mayores. Ángel encarna, como pocos, un actitud ante la poesía y la vida: la de quien no desea distinguir fronteras entre vida y poesía. Las palabras, en su obra, han estado siempre al servicio del hombre y sus pasiones, para tratar de explicarse el mundo, para tratar de explicar su mundo a los demás, para consuelo de quienes vivimos en el mundo, esos mismos que ahora, al pensar en que Ángel ha pasado al otro lado del espejo, no encontramos consuelo en casi nada. Cuando pase la pena, tendremos que recurrir al único asidero que tenemos: la memoria. La memoria lectora y la memoria de la amistad. Recurriremos, en sus libros, al fraseo musical de su voz próxima, cómplice, que ironiza con tristeza sobre lo que somos, y que infunde calor con su voz sabia. Apelaremos a su bondadosa cordialidad inteligente, que convertía cualquier reunión en una ceremonia del bienestar. En una fiesta sin estridencia alguna. Cuando pase la pena- -que ha de pasar, obligatoriamente, en homenaje a él, como pasó Ángel por muy distintas penas en su vida- -evocaremos su aura majestuosa sin ningún apetito de majestuosidad, eso que a todos nos hacía sentir, de madrugada, que estábamos en casa de regreso, por la sola razón de que estábamos a su lado y él nos custodiaba. Á mí se me acaba de morir un amigo y a la Real Academia se le ha muerto un gran académico muy querido por todos. Estábamos en vísperas de celebrar mañana (hoy) la comida anual, el tradicional almuerzo de comienzo de año de la Academia y hubiéramos querido que Ángel estuviera allí. Él estaba muy delicado desde hace tiempo, pero ha muerto como ha querido y ha vivido como ha querido. Murió a la una de la madrugada, y desde primera hora de la mañana no han cesado de llegar al Tanatorio sus amigos, llorando, y recordando lo que Ángel vivió hasta el miércoles: reuniones nocturnas en casas de amigos, sobre todo en la de Luis García Montero, que era como su hermano, hasta altas horas. Ángel disfrutaba con esas charlas. No hace falta decir que desaparece un enorme poeta, maestro de poetas, porque Ángel deja escuela también: fue uno de los grandes poetas de la Generación del 50. Él comenzó desde muy joven, desde muy niño- -el grupo de los cuatro amigos de Manolo Lombardero, de Paco Ignacio Taibo... amigos entre sí y en la literatura- -y, curiosamente, Ángel era de aquel grupo el único devoto de Juan Ramón Jimé- A El poeta recibió en 2004 de manos del Príncipe de Asturias el premio García Lorca AFP Miguel García Posada Crítico literario POESÍA SOCIAL uando como un medio para hablar de política sin hacerlo directamente- -esto ocurría en el tardofranquismo- -se hablaba de poesía social, Ángel González no dudaba en identificarse con esa poesía en lo que ésta tenía, que era mucho si no todo, de discurso de resistencia a la agobiante dictadura y su orden injusto. Los principales libros C de González (Áspero mundo, Sin esperanza, con convencimiento, Grado elemental o Tratado de urbanismo, más el recopilatorio Palabra sobre palabra) responden a la perfección a esa poética con la introducción- -ésta era su novedad, novedad importante- -de un tono coloquial y suavemente irónico, que se distanciaba mucho del patetismo existencial de los poetas desarraigados de la primera generación de posguerra (Hierro, Otero, Celaya, incluso Dámaso Alonso) González y Jaime Gil de Biedma fueron los miembros de su promoción que de manera más decidida transitaron los caminos de la poesía social puesta al día. El tono prosaico y conversacional de González procedía de Pedro Salinas y ha tenido mucha influencia en la lí- rica española de los años 70 80 más allá de los módulos del género al que sirvió primero. Sobre esta base estilística consiguió González alumbrar un puñado de poemas que se hicieron populares. El número muy respetable de ediciones que entonces conoció esta poesía y la participación del poeta en numerosos actos certificaba sobre la difusión de sus versos- -sueño imposible de los poetas socia- No dudaba en indentificarse con esa poesía de discurso de resistencia a la agobiante dictadura y su orden injusto les- que avalaron pronto galardones de acusado e indudable prestigio social, como el Príncipe de Asturias y el Reina Sofía. Son poemas que recuerdan la guerra civil El campo de batalla hablan de esperanza Otro tiempo vendrá distinto a éste de amor Para que yo me llame Ángel González de su destrucción por la esclerosis social Lecciones de buen amor de la tiranía Elegido por aclamación de la redención del hombre por la palabra amorosa, quizá el mejor que escribió La palabra etcétera. La insistencia en el tema del amor habla con elocuencia del antidogmatismo del autor en materia poética. Las piruetas que hizo después con algunos elementos de vanguardia tienen menos interés.