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ABC MIÉRCOLES 9- -1- -2008 Hoy se cumple el centenario de Simone de Beauvoir, un mito en entredicho 79 Ciberprofecías de un tiempo a. d. Wikipedia La edición de The New York Times reivindicaba hace unos días algunos textos de Borges como las verdaderas ciberprofecías de un visionario antes de que los mundos virtuales cobraran realidad A. G. NUEVA YORK. ¿Quiénes inventaron a Tlön? El plural es inevitable, porque la hipótesis de un solo inventor- -de un infinito Leibniz obrando en la tiniebla y en la modestia- -ha sido descartada unánimemente. Se conjetura que este brave new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras... dirigidos por un oscuro hombre de genio. Abundan individuos que dominan esas disciplinas diversas, pero no los capaces de invención y menos los capaces de subordinar la invención a un riguroso plan sistemático. Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal Este fragmento de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius aparece citado en la edición del pasado 6 de enero de The New York Times como una irrefutable ciberprofecía de Jorge Luis Borges: lo consideran poco menos que la anunciación de la wikipedia. También creen ver profetizada la blogosfera en este otro fragmento de Funes el Memorioso Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como la vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras Por fin se remiten a La biblioteca de Babel De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total o sea, todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera... Se comprende el embeleso que estos destellos del genio del argentino han suscitado en sus nuevos ciberlectores norteamericanos. Y sin embargo Bor- Funes, el blogger memorioso ABC ges sigue siendo mucho más visionario y más sutil que los que ahora le consideran la deidad tutelar de los internautas. Baste esta última cita, que es nuestra y no de The New York Times Es de El libro de arena un relato cuyo protagonista recibe la prodigiosa posesión de un libro infinito, que se deshace y rehace continuamente antes y después de leerlo. Es imposible encontrar tanto la primera como la última página. Las ilustraciones desaparecen solas después de vistas: Me quedaban unos amigos: dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle Declinaba el verano y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta. Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México so, que el real. ¿Cómo The Matrix? Sí, pero con menos látex y muchísimo más cerebro. Cuesta imaginarse cómo reaccionaría Borges de levantar ahora la cabeza para verse haciendo surf en la cresta de la ola internauta, en la que algunos creen ver el principio del fin del libro. Proyectos como las bibliotecas virtuales de Google, la aparición de artefactos como el Kindle que pretende ser el ipod de los libros, ¿le parecerían el colmo de sus sueños o de sus pesadillas? ¿Vería en ellos los perfiles de su inmortal libro de arena y su biblioteca de Babel, o una apoteosis de lo insustancial, lo inconexo y lo inesforzado, digno de ser barrido de la faz bibliófila de la Tierra, como los mercaderes del templo? Juan Ángel Juristo Escritor y crítico POBRECITO BORGES l éxito en un artista es a veces sólo producto de un malentendido. Un malentendido de él consigo mismo y con los demás y, las más de las veces, sobre todo en el caso de los tímidos, de los demás hacia los trémulos gestos de uno mismo. En el caso de Borges, ello ocurrió en el instante mismo en E que su nombre se conoció fuera del ámbito de nuestra lengua, ámbito pobre pero justo en sus apreciaciones. La culpa la tuvo el 68, el año en que se estrena Performance, sí, aquella película en que sale Mick Jagger de profeta de la psicodelia imitando al camaleónico David Bowie y un poster de Borges se convierte en símbolo de la posmodernidad menos consciente de sí misma pues en los países latinos, incluida Francia, esa palabra aún se conocía poco. Steiner también contribuyó lo suyo, en su libro Extraterritorial, a acrecentar la desmesura con que, desde entonces, se convierte cualquier cosa que tenga que ver con Borges. Él, más argentino en sus laberintos sentimentales que una milonga, se convierte en símbolo, de nuevo, de un cosmopolitismo un tanto huero, él que su única culpa consistió en no resignarse a ser paleto y curiosear por todo el orbe literario. Eso le perdió. Pero, con todo, lo de Steiner tenía cierta entidad basada en la idea surgida de la meritocracia de una raza errante, con la confusión de las lenguas. Pero con lo que no contábamos era con la perversa, por tonta, banalidad de los hacedores de mundos virtuales, voceros de la propaganda de las nuevas tecnologías. Borges se nos acaba de convertir en un CyBorges, cosa que a él, que soñaba, como buen puritano con mundos donde los ángeles eran reales, al modo de Swedenborg, le debe hacer reír. El malentendido, me temo, viene ahora camuflado de risa floja, el modo en que la barbarie se deja ver hoy, de juego, de aparente brillantez. Los espejos infinitos, el Libro, el jardín de múltiples senderos... imágenes reales, tan reales como la calle Belgrano de Buenos Aires, como el Aleph que vislumbran sólo aquellos que tienen ojos, es decir, gente de lo más materialista, se convierten ahora, por arte de birlibirloque, en protoimágenes proféticas de un mundo virtual. Tengo para mí que con Borges sucede lo mismo que les ha pasado a los ángeles, que de custodios de un daimon pasaron a ser, en una época barroca, amorcillos tontos. En nuestra época, afecta de nuevo barroquismo, Borges se convierte en CyBorges. El caso es no dejarlo como es.