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ABC MARTES 8 s 1 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL CLAVO ARDIENDO N marzo todos los votos contarán, pero la regla D Hont hará que unos cuenten más que otros. Las elecciones se juegan en menos de veinte provincias; en el resto está todo el pescado vendido, porque para que los escaños cambien de manos se necesitarían trasvases de decenas de miles de apoyos, algo del todo improbable en la actual situación de bloqueo bipolar. En la mayoría de las circunscripciones se repite de modo estable desde hace años la misma fotografía electoral, pero en las otras, las que tienen el resultado apretado en un racimo de votos, apenas IGNACIO unos centenares, se va a CAMACHO disputar una guerra calle por calle y casa por casa. Según los cálculos de los estrategas de campaña, hay algo más de quince escaños volátiles saltando en la cuerda floja, pendientes de un hilo, de un día de lluvia, de una frase desafortunada o un desliz de cualquier candidato. Con una diferencia tan corta, asociada al sistema proporcional provincializado, el llamado empate técnico podría cuajar en un laberinto político: que el PP ganase en escaños y el PSOE en votos (no al revés) Y entonces... Entonces se puede liar la de Dios es Cristo. Si algo le falta a este país después de cuatro años de bronca sin cuartel es que la noche del 9 de marzo hubiese dos ganadores, o más bien dos aspirantes fracasados con argumentos para legitimar su percepción de victoria; podría estallar incluso una crisis constitucional. Ése sería el peor escenario, un resultado diabólico, una broma macabra, porque los seguidores de uno de los dos sentirían que les roban el triunfo y la calle estaría caliente, en peligrosa temperatura de fusión. Y sin embargo, es perfectamente posible. Tan posible que en el despacho de Rajoy hay un informe pormenorizado, elaborado por analistas expertos, sobre esa hipótesis envenenada. Ya en el 96, con poco más de un punto de ventaja en sufragios, Aznar sacó quince diputados a los socialistas, mientras que en 2004 Zapatero obtuvo dieciséis escaños más que el PP superándolo en un cinco por ciento de votos. El responsable de la jugarreta es el sistema electoral, la atribución de restos y la distribución por provincias, cuyos efectos ya conoció Maragall cuando ganó a Pujol en votos y se quedó en minoría parlamentaria. Con menos de 1,65 puntos de distancia el reparto de escaños puede salir por peteneras; esa diferencia tan prieta no la detectan ni las encuestas más afinadas, porque está por debajo de los márgenes de error. Para el PP existe la tentación de convertir esta posibilidad en el clavo ardiendo que sujete una pobre expectativa, pero este escenario perverso no sería más que el paliativo moral de un revés político, porque la izquierda y los nacionalistas siempre lo tendrán más fácil para hacerle una pirula en el mercado negro de la aritmética parlamentaria. La única manera de evitarlo, la que da valor real a cualquier voto allá donde se emita, es ganar con claridad en términos absolutos y sin dar lugar a interpretaciones de doble filo ni a la crispación tóxica de una victoria dividida. Teniendo en cuenta cómo está el país y cómo está el Gobierno tampoco debería resultar tan complicado. ¿O sí? E LISTAS ABIERTAS LA POLÍTICA VA DE REBAJAS L AS cosas no van del todo bien cuando las instituciones se pierden el respeto. Es en lo que estamos. La época es de rebajas. Incluso se le hace una oferta de fin de semana al embajador de Marruecos para que regrese a Madrid con el status de cuarto Rey Mago, con opción a aparcamiento, vales para gimnasio y merienda- cena con espectáculo en el Madrid de los Austrias. Incluso los propósitos para este Nuevo Año carecen de toda épica: superarse cada día en el podómetro; ser positivo con las voces autómatas de remotos call centers probar el flan de frambuesa con salsa de horchata; no leer a Ken Follet ni Las benévolas de Jonathan Littell; declararse indeciso hasta en las encuestas a pie de urna; mejorar el fluido entre los dos hemisferios cerebrales dibujando mentalmente dos círculos que se unan en el entrecejo; hacer eso sin parecer necesitado de un exorcista; no creerse que la masonería controla el AVE; reciclar la Wikipedia; no añorar aquella TVE cuando no había otras; saberse el precio del barril de petróleo; no barajar nombres para el futuro del PP o del PSOE; acatar la autoridad de Ronald Koeman; mentir sólo para hacer un VALENTÍ bien. PUIG El plato fuerte de los programas electorales todavía está en el microondas. También puede ser de rebajas. En estos momentos, va de economía. Ahora cuenta el homo economicus sus apetitos y sus ansiedades. Es algo perfectamente serio como lo es comprarse una casa para que la familia viva mejor, echar gasolina en el coche, garantizarse un futuro económico más seguro. Pero lo cierto es que antes hemos pasado por la fase de la idea de España como prioridad, el terrorismo como más grave amenaza o los valores morales como elemento de supervivencia. A estas alturas ya se constata que es infructuoso copiar a Sarkozy. Lo que vemos todos los días es que los políticos tienen una idea muy precaria de lo que quieren los ciudadanos españoles. Olfatean, especulan, tantean, aventuran pero sin certeza alguna. En su descargo pueden decirse que tam- poco los ciudadanos españoles saben muy bien lo que prefieren o no lo expresar con claridad. En el caso de los Estados Unidos, los votantes demócratas e independientes de Iowa han preferido a Barack Obama. Tiene gracia física, como de hombre noble y solitario, de una austera dignidad que recuerda al joven Nelson Mandela. Carece de experiencia en política exterior- -como otros candidatos que llegaron a la Casa Blanca- -y su voto durante su mandato senatorial ha sido típico de la izquierda americana, sanidad pública para todos, estricta concordancia con los intereses del sindicalismo y fervor macro- ecologista. Como por ahora tiene que arraigar el mensaje de ser capaz de entenderse con todos, se desconoce cuándo diría no a alguien. Sí criticó desde el primer día la intervención en Irak. Tendrá que demostrar si está hecho de pedernal o de yeso. Su expresividad electoral, sin un programa muy concreto, consiste en ofrecer cambio A la vista de los sondeos para la jornada de primarias en New Hampshire, la locomotora- -sea retórica o no- -del cambio según Barack Obama genera ilusión. En esta fase del proceso electoral, el electorado demócrata no quiere rebajas: busca lo nuevo, un mensaje que cunda más allá de la vieja pugna de partidos. Están esperando un líder. Para marzo, uno espera que en España las instituciones hayan vuelto a respetarse en la forma debida- -forma de formas, en este caso- -porque es lo mínimo que puede requerir un ciudadano que paga impuestos y da importancia a lo que vota. Quizás eso permita reformular los deseos de Año Nuevo para que no sean tanto de rebajas, para que algo sólido y convincente se mantenga con aliento de verdad entre los candidatos y los electores. En definitiva, para que el bien común no ande también de rebajas, como una oferta triple de gel de baño, champú y loción corporal. Por el camino iremos viendo si la locomotora de Obama pierde presión o si quien fuera primer director negro de la prestigiosa Harvard Law Review puede llegar al andén de la Casa Blanca cuando Zapatero o Rajoy ya lleven un tiempo aparcados en La Moncloa. vpuig abc. es