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12 1 08 EN PORTADA Alta costura La Edad Media está de moda (Viene de la página anterior) Tampoco en el calzado había grandes diferencias entre el masculino y femenino, con hormas que tienden a rematar en punta totalmente diferentes. Los que usaron las reinas y nobles castellanas no tienen parangón en las modas europeas de la época. Era uso generalizado en toda la Europa del siglo XIII que, salvo las doncellas, todas las mujeres llevaran el cabello cubierto, lo que en España, en contacto con la cultura musulmana, hace inigualable el arte del tocado cristiano debido a su amplio repertorio de cintas, tocas, almaizares e implas- -distintas formas de colocación de tejidos sobre la cabeza y el cuello- Los capiellos eran tocados armados recubiertos de riquísimas telas, muchos incluso extravagantes, que se servían del barboquejo para atarse al cuello y cuyos modelos más suntuosos eran los que se aderezaban con finísimas tiras de cendal. Eran unas mujeres muy cultas- -nos ilustra Herrero Carretero- aunque hay que tener en cuenta que estamos hablando de los niveles sociales más altos del momento, y cuando la política matrimonial cumplía una labor diplomática de primer orden. En este panteón hay representación francesa, inglesa, portuguesa, española... Realmente era un momento de una gran expansión política, territorial y comercial, y las mujeres estaban a la altura de las circunstancias. Piezas fundamentales de la política exterior, se presentaban, además de como señoras de gran inteligencia, como damas coquetas que cuidaban los tocados con primor. Hemos conservado las agujas y las horquillas de plata con las que se sujetaban las muselinas, los velos de seda plisados que rodeaban el rostro y el cuello como un halo, todas ellas con unas terminaciones helicoidales y poligonales muy diferentes. Incluso tene- Moda infantil Y si la moda era unisex, tampoco presentaba grandes diferencias la de los niños con la de sus mayores. Valga el ejemplo de este pellote infantil con decoración romboidal en oro y blanco mos las flores del tocado, flores blancas de árboles frutales como el peral, que acompañaban a los tejidos y que se han conservado fosilizadas en los mismos ataúdes Estas piezas no se exponen por su delicada conservación. Claro que los tocados masculinos tampoco se quedaban atrás: el birrete del infante don Fernando de la Cerda- -la única tumba que no saquearon los franceses- -es un tesoro bordado en seda, aljófares, corales y vidrios, con guarnición metálica de oro y engastes de zafiros y granates. Es una maravilla verlo hoy relucir en Las Huelgas como si el tiempo no hubiera pasado, Pellote del Infante Fernando, hijo de Alfonso X. Brocado de seda e hilos entorchados ¡casi ocho siglos después! Prodigiosos son todos los tejidos. Y debilidad de las conservadoras son el forro del ataúd de Fernando de la Cerda, una tela como un espejo al estar tejida con láminas de oro, y que tiene franjas epigráficas de alabanzas a Alá y suras coránicas; el del sepulcro de María de Almenar, en seda roja, uno de los colorantes más caros y exclusivos que se extraía de un molusco, el purpex, con espectaculares motivos iconográficos importados de la tradición sasánida persa en los que un árbol de la vida, una palmera datilera, separa en unos tondos figuras de animales afrontados, que también se puede ver en la soberbia almohada de Berenguela; y el microscópico punto de cruz bordado sobre tafetán de la almohada de don Sancho, hijo de Alfonso XI, de una modernidad tan sorprendente- -señala María Jesús Herrero- -que bien podría pasar por una pieza actual en el más exclusivo de los escaparates Eso sí, sin precio: su valor, como el del resto de tejidos y vestidos que se muestran en Las Huelgas, es incalculable. Cinturón de Fernando de la Cerda. De origen extranjero, hay estudiosos para los que podría tratarse de un regalo del mismo Príncipe Eduardo de Inglaterra, armado caballero en Huelgas El punto de cruz con que se ha bordado el tafetán de la almohada de don Sancho, hijo de Alfonso XI, es un prodigio microscópico