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6 OPINIÓN VIERNES 4 s 1 s 2008 ABC AD LIBITUM DE CHANTAJE ADRID es una ciudad de contrastes en la que se han acostumbrado a convivir, de espaldas la una con la otra, la grandeza y la miseria. Durante las últimas tres semanas los empleados de la limpieza del Metro se han entregado a fondo, vandálicos y demoledores, para que cualquier vestigio de la primera sea encubierto por toneladas de basura y, debe reconocérseles el esfuerzo, han alcanzado su objetivo. La mierda que, no siempre espontáneamente, se amontona en el Madrid subterráneo ya aflora en superficie mientras los teósofos del sindicalismo que aquí se practica defienden, bajo el manto M. MARTÍN del incuestionable dereFERRAND cho a la huelga, una agresión fáctica a los ciudadanos. Bien está, puesto que aquí vale todo, que la huelga, a la que debemos una buena parte del progreso social del siglo XX, haya invertido sus términos. Ya no sirve, como la diseñaron los clásicos, para que los empleados castiguen a sus empleadores y, en su caso, impidan con los brazos caídos los excesos y abusos de quienes les contratan; pero lo que parece excesivo es que, según las nuevas corrientes sociales, los trabajadores descontentos agredan a los clientes y usuarios de los servicios- -a los ciudadanos- -ante la condición pública que la epidemia socialdemócrata que padecemos ha otorgado a la propiedad de la mayoría de las grandes corporaciones que prestan servicios urbanos y autonómicos. Según la Constitución vigente, que, naturalmente, reconoce el derecho a la sindicación y a la huelga, la ley que regula el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad pero, quizá por su falta de rentabilidad partidista, esa ley reguladora del derecho a la huelga es una de las que- ¡treinta años después! -siguen esperando. Los huelguistas del Metro, además de la reivindicación salarial, que siempre parece respetable y generalmente lo es, piden la luna. Quieren moscosos, como los funcionarios y, puestos a pedir, capacidad para designar sucesor en su puesto de trabajo cuando ellos lo abandonen o alcancen la jubilación. El viejo arte de hablar, capaz de construir con palabras ideas y convivencias, sustituido por la fuerza bruta y la imposición sañuda nos degenera. Rompe los esquemas de la civilización. La responsabilidad de quienes nos gobiernan, a quienes hemos otorgado como ciudadanos mandatos de actuación en lo municipal, autonómico y estatal, exige el mantenimiento del orden y la conveniente represión de los abusos y excesos que, como los de los trabajadores del Metro, han renunciado con sus formas de exigencia a los derechos que pudieran asistirles. La tolerancia en la que se amparan los vándalos es claramente antidemocrática: perjudica a la mayoría en beneficio de unos pocos- ¿trabajadores? -que confunden la velocidad con el tocino. UNA FORMA LA ESPADA DE MARTE la arena de un reloj, lo hemos perdido de la vista: nos ODOS los días, antes de sentarme a escribir esestá cayendo encima. Sin memoria, nos entierra. ta columna, leo el horóscopo de ABC. No tengo Ahora vislumbramos cómo es un mundo en el que el otra encomienda. Si los astros me advierten, pasado ha perdido su función en palabras de Hobscomo ha ocurrido en alguna ocasión, se acentúa su bawn. Es un lugar infantilizado, de mentes rasas en tendencia al despropósito me guardo. Aquel día enlas que es posible sembrar la idea más estúpida y de filé los raíles y me apliqué a formular obviedades. las que no se espera ninguna asunción de responsabiAyer, que es hoy en los periódicos, mi pronóstico velidad individual. Tampoco ningún compromiso, nía con serio aviso: Marte le presta el filo de su espapues en el tiempo de la infancia no existe el da Por eso tomé la precaución de no hablar largo plazo. de nadie más que de mí misma. Si hay que taLa tentación del escritor urgido parece evijar alguna cabeza por puro afán guerrero, medente: saltar la valla, huir del mercado ansiojor la mía, pensé. so, negarse a suministrar otra dosis a la auValga esto a modo de justificación. Nada rediencia hiperestimulada. Se puede contemsulta más pobre que los escritores escribienplar el encierro desde arriba, pero los balcodo de escritores: se ve al enunciarlo que las nes siempre entrañan riesgos. Schopenhauer alarmas del vocabulario alertan de la penuobservaba desde su ventana los acontecimienria de toda egolatría. Aunque después de haIRENE tos revolucionarios de 1848 cuando vino un ber visto La vida interior de Martin Frost, de LOZANO oficial del Ejército a pedirle que le permitiera Paul Auster, se hace imprescindible precisar usar su balcón para disparar a los demócratas. Él acque resulta aún más penoso un escritor dirigiendo cedió y le prestó diligente sus prismáticos para que una película sobre un escritor. Vayan contra él esas no errara el tiro. Borges, otro apartado del mundo, sairas que Marte me ha prestado, refrenadas aquí misludó la dictadura de Videla y a continuación se recomo en la confianza de que el fiasco le incline a volver gió en el intimismo muelle, donde no se oían los gria la novela. Enfundo la espada: punto y aparte. tos de la Escuela Mecánica de la Armada. El hombre, En cambio, hay una pregunta pertinente que se la mujer de cultura no pueden ser apolíticos, aunque formula todo escritor, o al menos todo el que escribe lo crean, porque tener cultura implica tener un juial amparo escaso de los astros: ¿para qué? El escritor cio crítico sobre el mundo. de periódicos es hoy un corredor de encierros: la besSi uno no vive su tiempo, es fácil equivocarse el tia impaciente de la actualidad le persigue en manadía que la historia llame a su puerta. Si uno vive su da mientras él la mira de reojo y la enjuicia sobre la tiempo, este tiempo visto y no visto de reojo, se sienmarcha, porque si se detiene un momento, lo arrolla. te envenenado por el ruido y la furia, que pugnan en Cuenta con veinticuatro horas, si acaso, para hacerrégimen de libre competencia. Ésa es la encrucijada se ligeramente a un lado y, cuando ceja el estruendo del escritor de periódicos hoy. La respuesta al para de las pezuñas que siempre trotan en el mismo suelo, qué resulta ser otra pregunta. Y no sé más. Y Camirar desde otro ángulo. Veinticuatro horas sin tromus, que a menudo me procura sus mapas, sólo me dipel es poca cosa, pero ya quisieran el privilegio los ce que la tarea de cada uno de nosotros es pensar del puntocom, que salen a morlaco por minuto. Una bien lo que se proponga decir Y será porque hoy tencolega turca que opina en el Hurriyet me decía hace go prestada la espada de Marte, que siento que no me poco: Vivo tan asaltada por la actualidad que no tenbasta. go tiempo de ordenar los recuerdos Si el tiempo es CON CAJAS TEMPLADAS M T -Mercado inmobiliario... ¿Estás ahí?