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26 RELIGIÓN www. abc. es religión SÁBADO 12- -1- -2008 ABC Un siglo de ecumenismo El movimiento ecuménico cumple esta semana su primer centenario. Un siglo marcado por avances significativos, aunque todavía queda mucho por hacer para alcanzar la tan ansiada unidad POR JESÚS BASTANTE MADRID. Corría el año 1908 cuando el reverendo Paul Wattson, cofundador de la Sociedad de la Expiación de Graymor (Nueva York) comenzó a celebrar, junto a otros líderes de distintas confesiones cristianas, un Octavario de oración por la unidad de la Iglesia. Una iniciativa que, desde entonces, se viene celebrando de modo ininterrumpido. Cien años después, el movimiento ecuménico continúa avanzando, no sin dificultades, hacia la tan ansiada unidad. Un proceso que continuó en 1910, con la celebración de la Asamblea de Edimburgo y que condujo a la creación, en 1948, del Consejo Ecuménico de las Iglesias. Y que, según el mensaje lanzado por la Conferencia Episcopal para la jornada de este año- -que se desarollará a lo largo de la próxima semana- ha cubierto etapas felizmente superadas y ha vencido obstáculos que parecían insalvables En el camino hacia la unidad surge con fuerza el impulso aportado por el Concilio Vaticano II, que en 1964 aprobó el Decreto sobre el ecumenismo donde se subraya que la oración es el alma del movimiento ecuménico y se invita a orar juntos por la vuelta a la unidad. Ese mismo año se produjo el histórico encuentro entre Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I en Jerusalén, donde ambos rezaron juntos la oración de Cristo que todos sean uno Y es que la oración es, junto al diálogo teológico y el ecumenismo pastoral, una de las tres bases sobre las que se asienta el movimiento ecuménico. Pese a algunas polémicas, sobre todo a raíz de la publicación, en el año 2000, de la declaración Dominus Iesus en la que se afirmaba que fuera de la comunión en la Iglesia católica no hay salvación lo cierto es que en los últimos años se han cubierto varias etapas fundamentales para poder visibilizar la unidad entre las distintas confesiones cristianas. Así, en octubre pasado, la Comisión Mixta de Iglesia Católica y de la Iglesia Ortodoxa aprobó un documento en el cual católicos y ortodoxos llegaban a un principio de acuerdo sobre el primado del Papa, el primero entre los obispos que, tal y como afirma la Conferencia Episcopal en su mensaje, necesitará todavía mucha reflexión antes de que se pueda hablar de acuerdo pleno en un tema tan determinante para la recomposición de la unidad visible de la Iglesia En 2017 se cumplen quinientos años de la publicación de las famosas 95 tesis de Martín Lutero, que supusieron el comienzo del Cisma protestante, la segunda gran ruptura en la Cristiandad después de la producida en 1054 y que significó la creación de las Iglesias Ortodoxas. En el caso ortodoxo, la causa final de la ruptura no fue otra que la discusión acerca del primado de la sede de Pedro, debate que ahora parece, cuando menos, encauzado. Estas dos fechas- -2017 y 2054- -están marcadas en rojo en el calendario ecuménico. Y es que la unidad es uno de los 500 años del cisma de Lutero Un peregrino ora por la unidad de los cristianos en una iglesia brasileña grandes objetivos del Pontificado de Benedicto XVI, quien ya ha viajado a Estambul para compartir oración con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla y ansía emular a Pablo VI y visitar Jerusalén. El otro gran éxito en el campo ecuménico de los últimos tiempos se vivió el pasado mes de septiembre con la celebración de la III Asamblea Ecuménica Europea de las Iglesias en Sibiu (Rumanía) que relanzó la necesidad de proseguir el diálogo teológico sin cansancio y orientarlo hacia la defensa de la vida, uno de los Los obispos apuestan por proseguir el diálogo teológico sin cansancio orientado a la defensa de la vida Rezar juntos LA MISIÓN Jesús Higueras VOLVER A LA UNIDAD e cumplen cien años del comienzo del octavario de oración por la unidad de los cristianos. Esta iniciativa cada vez ha ido tomando más fuerza y podemos decir con gozo que los avances en la unidad de los cristianos, aunque aparentemente no muy visibles, sí han sido muy importantes, pues si S bien en lo doctrinal son breves o tal vez escasos los apuntes que nos hacen ver que llegaremos un día a una misma fe, en la dimensión pastoral y sobre todo en la espiritual, ha sido mucho el camino recorrido y muy positivo. En primer lugar en la oración, puesto que no es poco que nos juntemos cristianos de diferentes confesiones a dirigirnos al mismo Padre, y sobre todo, a dirigirnos por Jesucristo, su Hijo, el único salvador del mundo. Desde que nos unimos para rezar, todos somos conscientes que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa y que el trabajo por la unidad de todos los cristianos, si se hace desde la oración, nunca es infecundo. Pero sobre todo es en el campo de la caridad donde la unidad de los cristianos avanza cada vez con mayor claridad. Todos estamos llamados a testimoniar el amor de Cristo, especialmente para con aquellos que son golpeados por las diferentes desgracias, horrores y penas que el ser humano en su pobreza puede percibir. El testimonio del amor que tantas tareas en común llevamos a cabo los cristianos en diferentes partes del mundo, es el signo convincente de que caminamos hacia una meta común que es el Cielo, y que podemos hacerlo en unidad de corazón y de entrega a los demás. Pronto llegarán los días en que todos podamos compartir una misma disciplina de sacramentos, un mismo Credo y una misma fe que nace de la revela- ción que el Padre hace por medio de Jesucristo. Si es verdad que el pecado separó a los hombres que creemos en Cristo, no es menos cierto que la caridad, que es aquella que borra los pecados, conseguirá que volvamos a la unidad. Por tanto, todos debemos sentirnos responsables de construir esa unidad en nuestro corazón, después en nuestras comunidades parroquiales o eclesiales, en nuestras diócesis y en toda la Iglesia católica universal para que, siendo testimonio de unidad interna, provoquemos entre todos, con nuestra caridad, nuestra oración y nuestra fe, esa unidad tan deseada por Cristo, por la cuál oró en la Última Cena para que el mundo crea que Él es el enviado del Padre.