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ABC DOMINGO 13- -1- -2008 Odyssey dice ahora que siempre quiso revelar a España el lugar del pecio 81 César Antonio Molina Ministro de Cultura Fue un amigo y un gran poeta, uno de los grandes de la generación del 50, junto a Claudio Rodríguez. Sus versos estaban cargados de humor e ironía, y escritos con lengua punzante Chus Visor Editor A la poesía española se le ha muerto el mayor poeta vivo. Y no lo digo como amigo, sino porque es un vacío imposible de llenar. Nos veíamos cuatro veces a la semana. Su recuerdo, imborrable Joaquín Sabina Cantante y compositor Era un poeta en carne viva. Estoy huérfano. He perdido a un maestro, a un padre, a un hermano, a un amigo, a una guía, a un ejemplo... ¡Bendito sea Ángel González! EL POETA QUE MÁS SE PARECÍA A SUS POEMAS Había en Ángel González la misma proporción de dignidad y sencillez, de humor y de pudor, de inteligencia y despojamiento que en sus poemas y que consiguió revivir y amplificar en versos memorables. El diálogo interiorizado de Ángel Gonzalez con la historia de la poesía empezó con la lectura de los poemas de Juan Ramón Jiménez, que le resultó deslumbrante, con el descubrimiento paralelo de Antonio Machado, cuya poesía terminó prefiriendo a todas, por parecerle la más honda y misteriosa de la lengua castellana, y con algunos poetas de la generación del 27. A cada una de estas lecturas iniciales, Ángel González dedicó tres ensayos que resultan reveladores tanto del funcionamiento interno de la poesía de estos autores, a los que estudió con agudeza, como de las sugestiones y las ideas que sobre la naturaleza de la poesía en general habían sido capaces de despertar en él. A estas primeras lecturas siguieron otras que supusieron una nueva fase de su formación de poeta, nuevos interrogantes y nuevos desafíos estéticos, provocados por la obra de Gabriel Celaya, a quien también dedicó un ensayo; Blas de Otero, José Hierro, Pablo Neruda y César Vallejo y, algo más tarde, por los poetas de su propio grupo, el llamado del 50, que actuó en sus años iniciales como una piña, unido por la militancia antifranquista, por el interés en superar a la poesía social sin renunciar del todo a algunos aspectos éticos de la misma y por cierta vocación vital que está condensada en un sintagma proveniente de un poema de Jaime Gil de Biedma que Carmen Riera acuñó en el título de una antología: ser partidarios de la felicidad En el prólogo a la selección de su obra que preparó para la editorial Cátedra en 1980, Ángel González escribió que la poesía confirma o modifica nuestra percepción de las cosas, lo que equivale en cierto modo a confirmar o modificar las cosas mismas Yo creo que eso es lo que no han dejado de hacer los poemas de Ángel González, y lo que continuarán haciendo después de hoy, después de su muerte, confirmar o modificar lo que percibimos sus lectores, integrarse definitivamente en la estructura de nuestra mirada. Luis Muñoz Poeta Ángel González, con uno de sus libros en sus manos aquel fugaz momento en que te amaba: mi vida entera. Lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño se reúnen en alguna parte, aún inexplorada, del universo. Es en ese país donde ahora habita, para desconsuelo de quienes tanto lo quisimos y admiramos en vida, nuestro Ángel de la guarda poético, el que nos hizo ver que el amor es efímero, pero que vale al menos lo que vale una vida humana, o sea, todo. Para que uno de mis poetas favoritos se llamase Ángel González fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo Para que yo lo conociera, bastó con que una amiga me regala- JAVIER PRIETO Luis Alberto de Cuenca Poeta TODO AMOR ES EFÍMERO n uno de sus libros más intensos, Prosemas o menos (1985) el gran poeta ovetense Ángel González incluía un poema así titulado, Todo amor es efímero que decía: Ninguna era tan bella como tú durante E se, en 1968, su Tratado de urbanismo, publicado en la mítica colección El Bardo A partir de entonces, me enamoré, fugazmente y para siempre (como se enamoran todos los seres humanos) de la poesía de Ángel, que me ha acompañado en los últimos cuarenta años con una fidelidad y una constancia dignas de ser escritas con mayúsculas en un libro de emblemas barroco. La última vez que lo vi fue en el Paseo de Recoletos, hará un par de meses, acompañado de Chus Visor, Benjamín Prado y Luis García Montero, sus tres amigos más asiduos. Adiós, querido Ángel. Tus versos viven en nosotros. unca he conocido a un poeta que se pareciera tanto a sus poemas como Ángel González. Hay poetas que son más locuaces o más melancólicos o más ingeniosos en la vida que en la poesía, o al contrario, que reservan para la poesía algunos atributos fundamentales del metal de su conciencia. Pero Ángel González, no. Había en él la misma proporción de dignidad y sencillez, de humor y de pudor, de inteligencia y despojamiento que en sus poemas, un equilibrio difícil, como todos los equilibrios, que él llevaba con naturalidad y con una especie de vitalismo escéptico. En 1956, cuando publicó su primer libro, Áspero mundo, Ángel González demostró ser dueño de la aspiración más ansiada de cualquier poeta, tener una voz propia, ese punto de encuentro en que coinciden felizmente una manera genuina de entender la vida, la vida personal y la vida colectiva, y una manera propia de concebir la poesía, es decir, de haber llevado a cabo un diálogo pleno y consecuente, cuajado de demandas íntimas, con la historia de la poesía. En Áspero mundo existen, en realidad, dos mundos contrapuestos que, bajo muy variadas formulaciones, pervivirán siempre en la obra de Ángel González, el mundo áspero de la guerra civil y la posguerra, que no dejará de estar presente en gran parte de sus libros posteriores, y el mundo dulce y claro de la infancia, el que él llamó acariciado mundo por lo breve que fue, N En 1956 demostró ser dueño de la aspiración más ansiada de cualquier poeta, tener una voz propia