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60 MADRID DOMINGO 13 s 1 s 2008 ABC Réquiem a nuestro Broadway La Gran Vía se queda, poco a poco, sin sus cines históricos. Enrique Herreros hace un repaso por la larga lista de cines que han pasado a mejor vida donde antaño florecía un Broadway cinematográfico POR ENRIQUE HERREROS Ahora, dicen los enterados que la Gran Vía es la calle del Siglo porque ha cumplido cien años; aunque, así mismo deberían recordar o aprender que, cuando se trazó y se construyó dicha arteria, estaba dividida en tres tramos con distintos nombres enlazados por dos plazoletas; el primero se extendía desde la calle de Alcalá hasta la Red de San Luis, donde al nacer el Metro colocaron un ascensor de acceso a la estación de la mencionada plazoleta; se trataba de un destartalado, gigantesco y un tanto siniestro artefacto donde entraban todos los que podían caber, y alguno más; ese tramo de la calle se conocía como la del conde de Peñalver; después se extendía la Avenida de Pi y Margall, hasta el segundo redondel, siempre conocido como la Plaza del Callao, desde donde partía la llamada Avenida de Eduardo Dato que bajaba hasta la Plaza de España; esta arteria, llena de solares a un lado y a otro de ambas aceras; hasta los años cuarenta se estrellaba contra un desmonte o barrera sobre el cual empezaba la calle de la Princesa, situada muchos metros más arriba del nivel del suelo de la citada plaza, que se niveló terminada la Guerra Civil, cuando las tres calles se unificaron en una sola bautizada como la Avenida. de José Antonio y ahora, simplemente, se conoce como la Gran Vía. Sin embargo, en los años treinta y cuarenta, los tramos que cubrían esa Gran Vía, desde la Red de San Luis hasta la Plaza de España, se conocían castizamente como nuestro Broadway cinematográfico porque allí se concentraban los principales cines de estreno de la capital; todos ellos cuidados con mucho esmero y limpios como la patena; tan ajenos a la dichosa e impertinente palomita o popcorn que, ahora, le chivatea al empresario que puede ser más provechosa que la propia película. La Gran Vía, nuestro Broadway, llegó a albergar 15 locales que programaban las películas que se producían en aquellos inolvidables años dorados del cine, aunque llegasen a nosotros en ciertas ocasiones con cierto retraso; varias después de sufrir un duro forcejeo contra la censura aquella... digamos de las narices... ¡Con perdón! Contemplar lo que se llamaba la salida de los cines de la Gran Vía sobre todo, los lunes de estreno, los sábados y domingos, principalmente, después del pase de tarde el de las 6,30, era todo un espectáculo, porque sus aceras quedaban invadidas por las mujeres más bellas y elegantes de la capital y por hombres vestidos con chaqueta y corbata. ¡Vamos, aquello no tenía nada que ver con lo que ocurre ahora! Hoy, no queda de Broadway cinematográfico nada de nada, porque de los 15 cines subsisten únicamente cuatro Años dorados El último cuplé se exhibió en el cine Rialto. Los curiosos contemplan la colocación del cartel locales que siguen exhibiendo películas, pienso que de milagro, son: el Palacio de la Música, Callao, Capitol y el Palacio de la Prensa. El último en perecer ha sido el Avenida que reformó con tanto esmero su antiguo empresario Vicente Patuel, pariente con el mismo nombre que aquel otro... él de las ovejitas. Lo cerraron a cal y canto para siempre, el pasado 4 de junio; creo que lo van a transformar en otro de los grandes almacenes, ¡cómo no! Ya han entrado con pico y pala; supongo que otra legión de foráneos enganchados a la construcción, los cuales lo estarán transformando, sin saber, ni importarles un pimiento, que se proyectó en su pantalla Sombrero de copa por ejemplo. Hasta hace bien poco, creo que no han tenido la delicadeza ni de quitar la fachada que anunciaba sus dos ultimas