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ABC JUEVES 10- -1- -2008 77 A la izquierda, Adolfo Marsillach en Tartufo uno de sus más emblemáticos montajes. A la derecha, Fernando Fernán- Gómez todos los actores, lleva a los espectadores de una historia a otra, introduciéndonos con una ironía que roza la mala baba en esos momentos difíciles a los que nos hemos de enfrentar en esta vida que no siempre es un valle de risas Laura Domínguez, Sergio Torrico, Carlos Heredia y Gracia Olayo componen el reparto de esta función, que se estrenará el próximo jueves 17 de enero. El teatro Fernán- Gómez, por su parte, inaugurará su nueva etapa el día 16 de enero con un espectáculo titulado Zanahorias Se trata de un montaje de la compañía Equilicua que se estrenó en la Sala Triángulo en 2001 y que obtuvo después un insólito triunfo en Nueva York, en cuyo teatro Duke se estrenó en noviembre de 2006. Antonio Zancada es el autor de Zanahorias y José Bornás su director. dalajara) Francisco Rabal (Pinto) José María Rodero (Torrejón de Ardoz) y una más a Marsillach en San Sebastián de los Reyes. Las de Fernán- Gómez y Marsillach fueron dos personalidades distintas y, en cierto punto, paralelas. Ambos hicieron sus primeras armas en el teatro comercial y pronto se asomaron al cine- -con mayor fortuna Fernando- -antes de embarcarse en proyectos más personales y de desembocar también en televisión, los dos con series memorables como Juan soldado y El pícaro el primero, y La señora García se confiesa el segundo. Ambos fueron actores y directores teatrales, ambos escribieron para el teatro y el cine, y dirigieron películas (sólo una Adolfo, Flor de santidad y trabajos para la pequeña pantalla. Y también ambos fueron colaboradores de ABC, en cuyas páginas publicaron artículos que siguen manteniendo su frescura, su agudeza y su profundidad. En el caso de Fernando Fernán- Gómez puede hablarse de predestinación familiar, pues era hijo de la actriz Carola Fernán- Gómez y, como reveló Rosana Torres cuando murió el actor y escritor, nieto de María Guerrero, eximia actriz, pero da la impresión de que como persona fue terrible por la tiránica prohibición de relacionarse con actrices a la que sometió a sus hijos, Fernando y Carlos, que también hicieron sus pinitos como actores, y de ahí que el primero no se atreviera a casarse con Carola. Hay una suerte de justicia poética en el hecho de que el Centro Cultural de la Villa- -donde vivió durante meses, con la sala a rebosar, el más sonado de sus éxitos como dramaturgo con Las bicicletas son para el verano -lleve ahora el nombre de Teatro Fernán Gó- ABC Juan Ignacio García Garzón NOMBRES PROPIOS ermosa noticia la de que sendos teatros de Madrid reciban los nombres de dos de las grandes figuras de nuestra escena contemporánea, dos hombres de teatro, Adolfo Marsillach (1928- 2002) y Fernando Fernán- Gómez (1921- 2007) de los que sentimos más próximos y más nuestros. Hermosa costumbre también, pues en la capital existen salas que evocan a Calderón, Lope de Vega, María Guerrero, Valle- Inclán, Francisco Nieva, Marquina y Muñoz Seca; y en las proximidades, así, a bote pronto, otras colocadas bajo la advocación de Antonio Buero Vallejo (Gua- H Más información sobre los dos teatros: http: esmadrid. com ccvilla y http: www. gruposmedia. com figar o figaro. html Las de Fernán- Gómez y Marsillach fueron dos personalidades distintas y, en cierto punto, paralelas mez. Y curioso que apenas baste con cruzar el paseo de Recoletos y subir unos metros por la calle de Bárbara de Braganza para llegar al teatro que lleva el nombre de doña María Guerrero, la tremebunda abuela de nuestro gran hombre. Marsillach era hijo y nieto de periodistas y críticos teatrales, por lo que, desde el punto de visto familiar, saltó del patio de butacas al escenario cuando decidió ser actor. Hombre de gran cultura y fina ironía al que se deben montajes memorables como el de Tartufo de Molière o el Marat- Sade de Peter Weiss, su contribución fue decisiva en el origen de dos de las grandes instituciones teatrales nacidas en la democracia: en 1978 fundó el Centro Dramático Nacional y en 1985 creó la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Así que hay que aplaudir el tesón de su hija Blanca, actriz y empresaria empeñosa y de tozuda vocación, que ha conseguido que el antiguo teatro Fígaro se llame desde ahora Fígaro- Adolfo Marsillach. Ovación cerrada para ambas iniciativas.