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12 LA ENTREVISTA DOMINGO 6 s 1 s 2008 ABC (Viene de la página anterior) P. PETER- HANS KOLVENBACH -La conciencia de que hemos perdido colectivamente el respeto a lo creado (la creación) se ha agudizado mucho en estos últimos años. Hay aspectos teológicos que no son nuevos pero que emergen ahora con más fuerza. San Ignacio se extasiaba contemplando la creación y, por otra parte, inculcaba usar las criaturas con medida: el famoso tanto cuanto Desde siempre la tradición cristiana ha visto la mano de Dios en la creación (hay salmos bellísimos sobre este punto) y no se concibe que se muestre gratitud por los dones recibidos por una parte mientras que se malgasten caprichosamente por otra. Sobre todo sabiendo, como sabemos ahora, que el derroche por parte de un mundo técnicamente avanzado es una ofensa a quienes carecen de lo más mínimo. No creo que aparte de esta actitud ignaciana de responsabilidad en el uso de las criaturas (y en el lenguaje ignaciano criaturas son todas las cosas que hemos recibido) se pueda hablar en sentido estricto de una acción ecológica antigua por parte de la Compañía. La Congregación General discutirá las consecuencias que puede tener para la solidaridad universal el mal uso de lo que abunda en el mundo moderno. -El Papa insiste cada vez más en la protección del medio ambiente global y en la necesidad de poner fin al derroche energético. ¿Se puede decir que la Compañía llevaba ya tiempo batallando en estos frentes? el modo de gobierno, en los criterios de admisión, en el modo de formar a los futuros jesuitas. HOLANDÉS, ÁRABE Y ROMANO Perteneciente al rito armenio y sumergido en la espiritualidad oriental, ha sido capaz de recoger las huellas arrupistas, pero insistiendo en su perfil más profundo, ese perfil donde el hombre se encuentra personal y misteriosamente con su Dios en cuanto Dios POR NORBERTO ALCOVER, SJ. Cuando en rueda de prensa recientemente celebrada en Madrid para presentar la futura Congregación General de la Compañía de Jesús que elegirá al sucesor del actual Prepósito General, le preguntaron al P. Lluís Magriñà, colaborador durante largos años del superior saliente, qué haría el P. Kolvenbach una vez cerrado su ciclo de gobierno en la Compañía, respondió con estas palabras: Si pudiera, saldría por la puerta de atrás y desaparecería No sin antes haber comentado, a preguntas de los periodistas, que parecía probable su retorno a Oriente Próximo, y en concreto a Beirut, para proseguir su trabajo como lingüista en la ciudad donde fue ordenado sacerdote en 1961, y en la zona jesuítica de donde fue Viceprovincial desde 1974 a 1981. Una zona del planeta y una ciudad a donde llegara en 1958 con treinta años de edad y diez de jesuita. Este hombre de mediana estatura, con perilla discreta, gafas un tanto desfasadas, permanente sotana, de andar inquieto y, sobre todo, sonrisa tan diluída como eficaz, ha estado al frente de la Compañía de Jesús desde 1983 a este 2008 recién comenzado. Cuando le entregaron el timón de la nave de Ignacio, la situación era delicada para los remeros jesuitas: durante casi tres años, Juan Pablo II, alterando el orden natural de las Constituciones de la Compañía, había nombrado como representante personal al P. Paolo Dezza, ya muy entrado en años y del todo cercano a la Santa Sede. Recuperado el ciclo normal de la Compañía, el holandés Peter- Hans Kolvenbach resultaba elegido para restaurar la serenidad un tanto golpeada, custodiar con prudencia el legado de Pedro Arrupe, pero sobre todo enfrentar con decisión obediente la recta final del siglo XX, de tan graves desafíos para la sociedad y para la Iglesia. Era casi un desconocido para la mayoría de sus hermanos, y solamente llevaba dos años como rector del Pontificio Instituto Oriental de Roma. De La Haya a Beirut, y de Beirut a Roma. Holandés, árabe y romano. Un periplo perfectamente adecuado para el protagonismo que el Islam adquiriría en breve tiempo. Perteneciente al rito armenio y sumergido en la espiritualidad oriental, ha sido capaz de recoger las huellas arrupistas pero insistiendo en su perfil más profundo, ese perfil donde el hombre se encuentra personal y misteriosamente con su Dios en cuanto Dios. Y desde tales huellas así perfiladas, incitó a sus jesuitas a una inculturación semejante a la vivida por él mismo, adelantándose con sensatez al mito actual de la multiculturalidad. Siempre defendió a sus hermanos, sobre todo a los teólogos liberadores sudamericanos y a esos indios que invitaban a un desafiante ecumenismo religioso: pero a la vez acertó a exigirles una obediencia consciente a las palabras del Sucesor de Pedro, haciendo gala de una libertad de espíritu cada vez más llamativa. Los pobres en el horizonte, pero sin olvidar el rol cultural de la Compañía en sociedades secularizadas o sencillamente diferentes en historia, en religiosidad y en tradiciones culturales. Como holandés participaba del espíritu crítico centroeuropeo, como árabe practicaba la sutileza como metodología comunicativa, y como romano sabía muy bien dónde estaba el referente último de la Iglesia de Jesucristo. Sin hacer ruido al andar. Siempre evasivo de todo protagonismo mediático: ¿tal vez demasiado? En 1995, solicitó de Juan Pablo II permiso para renunciar al cargo, sin conseguirlo. Hace año y medio, Benedicto XVI se lo permitía y aconsejaba esperar a cumplir ochenta años para ceder el mando de la Compañía de Jesús. Estaba cansado, porque conocía muy bien las limitaciones de un mandato tan prolongado. Ahora, según la tesis ya citada de Lluís Magriñà, pondrá el cargo a disposición de sus hermanos, seguro que recibirá el aplauso debido, cederá el gobierno a quien los electores decidan, y desaparecerá por la puerta de atrás, como suelen hacer los buenos discípulos del humilde Nazareno. Así, el holandés romanizado retornará al árabe misterioso para ser, todavía más, un sencillo compañero de Jesús. Casi nada y casi todo. ¿Es esencial la nueva atención a los laicos? ¿Es posible que estemos viviendo un cristianismo más cercano al de los tiempos evangélicos en sociedades casi tan materialistas como las de entonces? -Supongo que se refiere a los laicos como agentes de evangelización. Ha sido una gracia del Espíritu durante el Concilio Vaticano II la irrupción de los movimientos laicales: el que muchos hayan caído en la cuenta de la vocación que todos los bautizados hemos recibido de construir el Reino de Dios en la tierra. Nunca han faltado algunos laicos que han servido a la Iglesia- -a la comunidad cristiana- -con dedicación. Pero no habíamos presenciado durante siglos esta irrupción de movimientos entusiastas que viven su fe con gozo y quieren llevarla a los otros. Pero medir la calidad de un cristianismo más o menos cercano al Evangelio sobrepasa la capacidad de los instrumentos que tenemos a nuestra disposición. Kolvenbach quiere desaparecer sin hacer ruido AFP Este hombre de mediana estatura, con perilla discreta, gafas un tanto desfasadas, permanente sotana, de andar inquieto y, sobre todo, sonrisa tan diluida como eficaz, ha estado al frente de la Compañía de Jesús desde 1983 hasta este 2008 recién comenzado