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4 OPINIÓN LUNES 7 s 1 s 2008 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro DESANGRA EN LUCHAS CIVILES PENAS una semana después de la elección presidencial, la crisis política ya ha empezado a tener repercusiones serias en la economía de Kenia, en el turismo y las exportaciones agrícolas. Un país que a pesar de sus limitaciones representaba un cierto modelo de estabilidad en África Oriental ha arruinado en pocos días una reputación que le costará mucho reconstruir. Aunque por fortuna la violencia no ha traspasado las fronteras del enfrentamiento étnico como se temía, las luchas civiles han revelado hasta qué punto los errores de un solo hombre pueden llevar a la catástrofe a toda una nación cuando la sociedad civil y las instituciones son débiles. Las dudas sobre la validez del resultado electoral del pasado 27 de diciembre son más que fundadas. Todos los observadores internacionales coinciden en su diagnóstico: hubo fraude y el hecho de que el presidente, Mwai Kibaki, haya aceptado el principio de un gobierno de unidad nacional para intentar salir de la crisis es una evidencia de que él mismo admite que puede ponerse en duda la legitimidad de sus posiciones. En estas circunstancias, a Kibaki no le quedan muchas salidas salvo la resistencia suicida. En cuanto al opositor Raila Odinga, tiene razones para pensar que el presidente saliente no ha ganado las elecciones. Pero en estos momentos, dados los malos manejos en el recuento de los votos, tampoco se puede suponer que la solución sería nombrarle automáticamente presidente por la fuerza, sino que es necesario buscar una salida institucional. La población se ha dejado llevar por la pendiente de la violencia, en gran medida porque la gestión de Kibaki ha sido desastrosa desde el punto de vista económico y en los últimos años gran parte de los keniatas se sienten víctimas del desengaño ante las expectativas levantadas por el Gobierno. Ante tal perspectiva, Europa y Estados Unidos deben utilizar todos los medios posibles de presión- -que son muchos- -para forzar a Kibaki a asumir sus responsabilidades y despejar el escenario político antes de que sea demasiado tarde. En Uganda o Ruanda la situación es muy delicada, y si en Kenia- -que era un enclave de cierta prosperidad- -la economía ya se encontraba muy afectada por la subida de los precios del petróleo, en aquellos países vecinos puede volverse desesperada si continúa el flujo de refugiados keniatas que huyen de la violencia. Más de 350 muertos y un cuarto de millón de refugiados son un precio demasiado elevado para un país como Kenia, al que su presidente ha traicionado doblemente: porque gestionó mal su mandato y porque se ha negado a reconocer la censura de sus conciudadanos. La comunidad internacional no puede permitir que aquel país se desangre mientras Kibaki intenta convertirse en un futuro Robert Mugabe. KENIA SE Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera A ERROR DE ZAPATERO CON LA IGLESIA U N año más, la solemne celebración de la Pascua Militar abrió ayer el año oficial con el discurso de Don Juan Carlos ante los más altos representantes de las Fuerzas Armadas. El significado institucional del acto no era ciertamente la mejor ocasión para desplegar actitudes partidistas en plena precampaña electoral. Sin embargo, el presidente del Gobierno no fue capaz de resistir la tentación de utilizar los habituales corrillos con los medios de comunicación para cambiar el tercio y lanzar un ataque en toda regla contra la jerarquía de la Iglesia por el encuentro en defensa de la familia cristiana del pasado día 30 en Madrid. Hasta ahora Rodríguez Zapatero había enviado sus mensajes contra los obispos a través de Manuel Chaves o de José Blanco. Esta vez, en cambio, el líder socialista tomó la responsabilidad directa de la ofensiva, dirigiendo sus críticas contra monseñor Rouco y monseñor García Gasco y tratando de buscar una confrontación ficticia en el seno de la Conferencia Episcopal, con sus aparentes elogios a la sensatez de monseñor Blázquez. Es evidente que reina una seria preocupación en el PSOE de cara al 9- M. Los estrategas de Ferraz están dispuestos a movilizar a toda costa el voto radical que les dio el triunfo en 2004, y para ello han resucitado la cuestión religiosa en una campaña plagada de falsedades y mal estilo. Es notorio que no les ha sentado bien la concurrencia de una multitud de ciudadanos a un acto que se desarrolló en términos perfectamente acordes con la postura clásica de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. En rigor, lo que más inquieta al Gobierno es que hay mucha gente- -incluso en el seno de la izquierda- -que no comparte las leyes presentadas por Zapatero como conquistas sociales ya se trate del matrimonio homosexual o del divorcios exprés porque alteran el núcleo esencial de una institución como la familia, que goza del máximo reconocimiento y consideración. Es rigurosamente falso afirmar que existen discrepancias sobre este punto entre los prelados españoles, cuando el Papa y el conjunto de los obispos formulan al respecto una doctrina sin fisuras, que no depende de coyunturas concretas. Acaso el Gobierno pretende interferir en las elecciones episcopales previstas para unos días antes de los comicios, lo que refleja una singular mentalidad intervencionista y una absoluta falta de respeto por las instituciones sociales. La Constitución, en su artículo 16, establece un sistema muy razonable de relaciones entre el Estado y las creencias religiosas, con una específica mención a la Iglesia católica. Lo que debe hacer el Gobierno es respetar el ámbito de cada uno, y no ejercer una censura intolerable sobre las opiniones ajenas cuando dicen cosas que mucha gente comparte pero que ello no les conviene escuchar. El Ejecutivo tiene otros muchos asuntos que reclaman su atención, entre ellos, una situación económica que empeora de día en día. En todo caso, ayer era la ocasión de abordar temas de política de defensa, como el desarrollo de la ley de la carrera militar, el funcionamiento de la Unión Militar de Emergencias o el debate sobre una hipotética ley de derechos y libertades de los militares. No obstante, el presidente del Gobierno prefirió hacer electoralismo barato, confundiendo a propósito su condición presidencial con la de candidato del PSOE. Al parecer, es una actitud que marca la pauta de conducta entre sus subordinados. En efecto, alguien debería aclarar al embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, que la alta responsabilidad que ostenta al frente de esa legación diplomática es incompatible con opiniones subjetivas en apoyo de las instrucciones que se imparten desde Ferraz. Es comprensible que los socialistas estén inquietos porque tienen buenos motivos para dudar sobre sus expectativas electorales. Sin embargo, no es admisible que pretendan utilizar de forma sesgada un conflicto artificialmente provocado al servicio de sus propios intereses. Zapatero demuestra una vez más que, cuando se trata de buscar votos, no le importa alterar los consensos básicos de la Transición. LA PEOR BOLSA DE EUROPA A Bolsa española ha recogido con fuerza el malestar económico del principio de año y ha perdido casi un 4 por ciento en tres sesiones. No es un episodio pasajero pues el Ibex lleva cuatro semanas consecutivas de recortes y se ha saltado incluso el tradicional rally de fin de año. No es un fenómeno puntual pues 42 empresas cotizadas han perdido más del 5 por ciento de su valor. No es sólo un problema nacional, pues han caído todos los mercados europeos, aunque el madrileño ha sido el que mayores recortes ha sufrido. Es evidente que hay miedo a una recesión mundial. El inesperado aumento de la tasa de paro en Estados Unidos y un precio del petróleo que coquetea peligrosamente con los cien dólares por barril fueron las gotas que acabaron con los nervios de los inversores, provocando un fuerte movimiento de venta. El Ibex pudo aguantar a duras penas el nivel de 14.600, pero el sentimiento del mercado es muy negativo y hasta los brokers antropológica e interesadamente más optimistas muestran ahora una especial cautela. No es para menos. La Bolsa cotiza expectativas de ingresos futuros, no resultados pasados, y si la economía mundial entra en recesión, o sufre un aterrizajebrusco, la española tiene problemas adicionales. El abrupto cambio de ciclo nos coge altamente endeudados y con una especialización funcionalen sectores como el inmobiliario y el financiero, que están en medio de la crisis. No cabe L relativizar la profundidad del malestar que estamos viviendo, como hizo ayer mismo el presidente del Gobierno. El hecho de que una empresa emblemática como Inditex haya caído un 38 por ciento en tres meses nos está diciendo a gritos que los inversores esperan una fuerte caída en el consumo familiar como consecuencia lógica del deterioro de su renta disponible con el descontrol de la inflación, el aumento de la presión fiscal y el repunte de los tipos de interés. Si a eso le sumamos el ruido provocado por casos concretos muy visibles internacionalmente, con todo tipo de especulaciones sobre disensos entre accionistas y complicidades políticas, no es extraño que los inversores institucionales hayan abandonado el parqué español. Los más cautos de los extranjeros ya lo hicieron tras la saga de Endesa. El Gobierno no es responsable de la evolución de los mercados. No puede controlar el ciclo económico ni los estados de ánimo de los agentes, pero sí podría haber sido más diligente y menos doloso en reconocer el deterioro de la situación, utilizado su autoridad moral para evitar excesos, contribuido a mejorar la imagen de los reguladores bursátiles en vez de someterlos a su dictado político con un alto coste. Todos esos errores, que seresumen en el sometimiento de la economía a los intereses electorales del Partido Socialista, son los que ahora que empieza a oler demasiado a recesión nos pasan factura.