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ABC DOMINGO 6- -1- -2008 La inmigración en España ESPAÑA 27 Autobuses con dirección a Rumanía en la estación de autobuses de Valencia por Italia (San Remo, Imperia, Alessandria, Milán, Brescia, Verona, Treviso... nos introducen en la música manele con la que nos deleita el chófer del autobús. El volumen es atronador. De estilo balcánico, el manele es un fenómeno muy extendido en Rumanía, especialmente en áreas rurales y las zonas menos favorecidas económicamente, sobre todo entre grupos de etnia gitana. Todos los vídeos musicales (como los eróticos de los móviles 3 G) responden a un mismo patrón: un hombre hace alarde de su coche y su fajo de billetes, todo ello aderezado con decenas de mujeres explosivas y ambiente mafioso. Durante horas, cantantes como Nicolae Gota (máximo exponente del género) Casanova o Florin Peste reflejan la realidad del nuevo rico que vuelve a casa y colma a sus amigos con todo tipo de presentes. Es la música de los gitanos explica uno de los inmigrantes rumanos, algo desqui- ciado porque dos turistas españoles puedan pensar que ése es el folclore rumano. No es así. Nicoleta, 21 años, se casó con un hombre de 45 años en Villanueva de los Castillejos (Huelva) Su viaje comenzó en Ayamonte, en la frontera con Portugal, y terminará en la frontera con Moldavia... Para ella son ¡75 horas en autobús! Martes, 16: 08. Al llegar a la frontera con Eslovenia, el conductor- -los paquetes atestan la planta baja del autobús junto a pasajeros- -lanza un aviso para que cada pasajero pague una cantidad extra de cinco euros como peaje para que los funcionarios eslovenos no registren los bultos y demoren así la marcha (Eslovenia es un país de la UE suscrito recientemente al Acuerdo Schengen) Rápidamente, el líder del clan gitano presente en el autobús se hace cargo de la recogida del dinero. Muchos pasajeros creen que sus paquetes pueden ser registrados, como a veces sucedía antes de la entrada de Rumanía en la UE (1 de enero de 2007) y acceden al pago. Otros se niegan. Hay alguna discusión. Vosotros no tenéis que pagar... sois americanos nos informa el líder del clan a modo de cortesía. En la aduana, el conductor pasa un sobre al funcionario esloveno. ¿Cuánto dinero? ¿A dónde va a parar su totalidad? (Claudio se ríe y señala el bolsillo) Como si un símbolo de las pésimas relaciones históricas que Rumanía ha tenido con su vecina Hungría, el autobús transcurre sin pausa por el país magiar. De noche. A hurtadillas. Un cruce vertiginoso. Miércoles, 5.30 de la mañana. Un policía rumano recoge una veintena de pasaportes- -Rumanía no es aún un país del área Schengen- Ya en territorio rumano, la primera imagen, en una gasolinera rodeada de nieve a menos siete grados centígrados, es esperpéntica: un grupo de trileros trata de captar la atención de los inmigrantes para sacarles unos euros. Pero nadie pica. Recibimiento por todo lo alto Poco a poco las caras de agotamiento se atemperan. Ya estamos en Rumanía grita uno de los viajeros. Algunos, extasiados, por fin abandonan el autobús (donde el aire tras dos días de marcha se hace irrespirable, espeso) Un recibimiento por todo lo alto espera al héroe particular que trabaja en España. Aún resta camino: no hay autopistas, un paisaje totalmente nevado en los Cárpatos, temperaturas extremas de hasta menos diez grados centígrados, ventanas que se congelan en el interior del vehículo... y a 165 kilómetros del destino final el gasóleo del depósito se congela. ¿El remedio? Una antorcha casera para calentar los bajos del vehículo. Miércoles, 21 horas. Tras 55 horas y un nuevo cambio de vehículo, llegada al destino final. Targoviste, una ciudad triste que explica el porqué de la emigración. La nieve nos recibe, el autobús prosigue su marcha. An nou fericit Llegada a la localidad rumana de Buzau tras casi cuarenta horas de trayecto Dos pasajeros esperan, impacientes, la apertura de la puerta