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ABC MIÉRCOLES 9- -1- -2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 81 zi, fue denunciada por abuso de menores. La hagiografía oficial evita una palabra aparentemente vidriosa: pederastia. En la inmediata posguerra, la orquestación de una pareja libre convirtió al dúo SartreBeauvoir en un modelo de comportamiento libertario Las biógrafas más recientes dejan al descubierto una realidad menos heroica: Beauvoir estuvo mintiendo incansablemente sobre sus relaciones sexuales, precisamente; ocultando, engañando, fingiendo, con un inmoralismo cínico y oportunista. La desmitificación de la leyenda tradicionalista suscita reserva e inquietud entre los feligreses de la iglesia sartriano- beauvoirista. Varios ensayos han sido censurados por herederos materiales y espirituales. Un libro hagiográfico ha sido expurgado de toda referencia crítica. Jean- Pierre Amette resume tales comportamientos de este modo: Cuando se recuerda la recepción crítica que sufrieron algunos textos de Beauvoir, este comportamiento recuerda las vida de los santos publicadas por una oficina católica El circo SartreBeauvoir es finalmente desmontado por una militante molesta La alianza SartreBeauvoir se convirtió en una prisión dogmática en la que Simone se dejó encerrar PENSAR UN SEXO Anna Caballé Escritora ara mí la lectura de la autobiografía de Simone de Beauvoir resultó una experiencia inolvidable. Antes de esa trilogía (y muy especialmente de La fuerza de las cosas, mi libro preferido) yo no había tenido ocasión de leer nada parecido. Que una mujer describiera, con una inteligencia casi quirúrgica, su infancia formal el proceso de formación de sus ideas, la relación con su madre, su amor a Jean Paul Sartre, a los viajes, teniendo cuidado de no excluir los aspectos más delicados de su vida privada e íntima, me pareció, como a tantas jóvenes de mi edad, un modelo, no sólo de escritura sino de vida. Y como la formación de la identidad pasa por la imitación de uno o varios modelos, confieso que durante un tiempo intenté seguir sus pasos en aquello que estaba a mi alcance: me forcé a viajar sola, a trabajar en los cafés, a escribir cartas, a comer sistemáticamente fuera de casa y, a lo lejos, P como un ideal inalcanzable, deseé aprender a pensar por mí misma. Como ella. La convicción con que Beauvoir pensaba, escribía y actuaba no es algo que pueda encontrarse todos los días en los libros. Sólo enfrentándose a su soledad y a su independencia, las mujeres pueden aprender a considerar el mundo como propio escribía en El segundo sexo, un libro capital. La escritora estaba convencida de que si la mujer se ve como mujer su independencia queda obstaculizada por un sentimiento de inferioridad. La mujer no nace, se hace, sostenía, y eso es lo que ella quería cambiar, su ser mujer. Creo que es más correcto afirmar que la mujer nace, y se hace. En cualquier caso, fueron muchos los parámetros que intervinieron para que la escritora francesa se mantuviera en el centro del pensamiento feminista, por derecho propio, durante largo tiempo. Pero Simone de Beauvoir pensaba y escribía, al paso que tejía su propia leyenda. Sin duda este último es el aspecto que se ha demostrado más vulnerable, pues como ocurre siempre el ser humano no está, no puede estarlo, a la altura del mito. Beauvoir junto a su marido, el filósofo Jean Paul Sartre Ni siquiera ella pudo lograrlo. Y así, pese al apasionado amor a la verdad que sentía y defendía, ocultó muchas cosas en sus escritos. Por ejemplo, el fracaso de su historia de amor con Sartre. Ahora sabemos que muy pronto recayó sobre ella el peso de mantenerla viva y proyectarla como un modelo de compromiso ético, intelectual y sentimental. La decisión implicaba un robusto optimismo que a la escritora nunca le faltó y su influencia ha sido enorme ¿cuántas parejas ABC no se inspiraron en la fórmula de los amores contingentes y necesarios en los años 70? Sin embargo, un mejor conocimiento nos ha revelado las flaquezas de aquel absoluto, la naturaleza temblorosa de toda leyenda. No hay por qué detenerse en la perplejidad: lo que ahora nos importa de la escritora es comprender los motivos que la llevaron a pensar que sin Sartre su lugar no iba a ser el mismo. Ahí se equivocó, con Sartre o sin él, su magisterio es indiscutible.