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12 1 08 EN PORTADA Alta costura La Edad Media está de moda (Viene de la página anterior) Arriba, almohada de Fernando, hijo de Alfonso X, de punto de media seda. Abajo, la de doña Berenguela como en las masculinas lo que se pone de moda es ajustarlas mucho al cuerpo, a la cintura y a los laterales con unas aberturas que se cerraban enlazadas con cintas. Sin duda, a aquellas damas les gustaba presentarse en público con todo lujo y esplendor- -apunta María Jesús Herrero Sanz, compañera de Concha en las tareas de salvaguarda del excelso Patrimonio- realzando el busto, dejando ver las camisas de telas vaporosas que no enseñaban pero sí insinuaban, dejando entrever los brazos... No hay referencias claras de cómo eran sus cuerpos porque los ataúdes eran todos prácticamente del mismo tamaño, pero sí se ha constatado, tal y como lo estudiaron los que analizaron las tumbas, que las vestiduras femeninas contrastan en altura con las masculinas, posiblemente, añade María Jesús, porque las llevaran recogidas en los pies de tal manera que al andar produjeran unos movimientos muy sinuosos, o se recogieran por encima de las caderas con unos cinturones que no se han conservado que apostilla Concha, de manera que iban algo abullonadas o incluso las arrastraban. También ocurre que muchos tejidos han perdido su estructura interior y son más largos o anchos de lo que fueron en su origen. Pero sí podemos pensar que se trataba de mujeres estilizadas De todas formas, las miniaturas coetáneas reunidas por Alfonso X, El Sabio, para Las Cantigas de Nuestra Señora, cuyo Códice Rico se conserva en El Escorial, son todo un catálogo de cómo vestían y qué costumbres tenían los reyes y nobles que vivieron aquellos años oscuros, cada día que pasa con más y mejor foco, y cuya fuente monográfica también ha sido utilizada para documentar el museo de Telas Medievales de Las Huelgas, que el pasado jueves reinauguraba- -tras su ampliación- -el presidente de Patrimonio Nacional, Yago Pico de Coaña. Desde entonces, 51 piezas forman el mejor escaparate de la indumentaria civil del medievo, por su calidad y su cantidad. Una pasarela internacional de alta costura salida del filón de los 35 sepulcros del panteón real que se visita a pocos metros de la exposición. En la indumentaria femenina del medievo, como en la de los hombres y los niños, no se concebía nada independiente, de tal manera que se iban superponiendo unas prendas sobre otras. La ro- Cendal de doña Leonor de Inglaterra, esposa de Alfonso VIII, con el que fundó el Monasterio de Las Huelgas pa interior- -explica Herrero Carretero- -solía ser de hilo blanco, una especie de enaguas, y, por supuesto, las calzas o medias que también se ajustaban con cinturones de los que conservamos algún ejemplo Luego, las damas se vestían las camisas, algunas con las mangas abullonadas que también se llamaban camisas margomadas (bordadas) también blancas, confeccionadas en lino muy fino, y con el escote y las mangas bordadas con motivos de tradición morisca en sedas de colores y, en casos excepcionales, en hilos de oro y de plata. Luego iba la saya, ese traje largo que llegaba a ocultar los zapatos y hasta a arrastrar en forma de cola, que si se confeccionaba con telas ricas recibía el nombre de brial. Sólo para las clases pudientes- -y este es el caso de nuestros reales bienhechores involuntarios- -eran los encordados extraordinariamente ajustados y abrochados con cintas en uno de los costados, lo que permitía la exhibición de las vistosas camisas. Como los hombres, sobre la saya se ponían el pellote, en forma de T, que, a diferencia del masculino, se alargaba hasta los pies. Esta prenda- -observa la investigadora- -tiene una clara tradición árabe, y, realmente, eran ellos los que confeccionaban las sedas; las grandes manufacturas estaban en Al- Andalus, incluso localizamos la cría del gusano en Jaén y Murcia. Realmente fueron ellos los que implantaron el lujo en el vestir y su influencia es decisiva. Por ejemplo, el blanco, color del luto de la dinastía Omeya, es Las Cantigas, de Alfonso X, tratado de moda Las miniaturas del Códice Rico del Libro de las Cantigas de Santa María, de Alfonso X, El Sabio, son fuente monográfica fundamental para ver cómo se vestía en el medievo. Arriba, dos de sus modelos