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30 INTERNACIONAL Elecciones en Estados Unidos s Las primarias JUEVES 10 s 1 s 2008 ABC Alfonso Rojo El hombre que tuteó a Bush McCain ha aprendido de sus errores y para muchos personifica una honradez inimitable. Quien ya estuvo a punto de auparse en 2004 sería el presidente de más edad de EE. UU. ¿GOBERNARÁ MICKEY MOUSE? a diferencia es abismal. No es que la política española carezca de pasión o incertidumbre. En las semanas que restan hasta el 9- M vamos a vivir con el alma en vilo y a contemplar feroces rifirrafes. Pero aquí todo está tasado, hasta los debates televisivos, en los que pactan no interpelarse. A diferencia de lo que ocurre en EE. UU. la pugna política se desarrolla bajo el caparazón agobiante de los partidos. No hay sorpresas, giros súbitos o rebeliones ciudadanas. Fenómenos como el Obama o peripecias como la de McCain, que dice siempre lo que piensa, son impensables. Aquí, sin el patronazgo del sanedrín o contra la voluntad del secretario de organización, no se hace carrera. Hay que agradar para entrar en las listas y la nefasta consecuencia es un sistema basado en la genuflexión, las votaciones a la búlgara, el oficialismo y el sí señor En España, donde hace furor la tesis de que EE. UU. es un país que podría ser gobernado por Mickey Mouse, la gente no va a cambiar de idea. Hay mucho paleto, pero políticos y periodistas deberíamos aprovechar el espectáculo que nos brindan las primarias norteamericanas, para sacar consecuencias. ¿No habría que cambiar de una vez por todas nuestra ley electoral? Dicho esto, vamos de nuevo a la batalla por la Casa Blanca, cuyo resultado es todavía más incierto que antes de New Hampshire. Hillary, gracias al voto femenino y al de los militantes demócratas, sigue viva, pero hasta el Supermartes del 5 de febrero, cuando se pronuncian los electores de un montón de estados, no sabremos si puede con Obama. En los medios de comunicación españoles domina la idea de que el próximo presidente será quien se imponga entre ellos dos. Discrepo. La sociedad norteamericana está en estos momentos mucho más inclinada a las posiciones demócratas que a las republicanas, pero en una elección presidencial prima mucho más la personalidad del candidato que su filiación partidaria. Y personalidad, con sus 70 años, su coherencia, su altivez frente a Bush, su respaldo a los inmigrantes y todas sus heridas de guerra, la de John McCain. L POR ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. La victoria de John McCain en New Hampshire ha sido una sorpresa para unos y un lío para otros. Y en cambio McCain ya estuvo a punto de arrebatarle a George W. Bush la nominación republicana del año 2000. ¿Quién sabe cómo habría podido cambiar eso la historia reciente de los Estados Unidos? ¿Habría hecho o no habría hecho McCain la guerra de Irak? Si por un lado está vinculado al Ejército por una especie de votos sagrados, por otro lado sus más de cinco años como prisionero de guerra en Vietnam le han hecho muy sensible al valor de cada vida humana. McCain se ha opuesto con energía a los métodos de la base de Guantánamo. También se enfrentó desde el Senado a los primeros recortes fiscales de Bush- -aunque en 2005 aprobó su extensión- -y a su dura política inmigratoria. Aunque esto último tam- John McCain con su esposa, Cindy, durante un acto de la campaña en Nashua, New Hampshire bién lo ha matizado mucho, en vista del coste que le supone en votos. Nacido en 1936 como John Sydney McCain III, hijo y nieto de almirantes de la U. S. Navy que alcanzarían, los dos, los máximos honores, el nieto se pasó la infancia dando tumbos entre una veintena de escuelas de otras tantas bases militares, alternadas con súbitos desembarcos en estrictísimos colegios de élite. El resultado fue algún que otro desorden en su formación, mucha competitividad y no poca rebeldía. No le faltaban dotes de mando y un espíritu peleón. De joven tendió a la parranda. Cortejó a mujeres de vida alegre y se acabó casando con una ex modelo divorciada de un ex compañero de clase de él. Ella (Carol Schebb) era la Penélope que le esperaba en casa cuando en 1967 cayó prisionero en Vietnam. En 1968, viendo que era hijo de quien era, le ofrecieron liberarlo. McCain rechazó si no se liberaba antes a todos los prisioneros de guerra americanos capturados ante él. Así lo mandaba el código de honor del Ejército. Para cumplirlo, McCain enfrentó cinco años de cárcel que se podría haber ahorrado, amenizados además con constantes torturas. De todas las cosas que a McCain le han dolido en esta vida, dicen que ninguna tanta como el hecho de que en el año 2000, cuando él constituía una seria REUTERS De joven tendía a la parranda. Cortejó a diversas mujeres de vida alegre y se acabó casando con una ex modelo amenaza para la candidatura de Bush, llegaran a acusarle de desentenderse de los veteranos de guerra. En 1974 se le ve en una foto famosa dándole la mano a Nixon tras su propia liberación. Anda con muletas, está hecho un guiñapo y tiene el pelo completamente blanco a los cuarenta años. Y sin embargo, asegura su primera esposa que él se creía que aún tenía 25. El reencuentro entre Ulises y Penélope no llegó a buen puerto. McCain empezó a salir con otras mujeres. Hasta que se enamoró de la que sería su segunda esposa- -una maestra diecisiete años más joven que él- Cindy Hensley. Con ella ha alcanzado, parece, la estabilidad. Ya no es el medio ultraconservador medio rebelde, siempre impulsivo, que Bush consiguió neutralizar en el 2000. Aunque para hacerlo recurrió a una de las campañas más sucias de la historia aseguran los que la vivieron. ¿Se reescribirá la historia? McCain ha aprendido de sus errores y para muchos personifica cierto tipo de honradez inimitable. Otros no dejan de observar que sería el presidente de más edad que hubiera habido nunca. No se fían de su salud ni de que su mejor momento no haya quedado atrás. Si hasta los republicanos creen que, esta vez, se pongan como se pongan, ganará un demócrata...