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78 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 2 s 1 s 2008 ABC Georges Prêtre muestra un balón oficial de la Eurocopa que se disputará este año en Austria y Suiza El Concierto de Año Nuevo juega al La celebración de la Eurocopa este año en Austria marcó la más popular cita de la música clásica. Georges Prêtre, primer francés que dirige el concierto vienés, sacó tarjeta amarilla, recibió tarjeta roja, tocó el silbato y jugó con el balón ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Está demostrado que contemplar un concierto en televisión tiene tanto de aventura como viajar a bordo del explorador de Internet. Lo sabe hasta TVE, que por esa razón programa habitualmente la música seria, clásica, culta o como ustedes gusten, que el año es muy joven para empezar a discutir, a horas tan intempestivas que hasta la melodía más sutil es capaz de poner en guardia al pacifista. Pero por mucho que en la pequeña pantalla, aun ampliada con el home cinema lo que suene sea una caricatura y lo que se vea un esbozo, cualquier regla se rompe ante un fenómeno de trascendencia universal como el Concierto de Año Nuevo en Viena. Una vez más, la edición 2008 ha dejado pequeña la filosofía y ya se contabilizan en el mundo millones de almas hipnotizadas ante el rutinario girar del vals, la gracia saltarina de la polca y la marcha mecánica del galop. Con el fin de servir a tantas buenas gentes cuya afición corre paralela a la alegría imperial de la casi nonagenaria República Austriaca, el primer sonido de este año ha vuelto a ser el del despertador. Que se lo digan a José Iges, cuya impecable profesionalidad acompañó la transmisión de Radio Clásica; Fernando Argenta, tan cordial en Radio 1, o José Luis Pérez de Arteaga, exacto hasta en el análisis de lo interpretado, tal y como se pudo ver en esa TVE que no duda en salvar la música si es que ésta arrastra audiencia. A todos ellos, y a falta, otra vez, de un adecuado asiento en el muy solicitado aforo de la Musikverein de Viena, se debe el relato de este evento imprescindible que moviliza la curiosidad general. Por si alguien duda de su poder de convocatoria, el tráfico en la red ha obligado a la página web de la Filarmónica de Viena a ofrecer una versión reducida entre el 31 de diciembre y el 2 de enero. Eso sí, se admite la compra anticipada de la grabación que estará en el mercado dentro de dos semanas. Pero hay cifras más concretas en un concierto en el que los números siempre tienen fundamento. Sesenta y dos años lleva celebrándose, cincuenta que se transmite y, nada menos, que ochenta y tres ha cumplido el maestro Georges Prêtre, encargado, en esta ocasión, de dirigir a la Orquesta Filarmónica de Viena, en pie tras siglo y medio de existencia. Ante estas circunstancias, abrumadoras en lo grueso, sólo cabe ampararse en descubrir lo detalles más finos. Afortunadamente ha vuelto a estar presente otro histórico, el realizador televisivo Brian Large, como siempre capaz de decorar el ceremonial con elegancia y minuciosidad, precisición, exquisitez digital y, al tiempo, acabar de despertar al oyente comenzando el concierto con un espectacular barrido desde las lámparas de la sala dorada de la Musikverein. Lo suyo es hacer creer que hay vida al margen de un guión que transcurre al milímetro. Y si no es así, tiempo habrá de borrar para el dvd y el cd que se comercialicen la presencia de un fotógrafo detrás del timbal o las toses de una espectadora en el Kaiser Walzer Incluso el plano fijo de ese espectador oriental que dormitaba minutos antes de que saltara agilísimo de la butaca para fotografiar a la pareja de bailarines que este año, por primera vez, atravesó (sigilosamente, todo hay que decirlo) el patio de butacas al compás de un Danubio azul que sonó de forma muy particular. Porque está claro que, convertido en legendario el recuerdo de viejo encanto de balneario que imprimía a esta música Willy Boskovsky, la llamativa conversión a espectáculo de masas que avanzó Lorin Maazel, y el variado desfile por la pasarela de la Musikverein de otros maestros que impusieron su personalidad tras el genial Herbert von Karajan, el Concierto de Año Nuevo 2008 ha tenido en Georges Prêtre a un director peculiar. El primer francés de la lista se inclinó por hacer un programa de guiños patrióticos, con obras en referencia al Galope de Versalles la Marcha de Napoleón París, las operetas de Offenbach o las polcas francesas, una de ellas evolucionando en pantalla junto a los caballos de la Escuela Española de Equitación de Viena. Para qué negarlo, fue ésta una gracia en un concierto un punto anodino, que transcurrió entre lo amodorradillo de aquel Kaiser Walzer el éxtasis algo decorativo del vals Hafball Tan- El francés Georges Prêtre- -al que el año próximo sucederá Daniel Barenboim- -confeccionó un programa con guiños patrióticos