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ABC VIERNES 11 s 1 s 2008 DEPORTES 93 Las triquiñuelas de Caparrós El entrenador del Athletic intentó estrechar el campo en el partido de Copa frente al Español, pero ante la denuncia del técnico rival desistió. Esta práctica es ilegal y le pudo costar la eliminatoria. JULIÁN ÁVILA ENRIQUE YUNTA M A DR I D BA RCELONA. Cuando Joaquín Caparrós fichó por el Athletic sabía que se metía en una selva de trampas. Llegó a Lezama con el cursillo superior de supervivencia en el bolsillo y avalado por un máster de resultados en el Sevilla. Han pasado seis meses desde que aterrizó en el norte y ya se ha visto obligado a utilizar el kit de primeros auxilios. Jokin como es conocido en Bilbao, es un hombre ciclotímico, que vive su profesión al borde del fanatismo. Es supersticioso y se podría escribir un libro de las anécdotas que salpican su carrera. No quiere ver al amarillo. En una concentración ordenó cambiar todos los edredones y desechó la camiseta del segundo portero por idéntico motivo. En su etapa en el Recreativo tocaba una bola de cristal antes porque un día le trajo buena suerte... Es pillo. Todo tiene validez si sirve para ganar. En el Sánchez Pizjuán aleccionaba a los recogepelotas antes de los partidos. Con empate o derrota los balones se servían a la velocidad del rayo. Con el triunfo, estampida generalizada detrás de las vallas y ralentización a la hora de devolver el balón. Las técnicas de motivación en el vestuario son múltiples. En su mayoría de corte bilardista. Desde colgar recortes de prensa con palabras del rival para incitar a los suyos, hasta obligar a sus jugadores en los entrenamientos a que teatralizasen las faltas para buscar la cartulina. Hay que rodar y rodar como si te hubiesen matado decía a voz en grito. Es el otro fútbol de Caparrós. El miércoles dio un paso más. Ordenó que estrechasen el terreno de juego. Y eso no se puede hacer. Lo dice el Reglamento General, en el apartado de obligaciones de los clubes, artículo 94, punto 3 sección b: Mantener invariables, a lo largo de la temporada, las medidas de su terreno de juego establecidas dentro de los paráme- Teixeira Vitienes ordenó pintar las líneas originales, pero no reflejó la incidencia en el acta Este mismo árbitro fue el que retraso 45 minutos el inicio de un Sevilla- Betis (Caparrós era el técnico local) porque no admitió la elástica clásica verdiblanca Los jugadores se confundieron con la doble señalización del campo tros que determina la Regla 1 de las de juego aprobadas por la International Football Association Board Joaquín Caparrós lo ignoraba y casi le cuesta la eliminatoria, aunque no haya sanción estipulada para este supuesto. La advertencia del Español, cuyo delegado se percató de la artimaña cuando llevó el material a San Mamés a las diez de la mañana, lo impidió. El Español mantuvo que no tenían intención de recurrir ni de impugnar el resultado, pero sí informó pertinentemente ya que estaban sobre la pista y sabían que era ilegal. Lo que nos molestaba es que nos tomasen por tontos. Y luego está la chapuza que realizaron con las dos líneas sostiene el delegado. Era surrealista y profesionales como los del Athletic, que juegan bien a fútbol, no necesitan cosas de estas añade el delantero Luis García. El caso es que, minutos antes del encuentro, el colegiado Fernando Teixeira Vitienes obligó a los empleados a volver a pintar las líneas originales, montando un desconcierto total con el balón en juego, como se pudo observar durante el encuentro. Curiosamente el árbitro no reflejó nada en el apartado cuatro del acta oficial, cuando existía una protesta formal de la delegación catalana. Curiosamente, este árbitro es el mismo que en la temporada 04- 05, con motivo del derbi sevillano, obligó al Betis a jugar sin su tradicional elástica verdiblanca y retrasó el duelo cuarenta y cinco minutos en medio del caos más absoluto. Trabajo de corte bilardista No pasaban por tontos Un operario del Athletic pintó las líneas pero se apreciaban las antiguas a la izquierda EFE Del manguerazo de Clemente a El Sadar versión futbolín MADRID. El fin justifica los medios y en el fútbol sólo vale ganar. Es el viejo lema de los entrenadores. Da igual cómo, aunque para ello recurras a los trucos más ruines. A lo largo de la historia se han vivido numerosos ejemplos como el del pasado miércoles en San Mamés. En la memoria de todos está la versión reducida del ya de por sí pequeño terreno de juego de El Sadar, en el que Javier Aguirre, cuando entrenaba al Osasuna, le restó unos metros a la anchura del campo para retener al Real Madrid de las estrellas. Le salió bien la jugada y los blancos acabaron ahogados y se fueron de vacío. Otro que recurría a esta táctica era Luis Fernández, que hizo trabajar a los empleados de San Mamés cuando entrenaba al Athletic y a los del Lopera cuando se sentaba en el banquillo del Betis. Javier Clemente es uno de los pioneros en el fútbol español. El entonces técnico del Español ordenó que le quitaran un metro y medio de anchura por cada lateral (tres metros, en total) al terreno de juego de Sarriá para dificultar el juego ofensivo del Inter, que debía actuar ataque si deseaba pasar la eliminatoria de los octavos de final de la Copa de la UEFA, ya que los blanquiazules habían empatado, 1- 1, en el estadio Giusseppe Meazza, de Milán. No contento con la lluvia caída durante el día, Clemente también pidió que regaran el césped. El Español acabó venciendo. Incluso Bobby Robson cuando entrenaba al Barcelona consideró que el gran tamaño del Camp Nou no beneficiaba a Simao, Zenden, Amunike y compañía. Tiró de escuadra y cartabón ante la incredulidad del público.