Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
36 INTERNACIONAL DOMINGO 6 s 1 s 2008 ABC La tentación de la guerra étnica La crisis política que atraviesa Kenia responde más a conflictos locales sobre la propiedad de los recursos que a un conflicto étnico, según varios analistas, que rechazan por exagerada cualquier comparación con el genocidio ruandés de 1994 BORJA BERGARECHE MADRID. Las imágenes de masas enfurecidas blandiendo machetes, decenas de personas quemadas vivas dentro de una iglesia y la tensión entre diferentes tribus africanas que siguieron a las elecciones celebradas el 27 de diciembre en Kenia han centrado la atención mundial en el peligro de una enésima guerra étnica en África. La comparación con el genocidio ruandés de 1994 ha sido inmediata. Y numerosos comentaristas han achacado esta nueva crisis africana a unos supuestos odios ancestrales que hacen de la violencia una característica inevitable de la vida política en el continente negro. Sin embargo, según los expertos consultados por ABC, este análisis impide ver las causas reales de la crisis. La etnicidad ha estado presente en la política keniana desde los tiempos de la independencia (1963) pero yo desmitificaría lo del conflicto étnico. La causa inmediata de la crisis es política explica David Kerol desde Nairobi, donde reside desde hace siete años. Según François Grignon, director del programa para África del International Crisis Group, asistimos a una protesta electoral que ha tomado un rumbo violento debido a la interferencia de problemas locales, que llevan años pendientes de ser solucionados, en torno a la propiedad de la tierra La teoría de los odios ancestrales fue popularizada a mediados de los 90 por Robert Kaplan, escritor y periodista de EE. UU. con la publicación de su libro Fantasmas balcánicos (1993) Kaplan centraba la causa de las guerras que desintegraron Yugoslavia en unos históricos odios étnicos y religiosos que habrían hecho imposible impedir la limpieza étnica que se desató. Su obra, que fue leída por el entonces presidente de EE. UU. Bill Clinton, fomentó según sus críticos la inacción occidental en Bosnia. En Kenia hay tensiones tribales, pero éstas son manipuladas y exacerbadas por los líderes políticos en su lucha por el poder. ¡Hemos llegado a una situación ridícula! exclama, desde su casa en Limuru (al norte de Nairobi) Suzy Nottingham, productora de cine y televisión keniana de padre británico y madre kikuyu. Los odios ancestrales tienen muy poco que ver con lo que ocurre. La mayoría de los conflictos étnicos están provocados por tácticas políticas actuales explica Jack Snyder, experto de la Universidad de Columbia. Ninguna de las personas consultadas niega la importancia de la pertenencia tribal en un país en el que existen unos cuarenta grupos étnicos autóctonos. La cuestión étnica es muy sutil en Kenia, pero no tiene nada que ver con la Ruanda de los 90. y su importancia ha disminuido debido al alto número de matrimonios mixtos explica Nottingham. La tensión étnica está ahí opina Robert Njuguna, consultor en una empresa multinacional. Pero según Njuguna, kikuyu residente en Nairobi, no es sostenible: en mi vida profesional la etnia no desempeña ningún papel, y ninguno de mis mejores amigos es kikuyu Tiene que terminar la ilusión del papel de la etnicidad en la política africana exclama Grigon. La etnicidad es parte de la identidad de las personas y no va a desaparecer, pero no hay ninguna ley natural que indique que porque la política esté organizada en torno a afiliaciones étnicas las personas no puedan convivir pacíficamente añade. Para Nottingham, la etnicidad es más una cuestión local Michela Wrong, escritora británica y autora de dos libros sobre África publicados en España por Intermon, lo corrobora: En Kenia, y en otros lugares, la política equivale a nepotismo y a clientelismo étnico, y la gente cree que si alguien de su comunidad está en el poder tendrá mejores carreteras y mejores puestos en la capital Los enfrentamientos étnicos han sido muy bien manejados por los líderes políticos explica Alberto Eisman, director para África de Intermon Oxfam. Daniel Arap Moi (presidente del país entre 1978 y 2002) era un maestro añade. En los enfrentamientos que siguieron a las elecciones de 1992 y de 1997, ambas ganadas por Moi, murieron unas 1.500 personas en el Valle del Rift y unas doscientas en la ciudad portuaria de Mombasa. Cualquier situación de inestabilidad se aprovecha para el saqueo explica Kerol. Pero la gente está harta de violencia cree Njuguna. El riesgo de que se produzca un genocidio similar al que sufrió Ruanda en 1994- -algo ridículo según Wrong- -es muy improbable, porque aquí la sociedad civil es más madura, los medios de comunicación siguen la situación de cerca, y habrá mucha presión para que Kenia no deje de ser una isla de estabilidad en una zona inestable opina Eisman. (mayoritariamente kikuyu) conocida como la mafia del Monte Kenia a la que pertenecen los dos candidatos en liza, el presidente Mwai Kibaki (kikuyu) y el opositor Raila Odinga (luo) En el caso del Valle del Rift (donde murieron abrasadas más de 30 personas en el interior de un iglesia el martes) la base del conflicto está en la distribución de las tierras de los colonos blancos en el momento de la independencia, que benefició a los miembros de la etnia kikuyu en detrimento de otras etnias explica Grignon. Las comunidades sin tierra encuentran en estos episodios de violencia una oportunidad para ajustar viejas cuentas añade. Wrong, que trabajó durante años como corresponsal en África, cree que asistimos al más grave episodio de violencia política en un país que tiene una historia de limpieza étnica Pero si todo el mundo en Kenia viviera bien- -exclama- -no habría violencia étnica Eisman también señala la cuestión socio- económica: la violencia está motivada por una situación de pobreza, en Kenia todavía el 60 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día Por eso, insiste Njuguna, el país tiene que seguir adelante Conflicto generacional A la hora de encontrar las causas profundas de estos episódicos estallidos de violencia, Wrong describe una revuelta de una generación joven, pobre y sin empleo contra una vieja generación de ministros con más de 70 años rodeada de privilegios En un país en el que el 42 por ciento de la población tiene 14 años o menos, el descontento se centra en esta vieja guardia septuagenaria La ilusión de la etnicidad Los disturbios en Kenia deben mucho al descontento hacia la vieja guardia política septuagenaria Familiares de civiles muertos durante los choques tribales kenianos tratan de identificar cadáveres en una morgue de Eldoret AP