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32 ESPAÑA DOMINGO 13 s 1 s 2008 ABC Ramón Sampedro, en una imagen tomada poco antes de morir, hace ahora diez años ABC El debate de la eutanasia sobrevive a la muerte de Ramón Sampedro El PSOE se plantea abrir una serena reflexión sobre los límites del derecho a elegir una muerte digna M. J. PÉREZ- BARCO MADRID. Su historia tambaleó los pilares de numerosas conciencias, hizo correr ríos de tinta y traspasó incluso nuestras fronteras al ser representada en la gran pantalla. Ayer, justo una década después de su muerte, la figura del gallego Ramón Sampedro no se ha olvidado. Aún significa todo un icono para quienes defienden la eutanasia o el suicidio asistido, dos conceptos con diferentes matices, cuyos límites a veces se confunden aunque persigan un mismo fin: el derecho a poder elegir la muerte llegado el momento. El debate sobre estos asuntos tan trascendentales como delicados para el ser humano está siempre latente y se reactiva con el recuerdo en estos días de casos como el de Sampedro. Pero afrontar la reflexión de forma seria podría no estar tan lejos. Fuentes del Partido Socialista confirmaron a ABC que el asunto será abordado, eso sí con calma y sosiego en una próxima legislatura si esta formación política consigue la suficiente fuerza electoral el próximo 9 de marzo. La esperanza de seguir viviendo por muy difíciles que resulten las circunstancias o el derecho a decidir morir libremente cuando nuestra existencia se ha convertido en un sufrimiento es la elección que debatió a lo largo de veintinueve años Ramón Sampedro. Un destino fatídico le esperó a los 25 años, tras lanzarse al mar desde un acantilado. El accidente le produjo una tetraplejia: perdió la movilidad en todo el cuerpo, excepto en la cabeza. Postrado en su cama, con poemas, libros y pintura, vio pasar los los años. Hasta tomar una decisión: quería acabar con su vida. La batalla legal duró cuatro años, pero ni las audiencias de Barcelona ni de La Coruña ni el propio Tribunal Constitucional admitieron sus peticiones. Sampedro recurrió entonces al Parlamento Europeo. Era el primer español en reivindicar su derecho a un suicidio asistido. Y lo llevó hasta el límite. En 1996, publicó sus reflexiones en el libro Cartas desde el infierno Todo un éxito en ventas. Años más tarde, Alejandro Amenábar representó su historia en el cine: Mar adentro ganó en 2005 el Óscar a la mejor película extranjera. El tiempo se agotaba para Sampedro en su batalla en los tribunales. Así que diseñó un plan. Y el 12 de enero de 1998 los teletipos anunciaron lo que se temía venir: el marinero gallego había fallecido. Un vídeo recogía sus últimos momentos: su agonía tras la ingestión de cianuro potásico. Por si quedaba alguna duda, de su puño y letra, en su testamento dejó de nuevo constancia de sus deseos: He decidido poner fin a todo esto de la forma que considero más digna, humana y racional escribió, porque vivir es un derecho, no una obligación A los jueces les envió un mensaje: El único responsable de mis actos soy yo, y solamente yo Siete años más tarde, cuando expiró el plazo para pedir responsabilidades penales por la muerte de Sampedro, Ramona Maneiro, su fiel amiga y una de sus cuidadoras, confesó en un programa de televisión que había ayudado al marinero gallego a dar su último aliento. Técnicamente, se trataba de un suicidio asistido. Ella quedó en libertad. En el décimo aniversario de Los otros casos que conmocionaron la opinión pública Ramón Sampedro no es la única historia conmovedora que ha sobrecogido a la sociedad española. El fallecimiento en 2006 del pentapléjico Jorge León en su casa de Valladolid está sembrada de dudas sobre otro posible suicidio asistido. Un juez archivó su caso por no existir motivos suficientes para atribuir su muerte a alguna persona. Jorge lo había intentado en otras tres ocasiones sin éxito y poco antes de su fallecimiento había pedido en internet una mano amiga para morir. Aunque aparentemente similar, el caso de la granadina Inmaculada Echevarría guarda profundas diferencias con los anteriores. Ella consiguió que la Junta de Andalucía avalase su desconexión del respirador que la mantenía con vida desde hacía diez años. Padecía atrofia muscular y murió, en marzo de 2007, a los 51 años, en el hospital San Juan de Dios tras ser asistida por un equipo médico. Confesión pública Inmaculada Echevarría ABC