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96 GENTE www. abc. es gente VIERNES 11- -1- -2008 ABC Pete Doherty: cita frustrada con el sensacionalismo extramusical El ídolo británico protagonizó anoche un correcto y decepcionante concierto JESÚS LILLO MADRID. Cuando, hace ahora algo más de cinco años, los Libertines se presentaron en Madrid, desde estas mismas páginas saludamos con escepticismo- son los favoritos del público, pero no sabemos hasta cuándo y con qué nuevos motivos -la débil oferta del grupo liderado por Pete Doherty y su entonces compañero, luego víctima, Carl Barat. Por supuesto, no tardó Doherty en dar nuevos motivos, extramusicales, mediáticos, para garantizar su supervivencia en el mercado británico, consagrándose como anacrónico antihéroe revistero de las secciones negra y rosa de la prensa especializada. Apagado el fugaz fogonazo de What A Waster Up The Bracket y, a modo de traca final, Can t Stand Me Now a Pete Doherty se le conoce exclusivamente por su relación con Kate Moss, su publicitada toxicomanía y, por derivación, sus entretenidas actividades delincuentes. Aseguran que desde hace cuatro años tiene un nuevo grupo, los Babyshambles. Dependiendo de la sensibilidad de cada cuál, y a diferencia de antiguas expresiones de devoción, limítrofes con el martirio de zona VIP, el yonqui contemporáneo y anónimo no pasa de dar pena o asco, pero, para el cantante británico, quizá también para los medios que jalean sus andanzas, su enfermedad le da un aire barriobajero que vuelve locas a las mujeres Eso acaba de decir, quizá con razón: entre otros complementos, anoche le arrojaron un sujetador negro y con relleno, cosas de la edad. El adanismo de Pete Doherty le ha llevado a rehabilitar, valga la expresión, algo forzada, un modelo de rockero- -descatalogado y a estas alturas perverso: véase la última y certera campaña de la FAD- -que explota un malditismo postromántico que en su caso, y eso es lo peor de todo, no tiene sustento artístico. Quienes anoche acudieron a La Riviera, quizá con la intención de ver al personaje, se encontraron, a pelo, con el músico. Para cumplir el viejo axioma televisivo de dime en qué programa sales y te diré quién eres, o en qué te quieren convertir, había en la puerta de La Riviera un equipo de Ana Rosa, de los Quintana bien de Telecinco. Grababan a la multitud que llenó la sala, adolescentes de la ESO, de los que pasan de curso con cuatro suspensos y a los que se dirige la FAD con sus mensajes, en buen parte tocados con sombreros pork pie, como el que su ídolo ha convertido en seña de identidad. Era la de una anoche una cita con el sensacionalismo, pero Doherty, medio drogado, se limitó a lo que peor sabe hacer: cantar y tocar la guitarra. Decepción. Le molestaba la luz de los focos al músico inglés, quizá por un exceso de dilatación en las pupilas, y se refugiaba cuando podía en la penumbra de la batería. Incapaz de establecer un comunicación estable con el público, precalentado de más y de sobra tolerante, Doherty ejecutó un monólogo de casi hora y media consigo mismo. Sus recurrentes guiños a los Kinks o los Jam revelaron la vulgaridad creativa de una banda cuyos chispazos ye- yés no pasan de ser distraídos. Bastante peores que los Libertines, con las pilas más gastadas, los Babyshambles de Pete Doherty resultan tan apasionantes, cuando no se estropean, como una consulta en el teletexto de cualquier cadena. Anoche, en Madrid, el autor de Fuck Forever demostró, medio drogado, casi nada, el frágil soporte artístico que sostiene su obra maestra. Llenaban la sala adolescentes de la ESO, de los que pasan de curso con cuatro suspensos Pete Doherty, anoche, durante su concierto en Madrid EFE