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4 OPINIÓN MARTES 8 s 1 s 2008 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO GEORGE BUSH RECAPITULA EN ISRAEL PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera EL BOLSILLO PAGA LA DESACELERACIÓN L consumo en la época navideña y en la recién iniciada temporada de rebajas de invierno suele ser uno de los indicadores más definidores y reveladores sobre los hábitos económicos de los ciudadanos y de su calidad de vida. No se han equivocado quienes calcularon que en esta Navidad se reduciría el gasto familiar y tampoco es previsible que yerren los distintos colectivos de consumidores y usuarios que pronostican un descenso medio del 3 por ciento durante el periodo de rebajas en los comercios. El dato de que la facturación de las grandes distribuidoras comerciales creció entre el 4 y el 5 por ciento- -frente al 6 y al 7 por ciento registrados respectivamente en los dos años anteriores a 2007- -no hace sino confirmar una desaceleración económica que ha obligado a las familias españolas, condicionadas por su alto endeudamiento, a apretarse el cinturón. También el Indicador de Sentimiento Económico de la UE demuestra una paulatina pérdida de confianza de los europeos en la marcha de la economía, especialmente visible en el caso de España, según los estudios de la Comisión Europea. Son datos objetivos que no sólo rebaten el optimismo virtual que José Luis Rodríguez Zapatero se empeña en transmitir a los ciudadanos, sino el simplista análisis de algunos otros dirigentes del PSOE, como el caso de su portavoz López Garrido, quien ayer pidió a los españoles que no sean pesimistas porque basta con estar sanamente preocupados A lo largo de las seis semanas de Navidad y de rebajas de enero se dirime en torno a la cuarta parte del consumo del año, de tal manera que el ritmo del comercio en ese período se traslada a toda la economía nacional. Las encuestas de expectativas, especialmente las que elaboran desde hace años las cajas de ahorro y el ICO, detectaron meses atrás la caída que ahora se materializa en menos consumo y menos ventas y que se traducirá también en menos pedidos para 2008. Y, por tanto, en menos producción y menos empleo. De hecho, los datos de empleo de diciembre acreditaban que los empleadores se toman con mucha más cautela la contratación y que a la caída de empleo en el sector de la construcción, evidente desde hace meses, se suma también otro tanto en el E sector de la distribución, en el comercio. Más de dos tercios del producto bruto nacional está vinculado a la demanda interna de familias y empresas, y la confianza de los agentes económicos es fundamental para sostener esa demanda, una condición necesaria y previa para el crecimiento. Aún es pronto para evaluar la magnitud de este frenazo o para conocer si se va a traducir en un menor crecimiento o, incluso, en una recesión. Pero hay datos como para temer lo peor, entre ellos el precio del petróleo- -por encima de los 100 dólares el barril- que amenaza con producir una nueva crisis económica internacional y una pérdida del ritmo de crecimiento de todas las economías. Más allá de Zapatero, la evolución negativa de los principales indicadores económicos tiene también una derivación política que alcanza a su vicepresidente económico, Pedro Solbes, quien no se prodiga en apariciones públicas para valorar estos datos negativos. Tampoco para explicar si las bases macroeconómicas de los presupuestos para 2008 siguen siendo válidas o no, porque, hasta el momento, todos los pronósticos de Solbes sobre la evolución de los acontecimientos han fallado. La devaluación del principio de responsabilidad política explica que nada haya sucedido en un Gobierno que, al día siguiente de aprobar los presupuestos para 2008, rebajó la cifra de crecimiento del PIB para ese mismo año, lo que supone cercenar la solvencia del cuadro macroeconómico en el que se basan aquéllos. Ahora, Zapatero ha anunciado que la inflación empezará a bajar en marzo. Justo cuando se celebran las elecciones. Pero Zapatero ya anunció que los precios bajarían en diciembre. No bajaron, sino que subieron. También Caldera predijo que los datos del empleo serían buenos en ese mismo mes, y no fueron buenos, sino especialmente malos. El Gobierno intenta regatear con las grandes cifras el impacto de la crisis en las economías familiares. Para los bancos y empresas puede que 2007 haya sido bueno, pero los socialistas no llegaron al poder para refugiarse en los beneficios del gran capital, sino, según dijeron, para mejorar el nivel de vida de los españoles. Al final han hecho lo contrario. EL PAPA DEJA EN EVIDENCIA AL PSOE ENEDICTO XVI expresó ayer su lamento ante los ataques preocupantes que sufre la familia como institución surgida a partir del matrimonio entre varón y mujer. El discurso, pronunciado en presencia de los 177 embajadores acreditados ante la Santa Sede, lo que supone la práctica totalidad de la comunidad internacional, resulta muy significativo a la vista de la reciente actitud del Gobierno español. Si Rodríguez Zapatero pretendía plantear un conflicto entre sus criterios progresistas y la posición supuestamente retrógrada de los cardenales Rouco y García Gasco, tendrá que asumir ahora que sus palabras injustificadas chocan frontalmente con la doctrina clásica de la Iglesia, y no sólo con dos prelados en particular. La respuesta del Vaticano al Gobierno español ha sido de nuevo nítida y contundente. En una materia tan sensible como la familia ni hay discrepancias en el seno de la Conferencia Episcopal ni los obispos se mueven por consideraciones coyunturales. El Papa dijo con toda claridad lo que muchos católicos españoles vienen defendiendo a lo largo de la legislatura: que esos ataques a la familia comprometen incluso la libertad religiosa. Habría también que replantear la cuestión del aborto, a partir del carácter sagrado de la vida humana. Conviene insistir en que se trata de una doctrina fundamental para la Iglesia, aun- B que es llamativo que el Papa se haya pronunciado de forma rotunda por tercera vez en muy pocos días, en este caso, en el contexto de un discurso en el que reiteró las raíces cristianas de Europa, reclamando su permanencia y actualización. El Pontífice ha querido poner de manifiesto una vez más su preocupación ante el deterioro de la institución familiar que deriva de la legislación laicista impulsada por el PSOE. Zapatero intenta crear un falso debate ideológico para movilizar a sus votantes más radicales en contra de una ofensiva imaginaria de un sector de la jerarquía eclesiástica. Sin embargo, la opinión pública es consciente de que la libertad religiosa y las relaciones Iglesia- Estado en el marco de la Constitución son la fórmula más eficaz y razonable para una convivencia basada en el respeto y la colaboración. Por razones históricas y sociológicas, el punto de vista católico ejerce en nuestra sociedad una influencia que no es, ni debe ser, equiparada artificialmente a cualquier otra creencia, ni mucho menos despreciada en nombre de un supuesto ADN de la democracia a la medida de Zapatero. Los socialistas se equivocan si pretenden confiar sus expectativas electorales a una burda maniobra marcada por un viejo tono anticlerical. Las palabras de Benedicto XVI confirmaron ayer una vez más que la Iglesia tiene una sola voz sobre las cuestiones esenciales. EORGE Bush comienza a cerrar las carpetas que entregará a su sucesor, o sucesora, después de que se celebren las elecciones presidenciales del mes de noviembre. La visita que inicia mañana a Oriente Próximo- -Israel, Palestina, Kuwait, Bahrein, Emiratos Árabes, Arabia Saudí y Egipto- -se enmarca dentro del contexto de recapitulación de una gestión presidencial que, en materia de política internacional, hizo de ese área geográfica el eje del diseño estratégico de su administración a partir de los atentados del 11- S. Hoy, los Estados Unidos están implicados directamente en el acontecer diario de la región. Su guerra abierta con Al Qaida y su presencia militar en Irak y Afganistán sitúan al gigante norteamericano con los pies clavados en medio de un pantano geoestratégico en el que Occidente no sólo se juega su seguridad sino la estabilidad del conjunto de la comunidad internacional. De ahí la importancia de la visita de Bush a la zona ya que trata de impulsar el acuerdo alcanzado entre palestinos e israelíes durante la reciente cumbre de Annapolis y, de paso, reforzar el cordón sanitario que, desde la orilla sur del Golfo Pérsico, aísla y presiona al Irán de los ayatolás en su empeño de conseguir armas atómicas a cualquier precio. Liberado de los rigores ideológicos impuestos por el diseño neocon que marcó buena parte de las iniciativas adoptadas por su administración en materia de seguridad desde 2001, Bush ha vuelto a reactivar el modelo de liderazgo internacional que heredó de su padre y de Bill Clinton, esto es, un liderazgo centrado más en la lógica del realismo que en los grandes principios y que, fiel a una gestión pragmática y multilateral, trata de repartir juego en el ejercicio de sus responsabilidades estratégicas. En este sentido, el viaje de Bush quiere demostrar que los Estados Unidos han sacado sus propias conclusiones de las experiencias vividas a lo largo de estos últimos años. En primer lugar, no quiere que pase el tiempo después de los avances logrados durante la Cumbre de Annapolis porque sabe que la estabilidad de Oriente Próximo está supeditada a que se logre la paz entre Israel y Palestina. Para lograr este objetivo hay que facilitar la labor que desempeñan Olmert y Abbás. Para ello, Israel necesita mayores garantías de seguridad y los palestinos, más ayudas económicas. De ahí que los más de 5.000 millones de dólares que la comunidad internacional acordó destinar a la Autoridad Nacional Palestina hace unos días servirán para despejar muchos de los obstáculos que siguen dificultando el desarrollo de las labores de paz. Y en segundo lugar, Bush ha comprendido también que para desactivar la peligrosa amenaza iraní- -el provocador episodio de ayer entre patrulleras de ese país y buques estadounidenses en Ormuz es bastante revelador- -los Estados Unidos no pueden hacerlo solos, sino que requieren la complicidad multilateral de las monarquías del Golfo. Y, sobre todo, de Egipto, país llamado a desempeñar una creciente labor de apoyo a los intereses occidentales en el conjunto del Oriente Próximo. G