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ABC SÁBADO 5- -1- -2008 El mito del oasis catalán ESPAÑA 13 La insatisfacción aumenta por la crisis de las infraestructuras Una encuesta elaborada por la Generalitat revela que el descontento político alcanza al 60 de los catalanes, cifra récord MARÍA JESÚS CAÑIZARES BARCELONA. No es un tsunami, pero sí una ola atlántica aseguraba ayer el director del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, Gabriel Colomé, tras reconocer que cuestiones como el apagón registrado el pasado verano en Barcelona, los atascos monumentales en las autopistas o el socavón en las obras de un AVE que nunca se acaban, con el consecuente colapso de la red de Cercanías de Renfe han situado la insatisfacción política de los catalanes en una cifra récord. Tras varios meses de soportar una crisis en la red de infraestructuras sin precedentes en España, los catalanes han hablado en forma de encuesta. Y las cifras son elocuentes: el 58,5 por ciento de los ciudadanos de esta comunidad se declara insatisfecho con la gestión política, según desvela el Indice de Satisfacción Política Coyuntural correspondiente a noviembre de 2007, elaborado por el CEO. Este porcentaje supera en casi ocho puntos al registrado en el mes de octubre, un 50,8 por ciento. y representa el tope máximo alcanzado desde el primer sondeo de este tipo encargado por el CEO, en junio de 2005. La encuesta fue realizada entre los días 20 y 30 de noviembre en base a una muestra de 2.200 personas. El informe destaca también el perfil político del catalán insatisfecho. Así, los votantes del PP son los más descontentos, con un 58,4 por ciento, seguidos de los de CiU con un 44,1 por ciento e ICV con un 36,9 por ciento. Los más conformes son los votantes del PSC, con un 26,7 por ciento de insatisfacción y de ERC, con un 35 por ciento. Con esta encuesta, el propio Ejecutivo autonómico se ha visto obligado a admitir que las cosas no funcionan y que el catalán, no sólo está cabreado como diría el presidente de la Generalitat, José Montilla, sino que además está dispuesto a que ese descontento se refleje en las urnas el próximo 9 de marzo pues, según el mismo sondeo. En este sentido, siete de cada diez de los entrevistados (70,8 por ciento) afirman tener su voto decidido y aseguran que irán a votar en las elecciones generales, lo que permitiría reducir los altos índices de abstención registrados en las últimas citas electorales. En octubre, la participación en los comicios generales ascendía a un 64,2 por ciento. Los votantes más participativos son los del PP, según los datos del CEO, con un 89,8 por ciento, mientras que la tasa de participación de los votantes Perfil político -El 59 por ciento de los encuestados por el CEO de la Generalitat se declara dispuesto a participar en las próximas elecciones generales, mientras que un 11,8 por ciento dice estar movilizado. -Los ciudadanos más participativos son los votantes del PP, con un 89,8 por ciento, seguidos de los de ICV, con un 86 por ciento y PSC, con un 84,5 por ciento. Los menos participativos son los de CiU (82,8 por ciento) y ERC (83 por ciento) -La insatisfacción aumenta en el caso de los votantes del PP (58,4 por ciento) CiU (44,1 por ciento) e ICV (36,9 por ciento) El PP, el más participativo Siete de cada diez entrevistados han decidido su voto y aseguran que irán a votar en las generales de ICV alcanza el 86,1 por ciento. En el caso del PSC, la cifra se sitúa en torno al 84,5 por ciento, mientras que CiU y ERC son las formaciones que menos movilización tiene, con un 82,8 y un 83 por ciento, respectivamente. Está por ver cómo se traducen estos datos electoralmente, porque el último barómetro de invierno de la Generalitat demostraba que las expectativas electorales de los socialistas permanecían prácticamente intactas a pesar del colapso del servicio de Cercanías de Renfe, la suspensión de la llegada del AVE a Barcelona o el gran apagón. Según el barómetro de invierno de la Generalitat, el PSC- PSOE obtendría el 37 por ciento de los votos en unas generales, apenas dos puntos por debajo del 39 por ciento conseguido en 2004, Por su parte, CiU perdería ocho puntos en las generales, hasta el 12 por ciento, y ERC se quedaría en la mitad, con el 7 por ciento de los apoyos. YA TARDABAN EN VOLVER A FASTIDIARLA Como en un bucle, las escenas de indignación volvieron a repetirse en la estación de Sants s Sí, la estación queda bonita, pero llegamos tarde POR À. G. BARCELONA. La estación de Sants es el corazón del sistema ferroviario catalán: 50 millones de pasajeros al año y todas las líneas de Cercanías y media y larga distancia- -además del Metro- -concentradas en ella. Con una gran ampliación en marcha, aprovechando la llegada del AVE, Sants es una paradoja en sí misma. Las mejoras ya introducidas han permitido superar el ambiente de estación de Berlín Este que la caracterizaba antaño, pero, a cambio, los trenes no llegan a la hora: magníficas pantallas de plasma anuncian unos tre- nes siempre con demora, y suelos acabados de pulir reflejan el trajín de unos pasajeros maltratados. Sí, la estación está quedando muy bonita, pero tardamos dos horas en llegar desde Castelldefels explicaban a la carrera una pareja de jubilados que trataban de llegar a una prueba médica programada desde hace meses. Aunque las fechas navideñas y la vacaciones escolares hicieron que el volumen de pasajeros no fuese el habitual en un día normal, las escenas de agobio e indignación se repetían como en un bucle. Unos, los indignados, aún tenían fuerzas para acordarse de la ministra de Fomento; otros, los resignados, decían ya estar acostumbrados y miraban de pasar el rato leyendo la prensa o perforándose los tímpanos con el Mp 3. Ya tardaban en volver a fastidiarla decía a ABC un pasajero con destino a Vilanova, en la línea C 2, la de la costa, la línea mártir; y encima, sin autobuses en Barcelona Si los usuarios locales demostraban su veteranía en estas circunstancias, los extranjeros no entendían nada. Los que querían llegar al Aeropuerto eran desviados al autobús lanzadera. En rebaño y sin protestar arrastraban sus maletas guiados por un chaleco fluorescente, el uniforme del ejército de informadores- -en su mayoría suramericanos- -que intentan explicar como en esta moderna estación los trenes no llegan nunca a la hora.