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ABC MIÉRCOLES 2- -1- -2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 79 Desmontando a Woody Woody Allen volvió ayer a Barcelona- -escenario de su por ahora última película- pero esta vez para mostrar su otra faceta, la de clarinetista. Ya durante el rodaje de Vicky Cristina Barcelona Allen tocó en distintas ocasiones, y ayer lo hizo en el Liceo LUIS MARTÍN Woody Allen no es un jazzista. A menudo, él mismo reconoce que utiliza el clarinete con fines terapeúticos y, r otra parte, su dedicación a este instrumento no pasa de ser la de un usuario avanzado. Distinto es que la fuerte presencia que concede al jazz en las bandas sonoras y argumentos de sus películas le hayan convertido en responsable de una divulgación de esta música mayor que la realizada por cualquier otro cineasta, excepción hecha de Clint Eastwood, que también interpreta y compone al piano. Treinta años han transcurrido desde que este artista reflejó en su filme Manhattan las diez razones por las que era conveniente perpetuarse. Así, entre Groucho Marx, Flaubert, Cézanne y algunas certezas más, Woody Allen citaba la aprobación a aquella fascinante grabación de Potatohead blues materializada por Louis Armstrong. La música de jazz era ya una de las prioridades del artista en 1978, y a España ha venido una vez más a demostrarlo. Allen sólo era un adolescente la primera vez que escuchó uno de los espacios radiofónicos del disc- jockey Ted Husing. En aquel programa disfrutó íntegramente de un concierto ofrecido por el saxo soprano Sydney Bechet, asistente, primero, de Joe King Oliver y, más tarde, de Duke Ellington. Los calcinantes arpegios de Bechet han atravesado varias de las épocas más floridas del jazz. Años más tarde, al encontrarse con un amigo que acababa de comprar su primer disco de Sydney Bechet, Woody comentó: Daría lo que fuese por estar en tu lugar y escuchar esta música por vez primera Bien, en recuerdo de aquellos dulces años de acné y tocadiscos pasados con Bechet, sigue tocando Woody el clarinete y, de vez en cuando, lo lleva a las sesiones de su conjunto, la New Orleans Jazz Orchestra, que continúa reuniéndose una noche a la semana- -los lunes- -en el Hotel Carlyle de Nueva York, su refugio desde que cerrara el mítico Michael s Pub, donde tocó, como él mismo recordaba, durante treinta y siete años, y casi siempre con los mismos músicos, de los que sólo unos pocos son profesionales, aunque todos toquen como si lo fueran Visitas precedentes de esta banda desdicen, sin embargo, la afirmación. Cumplen- -y Woody Allen con ellos- -como buenos aficionados, sí. Pero el detalle no es como para coronarles con el título de los pesos unificados del jazz. Mejor es seguir viendo películas. Ahí sí hay materia. Y estilo. No hay quien desmonte a Woody Allen como cineasta. AFP fútbol ze la mueca compungida de la polca Bluette o algún afectado rubato de Dorfschwalben aus Österreich Así las cosas, no es de extrañar que el concertino de la Filarmónica de Viena quisiera acabar sacándole a Prêtre tarjeta roja. Aunque todo pareciera hecho para llamar la atención con motivo de la Eurocopa 2008. No fue así: no lo pretendían ni el socarrón reportaje montado por Georg Riha en el descanso de la transmisión, ni la colocación de bufandas en el cuello de los músicos que tan feliz hizo a uno de los trombones, ni el ballet futbolero en plena calle, ni el balón que sacó el maestro y ni el pito que este tocó en la Sport Polca Habría sido una falta de seriedad en un concierto que este año ha tenido por toda revolución el haberle guiñado el ojo a la Francia. Así lo saben quienes se despertaron para comprobarlo. Señoras, señores, ciudadanos del mundo, todos ellos, ilusionados con la inminente felicidad de 2008. Más información sobre la banda: http: www. woodyallenband. com Woody Allen, ayer durante su concierto en el Liceo barcelonés EFE FLAMENCO Festival de Vallecas Cante: Mayte Martín. Guitarra: José Ramón Caro. Baile: Rocío Molina y su grupo. Lugar: Auditorio Francisco Rabal, Madrid Mayte Martín y Rocío Molina, en el candelero MANUEL RÍOS RUIZ Un año más, el Festival Flamenco de Vallecas ha supuesto un éxito artístico y de público. En la última sesión sus organizadores optaron por una programa- Más información sobre el concierto: www. wienerphilharmoniker. at ción femenina y joven, formada por la cantaora catalana Mayte Martín y la bailaora malagueña Rocío Molina. Ambas gozan de seguidores en los madriles y en la taquilla se colocó el cartel de no hay billetes. Se trata de dos artistas en candelero y que representan a las nuevas generaciones flamencas en concepciones interpretativas, incluso en el uso del vestuario. Rocío Molina, en su primera actuación, por tarantos, dejó patente sus facultades vistiendo un traje de calle, compuesto de chaqueta y falda corta de cuero y calzando botas altas. Vestuario que a nuestro parecer, le resta prestancia y voluptuosidad flamenca a todo movimiento y braceo. En su segunda apari- ción en escena también lució ropa muy alejada de la tradicional del género y, finalmente, apareció con traje suelto negro, sin faralaes, para interpretar dos letras de soleares seguidas de bulerías, en una comparecencia larga y lucida, que los presentes aplaudieron ampliamente atraídos por su empedernido afán de originalidad. Y Mayte Martín, acogida con cerrados aplausos, vestida con chaqueta y pantalón, estuvo durante toda la velada acompañada con mimo y justeza por el perfeccionismo tocaor de su habitual guitarrista José Ramón Caro, otros de los excelentes intérpretes flamencos que ha dado últimamente Cataluña. Mayte Martín, a estas alturas de su trayectoria, no tiene que desmostrar nada. Fiel a su forma de configurar sus repertorios, se templó por peteneras y continuó por malagueñas rematadas con el famoso verdial que dice: En la cruz blanca del barrio, un sereno se dormía. Una voz le daba voces: Sereno, que viene el día Luego echó mano de las soleares y de las siguiriyas con acierto, resultando estos cantes lo mejor de la velada. Y remató su recital con el garrotín y la guajira. Como propina, cantó una emotiva vidalita, adornada con una sensual danza de Rocío Molina. Están en candelero y el público se empeñaba con sus aplausos en que continuaran en escena, pero no lo conseguiría.