Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 11 s 1 s 2008 Tribuna Abierta ESPAÑA 29 Ángeles de Irisarri Escritora En esta España nuestra vivimos en la desmesura. Algunos medios de comunicación y alguna gente con ellos, por unos minutos de gloria negra, han olvidado o no se han planteado nunca que el hombre es un compuesto magnífico, y menos aún han tenido en cuenta el antiquísimo enunciado del primer sofista ARA ser individuo es necesario tener vida animal o vegetal y pertenecer a una especie. El ser vive y proviene de otro ser de su misma especie. La manifestación de un ser se llama cuerpo; con ese cuerpo más o menos complicado y a veces hasta variopinto, el ser se mueve de mil maneras o mueve alguna parte de él siempre en busca de alguna utilidad. Por el hecho de pertenecer a un individuo, ese cuerpo es único, intransferible e indivisible. En consecuencia, se puede afirmar que debajo de un ser viviente se esconde un individuo. Los animales meramente animales del reino animal, es decir, los seres inferiores, son individuos, pero no lo saben. Proceden de otro u otros anteriores, llegan al mundo y actúan como les señala su instinto. El caso es que nunca tienen sus necesidades vitales cubiertas porque vienen con hambre voraz y comen hasta el hartazgo, para cuando no haya qué comer. Se reproducen los que pueden y cuidan con dedicación de su progenie; los que lo hacen, pues también entre ellos hay malos padres. Se van cuando les llega la hora y los que se quedan se conforman, sin derramar lágrimas. os seres superiores del reino animal son los animales racionales, es decir, los hombres, que son un compuesto excelente de cuerpo y alma o espíritu. Los hombres se dividen en hombres y mujeres, y ambos géneros componen la especie humana. Fisonómicamente hombre y mujer son muy semejantes, a no ser porque las mujeres tienen unos bultos en el pecho y los hombres un apéndice entre las piernas, hecho que ocasiona sustanciales diferencias en el aparato reproductor, pero ambos géneros disfrutan de cabeza, tronco y extremidades, de las que se sirven en su vida cotidiana. El ser humano procede de hombre y mujer desde hace millones de años, o más exactamente desde que el primer hombre y la primera mujer aparecieron sobre la superficie del planeta Tierra, según unos por obra de Dios, según otros, como culminación de la teoría de la evolución de las especies, según otros, por una conjunción de ambas tesis. El hombre es el único ser que tiene la inmensa suerte o la inmensa desgracia de saber que existe, de que es uno, intransferible e indivisible; un individuo, por tanto. Sabe que ocupa un lugar en el universo y, además, ha dado nombre, a más de a todos los animales, plantas y cosas que le rodean, a una sus- DESMESURA P bien, como se viene demostrando en las sociedades civilizadas, pues que sujeta la inconsciencia y atempera el instinto, ese impulso animal que lleva el hombre calado muy hondo y que suelta cuando deja de lado las muchas o pocas razones que le da su propia razón, para actuar de una manera u otra, en virtud de que las más de las veces evita perjudicar al vecino. Lo que la mayoría social acepta como bueno en la época de que se trate, que no es siempre lo mismo, pues las mentalidades cambian, y lo que se considera natural en una etapa, se convierte en antinatural o contra natura incluso en otra etapa posterior. ace dos mil años largos, sucedió que Platón, cuyos Diálogos han llegado hasta nosotros, dedicó uno de ellos a Protágoras de Abdera, personaje que también calificó de primer sofista, oficio muy acreditado en aquellos tiempos, y puso en su boca la siguiente frase: El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son que vino a aseverar que el hombre, ese compuesto magnífico de cuerpo y alma, es árbitro del mundo. Quiere decir lo de Protágoras, o me lo parece a mí, que el hombre en su conjunto, es decir, hombres y mujeres, de cualquier condición, raza, religión o edad, deben ser los que midan, calibren y sopesen lo que hay y lo sucede a nivel universal, nacional o particular. Que arbitren la vida en fin, para dar a las cosas la importancia que tienen, tanto en lo que es, lo que hay, lo que sucede y cómo se enfrentan los sucesos, como en cuanto a lo que no es, a lo que se imagina o se inventa, que es peor. Porque sin medida, se llega a la desmesura. En esta España nuestra vivimos en la desmesura. Algunos medios de comunicación y alguna gente con ellos, por unos minutos de gloria negra, han olvidado o no se han planteado nunca que el hombre es un compuesto magnífico, y menos aún han tenido en cuenta el antiquísimo enunciado del primer sofista. Así las cosas, están sacando de quicio determinadas noticias y hasta fabricando otras impunemente, que es lo malo. En un afán irreprimible de hacer dinero, se permiten atentar contra el honor de las personas y contra la dignidad intrínseca del ser en cuanto a ser. Además, son conscientes de su perversión y están dispuestos a pagar la multa que les imponga una justicia lenta por antonomasia, para continuar con lo suyo, que es deshacer en vez de hacer. Digo que se podría terminar con esta basura con autocrítica, pero si no es posible, mediante leyes contra lo que es y lo que no es, y se inventa o se propicia. H L tancia blanda que posee entre los huesos del cráneo, llamada cerebro, merced al cual y unido a lo que percibe por los sentidos, es capaz de pensar, razonar, acumular conocimientos y amontonar experiencias propias y ajenas. Por esto y por mucho más, en general, el hombre es un ser magnífico y el más perfecto de todos los existentes. En estos tiempos, en determinados países, el hombre y la mujer son sujetos de deberes y derechos incluso antes de nacer, pues la figura del nasciturus tiene sus derechos tutelados. Cierto que, antes de nacer y una vez nacido, durante bastante tiempo, no tendrá deberes, pues durante ese periodo no podrá valerse por sí mismo y habrá de ser ayudado y encaminado por sus padres o por su familia o gentes de su entorno, y tendrá que aprenderlo todo. Cierto también que unos individuos aprenderán mucho, otros poco y otros casi nada. Cuando viene al mundo un ser humano, ya sea hombre o mujer, es igual a los demás miembros de su especie, pero, conforme crece, se vuelve desigual, por lo que traiga en sus genes de sus padres y antepasa- dos, por el lugar dónde nazca, por la coyuntura económica de su familia o de su país, y hasta porque llueva abundante o no llueva, pues el agua, a más de ser necesaria para la vida, es señal de prosperidad, tanto o más que la capacidad de intercambio de materias primas y productos de primera necesidad o absolutamente accesorios, eso que se ha dado en llamar comercio. l nacido será mejor o peor admitido en su familia, pero, si no es querido por sus padres o por sus compañeros de colegio, cuando inicie su educación, estará marcado de por vida. Para que reciba cariño, sus progenitores, a más de darle afecto sin límite, deberán ser personas generosas y mejor si son ordenadas y saben distinguir entre lo bueno y lo malo para su descendiente. Considerando que lo bueno en Occidente, es lo que viene siendo bueno desde la Prehistoria, lo que contempla el derecho natural, esa normativa o valoración en principio no escrita que, con el paso del tiempo, se ha convertido en ley o precepto creando un marco de convivencia que ha funcionado E