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ABC LUNES 7 s 1 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA PETER PAN EN LÍBANO O es que se le olvide, es que no le sale. Noesquelefaltecostumbre- -quetambién- -sino que no se le ocurre. Y si se le ocurre, lo descarta. Se le hace cuesta arriba, se le atraganta, se le agarrota. Menudo trabajito. Al presidente del Gobierno de España le cuesta un mundo darle un viva a su país. Le pareceunacosarancia, unrito mohoso, unaretórica apolillada de filas prietas y nevadas montañas, una vetusta marcialidad impropia del gobernante progresista y moderno de una nación de naciones. Esa simple proclama, esa escueta arenga se le queda como a trasmano a sus encorsetaIGNACIO dos prejuicios, se le antoja CAMACHO ortopédica como un postizo ideológico, una impostura forzosa, un artificio inútil. Simplemente, no se ve diciéndola ni como una jaculatoria al uso. Y no la dice. Estehombretan unidimensional, tan estreñido de falsa corrección política y dogmatismos progres, ve un soldado y suelta, como un reflejo, la palabra paz. con las zetas tableteando en los labios como una ametralladora de flores. Tiene clavados en el alma los complejos y tópicos de la izquierda sesentayochista, la del cartel del Guernica en el salón, la de la boina del Che, la de Martin Luther King, la de la frase de Samuel Johnson sobre el patriotismo como último refugio de los canallas. Se siente embarazado, incómodo en ciertas obligaciones del poder, como si tuviera que pedir excusas por ocuparlo, por ponerse chaqué en la Pascua Militar, por pasar revista a las tropas, por asistir a funerales religiosos, por no ser siempre el espontáneo adanista de inmaculada pureza a salvo de compromisos y solemnidades, por asumir las rigideces de un cargo institucional, por aceptar ciertas realidades constituidas, por tener que hablar de España sin hacer matices ni poner salvaguardas. Tiene un síndrome de fastidio acomplejado propio de tiempos de cambio de régimen, esa especie de mala conciencia ideológica que jamás embargó a González y Guerra, tan pragmáticos, cuandoabordaron elpodersin un asomo de duda ante el ejercicio de la responsabilidad de Estado. Quizá alguien debería de explicarle a ZP queseequivoca. Queaveces tienequeser elExcelentísimo Señor Rodríguez Zapatero con todas las consecuencias. Que es perfectamente compatible ser de izquierdas y compartir el código político, moral y hasta protocolario de una nación institucionalmente asentada. Que el presidente de un país moderno no sufre desdoro por asumir principio y ceremonias preexistentes en la articulación de un Estado. Y que, más al fondo de todos sus reparos y dudas, más allá de sus cuitas y titubeos relativistas, España existe, no sólo para los militares y las derechas, sino para todos los ciudadanos, como algo mucho más profundo que una necesidad táctica o un maquillaje electoral. Que incluso aunque se tratara, en efecto, de una nación de naciones, o de un pueblo de pueblos, o de un país de países, esa cosa cualquiera que fuese también se llamaría España. Ymereceríaun viva siquiera de rigor, delante de quienes con su vida han jurado defenderla. Aquí, en el Líbano o en ese País de Nunca Jamás en el que parece querer habitar este huidizo Peter Pan con sus éticas indoloras y sus retóricas de flower power N EL ÁNGULO OSCURO SARKOZY, ESE CHULAZO de esa derecha que ha renunciado a defender una visión del mundo alternativa a la izquierda, aceptando que la izquierda tiene razón; y que, para distinguirse de esa izquierda a la que acomplejadamente reverencia, trata de significarse en aspectos de orden menor (esto es, económicos) rehuyendo el debate de ideas allá donde la derecha debe ofrecer una alternativa real a la dictadura progre. El nombramiento de varios ministros reciclados de la izquierda, la adhesión a las tesis feministas más cavernícolas y castradoras, el recibimiento dispensado al apóstol del cambio climático Al Gore me confirmaron aquella primera impresión: Sarkozy, lejos de ser el mesías de la derecha europea, será a la postre su enterrador (aunque el funeral sea con honores de Estado) Pero confesaré que su exhibicionismo amatorio estimula mi simpatía. Se dice siempre que Sarkozy se pavonea con su novia para distraer la atención de sus pifias como gobernante; pero esta interpretación olvida el factor humano Yo creo que Sarkozy pretende, en primer lugar, chinchar a sus adversarios políticos. Miguel Mihura, cada vez que obtenía un resonante éxito teatral, entraba en el Café Gijón fingiendo una cojera, para que sus enemigos se consolaran pensando que, al menos, padecía quebrantos en la salud. Sarkozy, más chulazo que Mihura, no sólo presume de ser presidente, sino también de sus conquistas amorosas: si lo primero fastidia al adversario derrotado, lo segundo lo hace amarillear de puritita envidia. Y, además, Sarkozy pretende con su exhibicionismo chinchar a Cecilia, su antigua esposa. A nadie se le escapa que Carla Bruni posee un asombroso parecido fisonómico con Cecilia; pero Carla- -ay- -es más guapa y más joven que ella. Nada subleva más a una antigua esposa que comprobar cómo el hombre al que ha abandonado e imagina mohíno como un perro sin amo luce una chorba que es una versión mejorada de sí misma. El chulazo de Sarkozy, como Dominguín, alardea de sus conquistas amorosas, pero no se conforma con contárselo a los amigos: quiere que los enemigos también lo sepan, para que rabien. Y en esto, al menos, reconoceremos que nos cae simpático. www. juanmanueldeprada. com HORA que empiezan a denigrarlo quienes hace unos meses lo encumbraron como mesías de la nueva derecha es cuando Sarkozy empieza a caerme bien. O quizá debería precisar: políticamente, se me sigue antojando un figurón; pero eso de que luzca chorba me parece encantador y propio de un hombre sanamente constituido. Yo siempre he defendido que, en la conquista amorosa, hay que actuar como el torero Luis Miguel Dominguín. Cuenta la leyenda (no sé si apócrifa) que Dominguín, después de haber yogado- -no utilizaremos términos soeces, que luego las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan se me rebotan- -con la mujer más bella del mundo, la frutal y estatuaria Ava Gardner, abandonó el campo de plumas y corrió a vestirse. Mientras se hacía el nudo de la corbata ante el espejo, la condesa descalza le preguntó, perpleja: ¿Se puede saber adónde vas? A lo que el maestro respondió, con natural desparpajo: ¿Adónde voy a ir? A contárselo a los amigos Nunca entendí muy bien aquel rapto de entusiasmo que sacudió a la derecha española cuando Sarkozy alcanzó la presidencia de la República francesa. JUAN MANUEL Mientras se exaltaba el carácter enérgiDE PRADA co y el ímpetu reformista del gabacho, yo me preguntaba: Pero, ¿acaso este tío no ha sido ministro de Chirac, el más inepto, vanidoso y aguachirle de los presidentes franceses? ¿Cómo un hombre que ha tenido la confianza de semejante botarate puede concitar tanto alborozo? Desde el primer momento me olí que Sarkozy, bajo la fachada resolutiva, encubría un fantasmón de tomo y lomo; y el tiempo parece que va dándome la razón. Sarkozy es un epígono de cierta escuela política francesa que entiende el ejercicio del poder como un alarde de retórica: De Gaulle sería su representante más eximio (y su retórica la dejó plasmada en unas memorias escritas con un prosa digna de Julio César) Sarkozy, el más devaluado e histriónico (y sus memorias podrían publicarse por entregas en una revista del cuore) Además, Sarkozy encarna a la perfección la decrepitud A