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ABC DOMINGO 6 s 1 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA CUENTO DE REYES A Cabalgata solía pasar cerca de su casa con una algarabía de música y bullicio que había dejado de interesarle desde que sus hijos crecieron y los años empezaron a dolerle como una artrosis de nostalgia. La viudez le había convertido la Navidad en una punzada de ausencias que mal remediaban sus hijos acogiéndole en mesas muy abigarradas de parientes entre los que no dejaba de sentirse intruso. Cuando tuvo nietos trató de recobrar en ellos parte de la zozobra ilusionada que había sacudido tantas noches de magia, pero le faltaba la expectativa alborozada de la víspera, el temIGNACIO blor nervioso de los niños a CAMACHO la hora de acostarse, su propio júbilo paternal al subir sin ruido al trastero por los juguetes y desplegarlos en elsalón como una gozosa panoplia de sueños. Por eso cuando cambió el trazado del desfile y leyó en la prensa que los Reyes pasarían justo bajo su balcón le faltó tiempo para invitar a sus hijos a ver la comitiva con toda su prole, y preparó un jolgorio de merienda y globos en el que invirtió el candor liminal de los viejos tiempos buscando atajos para correr al encuentro de su propia memoria. Aquella mañana regresaba cargado de paquetes cuando topó con un incidente que le enfrió la alegría con un jarro de helada derrota. Unos policías locales estaban desalojando con muy malos modos al mendigo barbudo que acostumbraba a refugiarse en el chaflán de una lujosa tienda vecina, un tipo borrachín y algo burlón que arrastraba su andrajoso equipaje en un carrito de supermercado, y al que él suministraba de vez en cuandovíveres y tabacocon una lejanacomplicidad de soledades. Trató de interceder ante los guardias y se armó un bronco rifirrafe en el que lo acabaron zarandeando a él mismo por entrometerse en lo que los agentes llamaron la limpieza del barrio para la Cabalgata, un término que le molestó sobremanera y le dejó un poso deamargura que no logró sosegar la agradecida mirada que el hombre le lanzó al soslayo mientras se retiraba empujando su liviano armario de orfandades. Trató de borrar aquella ácida pesadumbre que se le rebelaba en las entrañas antes de que llegara su familia con el alboroto de la chiquillería, pero cuando aparecieron los heraldos entre un fragor de tambores, luces y serpentinas no pudo evitar bajar la mirada hasta la esquina en que solía dormir el indigente expulsado, donde ahora se agolpaba una tropa de muchachos gritones, y la sonrisa que lucía para sus nietos se congeló bajo la vaga picadura de una cosquilla de desconsuelo. El cortejotransitó antesu terraza con un esplendor de oropeles que le transportó más allá de la madurez hasta los recovecos de la infancia, mientras los niños correteaban entre sus piernas buscando los caramelos que volaban hasta el balcón, y por un momento sintió una cierta plenitud que abarcaba todos sus recuerdos y las etapas del hombre que había sido. En esa dulce burbuja del tiempo llegó incluso a sentir a su lado la sonrisa de la mujer perdida reflejada en un espejo de añoranzas, y la estaba evocando como si desenvolviese un regalo cuando pasó saludándole con la mano el Rey Gaspar, en cuyo rostro orlado de falso algodón creyó reconocer el guiño pícaro y cómplice del vagabundo que derramaba golosinas sobre un chaflán abarrotado. L EL REY, DEL JUBILEO A LA JANGADA la que venturosamente le estamos liando a Su Majestad El Rey (q. D. g. los ingleses le dirían Jubileo. Aquí, la verdad, no sé cómo llamarlo. Tengo a orgullo escribir en la hermosa lengua española y hablarla en la que los especialistas llaman modalidad lingüística andaluza Y ni en el riquísimo léxico andaluz encuentro voz que designe cómo estamos celebrando estos gozos de enero de Su Majestad. Bueno, no encontraba. Porque ayer, ABC en mano, una antigua amiga que sé que se quita años hasta en el carné de identidad, al contemplar por tierra, mar y aire (quiero decir, por prensa, radio y TV) la feliz celebración popular de los 70 tacos de almanaque de Don Juan Carlos, enseñándome la rotunda portada del maestro Mingote, me dijo, con toda su retranca serrana: ¿Y esto? ¿Dónde me dejas esto? Como la conozco bien y no tengo noticia de fervor monárquico alguno por su parte, pues se crió en aquel azulón odio a los Borbones modelo Castillo de la Mota que recordar no quiero, creí que no iba por el glorioso secano de la España que felicita al Rey y le toca la Marcha Real, sino que iba de regadío: de tricolor ANTONIO Himno de Riego, vamos. Por eso piqué BURGOS en su anzuelo, más bien potera, y le dije: -Pues esto es el habitual editorial dibujado de Mingote, que sin palabras dice todo lo que sentimos mayoritariamente los españoles: la alegría por este pedazo de Rey que tenemos, por lo bien que lo ha hecho en sus 32 años de Reinado, por la consolidación de la Corona como garantía de estabilidad y libertades, y porque... -Corta, corta- -me dijo- que se te ve el plumero; pero no por donde quiero que lo enseñes. Por eso te he dicho que dónde me dejas esto... ¿Esto, qué? -Pues, hijo, esto de que todo el mundo se entere que el Rey ha cumplido 70 años. ¿Le han preguntado a él acaso si quiere que se entere la gente o no? Porque, mira, llega una ya a una edad que el día que lo pasa peor es el del cumpleaños. Si en los viejos tratados de Urbanidad las EL RECUADRO A señoras no tenían espalda, deberían también haber puesto que no tenemos edad. Yo, por si las moscas, a nadie le digo cuándo es mi cumpleaños, no vayan a ser tan ordinarios que me pregunten los que cumplo. Y al Rey, lo mismo. ¡Qué ordinariez, tanto restregarle que tiene 70 años, y que todo el mundo se entere! -Pues lo de la Reina es peor... -Ni me hables. ¡Qué falta de educación con una señora! Todo el mundo se entera cuántos años cumple Doña Sofía, otra ordinariez. Yo no soy monárquica, ya sabes, a mí estas cosas no me dan ese entusiasmo vuestro, pero como española que sí que soy, te digo que esto de celebrar el cumpleaños del Rey es una catetada. ¡Y, además, inglesa! Porque los ingleses son tela de catetos. Aquí conocemos a la Familia Real británica, pero nos olvidamos de la Familia Ropper de aquella serie de la tele, que eran catetísimos. Y la misma Reina Isabel, con su bolsito de boquilla, con su abriguito de primavera como de boticaria de pueblo yendo a una boda, ¿habrá algo más cateto? Cuando aquí tenemos una Monarquía mucho más antigua que la inglesa, que lo leí una vez en el Point de Vue Por eso, Burgos, tú que puedes decirlo y no eres sospechoso, pues ni siquiera eres juancarlista, como todo el mundo, porque eras monárquico de su padre, el Conde de Barcelona, como en su momento lo serás de su hijo, el Príncipe de Asturias, por eso tú deberías decirlo: que a esto no hay derecho. Que España entera sepa cuántos años cumple el Rey. Cuando en llegando a los 70, y te lo digo por experiencia, da un coraje que lo sepa la gente... En España toda la vida de Dios hemos celebrado los santos, no los cumpleaños. ¡Eso es cosa de los protestantes y de los ingleses! ¿Entonces a ti no te gusta este como británico Jubileo de la Corona, para justísimo mayor honor y gloria de Don Juan Carlos de Borbón y Borbón- Dos Sicilias? -Hombre, si él quiere que todo el mundo sepa que tiene ya 70 años, pues allá él. Ahora, que como él no haya querido, en esta España donde un señor de 62 años al que pilla un coche es en los periódicos un anciano atropellado esto no es un jubileo, Burgos: esto, dicho en andaluz, es una jangada.