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ABC VIERNES 11 s 1 s 2008 VIERNES deESTRENO 85 Mario Camus regresa tras cinco años de ausencia con El prado de las estrellas El cineasta, que dice que los de su generación ya son supervivientes opta a dos premios Goya JOSÉ EDUARDO ARENAS MADRID. Los próximos premios Goya tienen en la pequeña gran producción El prado de las estrellas una firme candidata si se desea premiar el arte de la buena narración, aquella que llega a todo tipo de espectadores sin menoscabar el prestigio de quien la firma, sino todo lo contrario. Esta nueva película de Mario Camus, director y guionista, contemporáneo de Saura, Borau, Martín Patino o Picazo, con una carrera en la que los filmes realizados a mayor gloria de Raphael o Sara Montiel se entrelazan con obras de autores como Delibes Los santos inocentes nos devuelve al cineasta, que se ha rodeado para la ocasión de un plantel de estupendos actores: Álvaro de Luna, Óscar Abad, que debuta en el cine; José Manuel Cervino, Mari González, Antonio de la Torre o Jacabo Dicenta, entre otros. El grupo al completo se desplazó a la Cantabria natal de Mario Camus para dar vida y cuerpo a una historia que se enmarca en el tipo de trabajos que me gusta hacer- -afirma el director- Si tengo la oportunidad de lograr que los productores se muestren de acuerdo en contar lo que he escrito, mezclando ciclismo con la tierra que piso y el territorio en el que vivo, es señal de que estamos en el mismo ajo precisa el responsable de la versión cinematográfica de La colmena Hablar sobre su retorno con esta moderna crónica rural le sirve al cineasta para contar a ABC la importancia que da a los actores, porque si son buenos, como es el caso, yo me linito a estar ahí expectante para decirles lo bien que lo han hecho o si se puede corregir algo, nimiedades. Procuro rodearles de cierta confortabilidad para que hagan su trabajo con libertad. El prado de las estrellas reivindica la generosidad, la amistad y la entrega entre los seres humanos, y así lo reflejan unos personajes que confluyen hasta engarzarse Álvaro de Luna amplía la opinión del director, asegurando que Mario no pide las pruebas de su interpretación, sino lo que quiere ver en ella; no desea un abanico de posibilidades sobre las tomas, pide una y precisa. No espera a que surja algo novedoso para utilizarlo Añade Camus que nunca ha Mario Camus (a la derecha) durante el rodaje de El prado de las estrellas ABC Moderna crónica rural estado sin hacer cine tanto tiempo en sus cuarenta y cinco años de actividad: Es cuestión de edad. Uno ya no lucha demasiado. Al fin y al cabo, nosotros, los de mi generación, ya somos supervivientes. Con el paso de los años se van espaciando las cosas. No crea que estamos tan solicitados. A pesar de que siento el calor de una determinada generación de espectadores, tampoco son tan numerosos. No puedes estar añorando los años ochenta, cuando la gente que iba a los cines era de mi generación y estupenda con mis películas. Aquellos espectadores hoy tienen DVD. Son cosas de la vida y yo ahí no decido nada Su aparente pesimismo se queda en figurado al ver la luz interior de la cinta, la agilidad y el vigor en la dirección que nos devuelve al mejor Camus, quizá por haber tenido la oportunidad de haber sido libre al rodar. Cuando tengo las manos libres, siempre tiro por ese lado cinematográfico más intimista. De cualquier manera, no pasa nada, cada vez trabajo menos y, como decía Baroja, aunque pudiera protestar, no protestaría El prado de las estrellas España 2005 87 minutos Género- -Drama Director- -Mario Camus Actores- -Álvaro de Luna, Óscar Abad, Marián Aguilera, Rodolfo Sancho, Mary González Cuando el cine se conforma con el corazón del espectador E. RODRÍGUEZ MARCHANTE La humildad es una gran virtud, y por algún motivo ha querido el director Mario Camus envolverse de ella para hacer esta película, El prado de las estrellas la más humilde y mejor de cuantas ha hecho desde hace muchos años. Con la humildad puede pasar aquello que decía Oscar Wilde de que ser natural es la más difícil de las poses, pero, lo sea o no el propio Camus, lo que no es una pose es la naturalidad y la modestia con que su película aborda algunos asuntos tremendamente importantes, tal vez los más importantes que se le plantean al individuo en toda su vida: cómo ser ahora y luego con uno mismo, con los suyos (que no son suyos) y con su entorno... El paisaje es íntimo, aunque lo adornen grandes panorámicas de valles, montañas y playas tan hermosas como las de Oyambre y Jerra, o vistas de la Bahía de Santander o del puente de San Vicente de la Barquera... Paisaje íntimo, o sea, el sin salir de casa de Mario Camus. Y las ilusiones y los personajes son cercanos, contiguos a alguna zona limítrofe de nosotros mismos que tal vez esté extinguida o en vías de extinción: Un hombre en el soportal de la vejez que mantiene vivo su agradecimiento y amor a una anciana que lo cuidó de niño, al morirse su madre... Un joven que mueve sus sueños a golpe de pedal... Una chica que necesita mucho más espacio que el que le proporciona la vasta Cantabria... No puede ser casualidad que Camus elija un deporte tan humilde, tan natural y tan presionado y maltratado como el ciclismo para hablarnos del ser humano y de la indefinición de sus logros; ni puede serlo tampoco que se elija un fondo social tan sitiado por la globalización, la economía y la gasolina del mundo como el de los campesinos y ganaderos, cuya vida y obra depende (como la de todos) de algo a lo que llaman Ibex y a lo que no se le pone ni cara ni cuerpo. Ciclismo Más información sobre la película: http: www. mangafilms. es Ni la película ni Mario Camus se dan la importancia que tienen, y eligen (para mostrarse) los métodos más modestos: lo esquemático de algunos de sus personajes, situaciones y planteamientos no hacen sino subrayar la mejor de sus intenciones, y su renuncia (la de Camus y la película) a ser o a aparentar más de lo que tiene en su interior es una bendición para los tiempos que corren, tanto en cine como en bici, donde la nadería se llena pomposamente de forma y de apariencia. No hay, pues, modernidad en el planteamiento cinematográfico de Camus: es una película antigua, muy antigua, descatalogada, pero con tanto futuro como la metáfora que la empapa y nos empapa. Y si el cine es una cuestión de actores, el cara a cara entre Álvaro de Luna y José Manuel Cervino (o con la veteranísima Mari González) o los de Antonio de la Torre y Marian Aguilera, tienen la fuerza, la verdad y el encanto del cine sencillo y húmedo que tanto se echa a faltar últimamente, ése en el que los buenos te gustan y a los malos se les desprecia. Llevaban razón los clásicos en su idea sobre lo humilde: Empequeñeciéndose, Camus se ha hecho grande.