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64 AGENDA Tribuna Abierta LUNES 7 s 1 s 2008 ABC Jorge de Arco TRES POETISAS REBELDES NTRE el amplio número de novedades líricas invernales, llegó a mis manos una sugestiva muestra de poesía femenina extranjera. La lectura de tres de estos volúmenes me descubrió la obra de un trío de poetisas que, nacidas en la misma década del XIX, aprestó lo mejor de su verso y de su perseverancia para desafiar los límites impuestos por la sociedad de entonces. Tres escritoras para tres países de muy distinta índole, Estados Unidos, Francia y Japón, que desde la devoción por la palabra y el anhelo de una vida más digna, coincidieron en el tiempo y en la común desobediencia frente al injusto dominio masculino. antología de Amy Lowell (Massachussets 1874- 1925) El jardín de Sevenels -editada por Torremozas y vertida al castellano por Marta Porpetta- nos acerca la figura de esta inquietante y singular norteamericana. Su educación conservadora y el rígido ambiente que le tocó vivir, no fueron óbice para que, en 1912, se enamorara de la actriz Ada Dwyer Russel, el gran amor de su vida. El escándalo que motivó su inclinación lésbica aumentó su perfil de mujer extravagante. Defensora a ultranza del imaginismo que desde Gran Bretaña y Estados Unidos alentaran D. H Lawrence y Ezra Pound- -entre otros- aprovechó su desahogada posición económica y el éxito de sus libros, -sobre todo el que alcan- E La lectura de tres de estos volúmenes me descubrió la obra de un trío de poetisas que, nacidas en la misma década del XIX, aprestó lo mejor de su verso y de su perseverancia para desafiar los límites impuestos por la sociedad de entonces. Tres escritoras para tres países de muy distinta índole, Estados Unidos, Francia y Japón La zara en 1914 con Hojas de espada y semillas de amapola para defender con versos y dientes la libertad, la pasión la sensibilidad y la sexualidad femenina: ¿Para qué sirven las normas? exclama al término de su emblemático Patterns Deudora de Safo en cuanto a la concepción de la belleza y al fervor de sus emociones- -como bien apunta Luzmaría Jiménez Faro en su liminar- supo obviar la polémica repercusión que generó el destino amatorio de sus múltiples composiciones: Del mismo modo que sacaría a la blanca almendra de su cáscara verde, así te despojaría yo de tus ropas, Amada de se instaló definitivamente en 1899. Allí conoce a su primera amante, la norteamericana Natalia Barney, protagonista de su bautismo poético, Estudios y preludios (1901) Ese mismo año, decide cambiar su nombre original, Pauline Mary Tarn por el de Renée Vivien, como símbolo de su renacimiento Viajera impenitente, amante huidiza, caprichosamente apasionada, encuentra en la figura de Safo su alter ego. En 1903, se enamora de la baronesa Hélène de Zuylen de Nyevelt y poco después huye con Natalia Barney a Lesbos donde intenta establecer un circulo sáfico de artistas: Errante voy al fondo de un laberinto lúcido. Y no hay más medicina que el doloroso orgullo dos intentos de suicidio, murió con tan solo 31 años. No se adaptó ni a su país natal, ni a su familia, ni a los usos amorosos y sociales de su época y ni siquiera al hombre que le habían impuesto escribe Aurora Luque, traductora y prologuista de este florilegio, Poemas publicado por Igitur. En el titulado Iremos junto a los poetas Renée Vivien dejó testimonio del calvario al que se vio sometida por su simple condición femenina: El mundo siempre ha sido cruel para las mujeres. Lo sabemos: es cruel el mundo para ellas. Las censuras humanas pesan en nuestras frentes. Pero iremos más lejos. Más allá, olvidaremos La antología de Akiko Yosano (1878- 1942) que José María Tras París 1909) entregó parte de su corta vida a pelear contra las convenciones que regían el París de principios del XX, en don- RenéeVivien (Londres 1877- Bermejo y Teresa Herrero han traducido para Ediciones Hiperión, nos aproxima al sugestivo perfil de esta poetisa japonesa de la pasión. Abanderada de la liberación de la mujer en un país de larga tradición machista, Akiko apostó desde su juventud por liderar un movimiento que otorgase los mismos derechos legales, la misma educación y la misma independencia económica que a los hombres Con 22 años, abandona el negocio familiar y se marcha a Tokio en busca de su fiel amador, el también poeta Tekkan Yosano. Éste, se divorcia meses después de su esposa y se casa con Akiko, con la que tendría once hijos. Un año después, en 1901, Akiko- -quien definitivamente adopta el apellido de su marido- publica su primer poemario Pelo revuelto título de evidente intención erótica, que causa verdadera conmoción en los estratos sociales y poéticos de Japón. Este himno contra la opresión masculina- Qué ser humano podría castigarme? ¿no es la blancura de mi brazo, que acogió su cabeza, digna de un dios? -fue el inicio de una inigualable carrera literaria. Al hilo de ella, Akiko supo derramar un torrente de reivindicaciones y exigencias en pro de una existencia más íntegra y respetable. Atrevida, sensual, innovadora, su verbo certero y delicado complementa como ninguno la feraz defensa por la libre feminidad que esta terna de autoras dejó al hilo de sus vidas ardientes e inconformistas: La primavera es corta, ¿quieres sentir su eternidad? le dije, y, tomando sus manos, las hundí entre mis pechos rebosantes de vida Ana Rosa Carazo Catedrática de Lengua y Literatura Españolas ABUELOS UANDO era niña, muy niña, como nieta primogénita pasaba mucho tiempo con mis abuelos maternos, los únicos que tenía porque los paternos habían muerto antes de que yo naciera. Yo era una criatura tranquila y tímida, tal vez por mi acusada miopía, que se pasaba las horas muertas con lápices y papeles, en silenciosa comunicación con dibujos y garabatos, sin necesidad de la compañía de otros niños que preferían los juegos bulliciosos y el movimiento incesante. Yo era contemplativa y soñadora, y disfrutaba aprendiendo de memoria versos llenos de ternura que mi abuelo improvisaba o recordaba para mí. Aún conservo en la memoria una breve poesía, llena de ingenuidad y encanto, que yo repetía con orgullo infantil: ¿Dónde está la niña rubia? Salió al sol y no se ve porque es como el sol de C Recuerdo que, siendo yo muy chica, se me antojó una muñeca de cartón piedra que entonces valía siete reales y, por más que supliqué y lloriqueé, no la conseguí hasta Reyes clara y se confunde con él. Que no salga al sol la niña, no se nos vaya a perder Ni que decir tiene que a mis abuelos se les caía la baba con la primera nieta; pero aunque se les cayera la baba y se esponjaran de orgullo, tenían muy claro que los mimos no podían subir por encima del nivel de la exigencia. Recuerdo que, siendo yo muy chica, se me antojó una muñeca de cartón piedra que entonces valía siete reales y, por más que supliqué y lloriqueé, no la conseguí hasta Reyes; porque así, por las buenas, un día cualquiera, nadie que tuviera unas ideas claras sobre educación podía saltarse a la torera las normas establecidas. Pero al amanecer del seis de enero siguiente, la soñada muñeca me sonreía en la almohada. Abuelos amantes pero conscientes de que el amor a los nietos no debía alterar el proceso educativo. Ahora, yo abuela, todo aquello se considera puro anacronismo si uno intenta aplicarlo, aunque sea sólo como sugerencia, no como acto. Y no es que mis muchos nietos sean impermeables a las palabras aleccionadoras del abuelo o la abuela, pero viven inmersos en una sociedad ajena a los principios de lo que antes denominábamos buena crianza. Existe una gran proximidad en el afecto y la tolerancia, pero la lejanía en su visión del mundo y en sus relaciones sociales es incuestionable. Yo creo que nos quieren pero nos sienten fuera de su propia órbita, como habitantes de un planeta ya desaparecido. Naturalmente, no todos actúan del mismo modo. Unos son afectuosos y comunicativos, otros reservados y poco expresivos, lo que hace que la ligazón que tú pretendes que se mantenga viva, a veces se afloje y relaje, y temes que se rompa. Y esto es lo que me preocupa y me inquieta: que estos nietos míos, jóvenes, adolescentes y niños- -que de todo hay, hasta tres tiernos bisnietos- -no sientan esa ligazón gozosa, ese abrazo profundo que es el sentimiento familiar, ese lazo indisoluble que les hace ser parte de los que te antecedieron en el tiempo, continuadores de una tradición que vive en ellos y seguirá viviendo en los que de ellos nazcan. esto, hablo de mis nietos y de mis bisnietos, escribo sobre ellos intentando encontrar en cada uno su faceta más luminosa, más favorable, más acorde con lo que para ellos sueño y espero. Pasan los días, y los años se suceden vertiginosos hacia el inevitable final. Quisiera que, llegado el momento del viaje definitivo junto los pájaros que siguen cantando, mis nietos, todos mis descendientes, me sintieran tan próxima como yo he querido sentirlos a ellos. Y me escuchen con los ojos, en cuanto hablo de ellos, en una conversación inextinguible. Por