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2- 3 S 6 LOS SÁBADOS DE El secreto del cendal Los tocados femeninos que pusieron el rasgo más original a la moda castellana del medievo fueron los que utilizaban largas bandas de tela finísima plisada, los cendales, creación absolutamente española. Se trataba de unas muselinas rizadas que se colocaban entorno al rostro y el cuello, como un halo. Los extremos eran más ricos y solían tener unas franjas decoradas con sedas polícromas y oro. Su plisado, según ha contado a S 6 Concha Herrero, conservadora de Patrimonio Nacional, está siendo estudiado por especialistas en indumentaria medieval de la Universidad de Dinamarca, en donde disponen únicamente de restos escultóricos. Estos estudiosos no se explican cómo lo lograban ya que es harto difícil que un plisado perdure, lavándolo y sin planchar. Se ha llegado a pensar que las telas se impregnaban de cola para luego prensarlas, y esa impregnación, que se ha perdido, es la que permitía mantenerlas en su estado. El cendal que se exhibe en el Museo de Telas de las Huelgas perteneció al tocado de Leonor de Inglaterra. Tiene 7 metros de longitud y 12 centímetros de ancho. En él se observan jaqueados con rojos y azules, combinados con las citadas sedas de colores y franjas en oro. En los bordes tiene una franja más plisada aun; un orillo los remata. Sin duda, una pieza excepcional, además de lujosa, pero que como el resto de la indumentaria desaparecía con el propietario o vencido por el uso. Su valor artístico era nulo: aún no existía la firma de autor como en la alta costura actual. Saya encordada de Leonor de Castilla, Reina de Aragón. Es un lampazo en fibras de seda e hilos entorchados de oro de manufactura andalusí adoptado como tal por las mujeres de la corte castellana. El pellote solía ir forrado de piel de conejo para protegerse del frío- -casi polar- -que asolaba, y aún lo sigue haciendo, Burgos. Al final, y sobre todas estas superposiciones, iba el manto, prenda de carácter real y ascendencia bizantina. Del calzado, aunque no se han conservado gran cantidad de piezas, se sabe de él por las mismas Cantigas, donde muchas damas aparecen calzándose, vistiéndose o incluso se puede ver a los ayudantes de las reinas poniéndoles los coturno o escarpines. De lo salva- Capiello de Fernando de la Cerda, con seda, hilos metálicos, aljófares, corales y vidrios, guarnición de oro y engaste de zafiros y granates guardado en Las Huelgas- -apunta Concha Herrero- tenemos calzados de cuerpo, cosidos y con suela de la tumba de Leonor de Plantagenet, esposa de Alfonso VIII el de Las Navas que fuera hermana de Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra, y fundadora del monasterio encomendado a las monjas del císter para servir de última morada real. Las grandes diferencias entre la vestimenta masculina y femenina residía en el largo de las prendas, ya que la primera sí permitía ver las piernas; en los colores- -para ellas, verdes y azules en el alto medievo, y, después, más rojos y anaranjados; para ellos, pardos y amarillos- -y en los tocados, que eran (Pasa a la página siguiente) Pellote de don Fernando de la Cerda, cuya tumba pasó inadvertida para los saqueadores franceses