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ABC MIÉRCOLES 2- -1- -2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 77 Milicia y descripción de las Indias de Bernardo de Vargas Machuca. Madrid, 1599. A la izquierda, el famoso Vesalio Repertorio de tiempos y historia natural desta Nueva Espana de Enrico Martínez. En la emprenta del mesmo autor México, 1606. rente a los problemas de gobierno en el Nuevo Mundo, así como muchas de las descripciones geográficas, mapamundis y los tratados náuticos (tales como la obra de Waldseemüller donde por primera vez aparece la palabra América) que hicieron posible la hazaña. Y tampoco faltan las historias de cronistas e historiadores y, por supuesto, misioneros que se aventuraron en aquellas lejanas tierras, e incluso varias gramáticas y ortografías para mejor hablar y hacerse entender de los nativos, así como para profundizar en sus creencias, ritos y cultura. Agárrense, porque entre los tesoros del señor Guerra se encuentran las ocho primeras ediciones de tratados de fray Bartolomé de las Casas, entre las que se encuentra la Brevíssima relación de la destruyción de las Indias, en una edición sevillana del año 1552. Hombre viajero y con don de gentes, don Francisco también ha agavillado a lo largo de su aventura bibliofílica numerosos libros dedicados a las grandes exploraciones de los navegantes portugueses en los siglos XVI- XVII, entre los que se pueden y deben destacar obras básicas de la historiografía lusitana como las de Joao do Barros, Diogo do Couto y Manuel de Faria e Sousa. El resto del planeta tampoco ha escapado a la pasión de este hombre de noventa y dos años nacido en Torrelavega. De ahí que no falten los libros de viajes alrededor del mundo en su biblioteca. Libros tales como el único ejemplar conocido en España de la primera edi- El mundo es un pañuelo tiempo que la Biblioteca alberga un magnífico ejemplar de las Reglas de orthographia de Antonio de Nebrija. El intensísimo desarrollo y el auge de la imprenta española poco tiempo después de su invención también tiene cabida en este legado, de manera que podemos admirar el trabajo de los primeros talleres tipográficos de nuestro país, como las prensas sevillanas de Jacobo Cromberger, que allá por 1516 compusieron la Corónica del sancto rey don Fernando ter- cero deste nombre, del que Francisco Guerra adquirió el segundo ejemplar conocido en el mundo, único completo. Otra diana. América, que le acogió como exiliado tras la Guerra Civil, y en la que vivió y trabajó durante bastante tiempo, ha sido otra de las grandes pasiones de don Francisco. Y su labor bibliófila, digna también del empuje y el tesón de cualquiera de nuestros conquistadores. Guerra ha ido reuniendo obras sobre toda la documentación refe- ción de 1598 de The principall navigations de Richard Hakluyt, además de obras extraordinarias de Ludovico di Varthema, Dampier, Bouganville o el legendario capitán Cook. El Nilo, o la Etiopía del mítico Preste Juan son otras de las delicatessen de este apartado. Al ser don Francisco doctor en Medicina no podían faltar en sus anaqueles diversos títulos sobre el arte de sanar. Como un libro de Dioscórides (siglo I. d. C) De medicinae materiae, en edición de Antonio de Nebrija en 1518. Pero hay más, mucho más, como el Canon de Avicena, obras de Sinforiano Champier, padrino de Miguel Servet, o la Fabrica de Vesalio (1543) descollante renovador de la anatomía. Un libro valorado en cerca de trescientos mil euros como ya se ha señalado. Los clásicos de la ciencia a lo largo de la Historia aportan también obras fundamentales como la primera edición de la Óptica de Isaac Newton (1704) además de diversos ejemplares de Galileo, Darwin y Lavoisier que la Complutense no tenía. Finalmente, también se debe resaltar la sección de libros religiosos, que alberga casi trescientos cincuenta ejemplares: tesoros como, sin ir más lejos, una Biblia latina del siglo XIII, o las bellísimas ediciones de libros de horas del siglo XVI (como el de Francisco I, París, 1512) y distintas piezas de carácter popular, como las novenas del XVIII al XX e impresos de devoción, y vidas de santos cuya actividad tuvo lugar en América (San Benito de Palermo o San Pedro Claver) Igualmente también se dan cita en la biblioteca de don Francisco varias relaciones de martirios e impresos sobre la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Tal y como señalan Marta Torres Santo Domingo y José Antonio Magán, director de la Biblioteca de la Complutense, no es fácil encontrar palabras para calificar esta colección. Única, exquisita, rara, valiosísima, irrepetible, excepcional, serán adjetivos que usaremos constantemente en los años venideros para según vayamos investigando los ejemplares de la colección. Y es también muy difícil ponderar la personalidad de Francisco Guerra y su decisión de dejar a la Biblioteca Complutense su biblioteca particular. Un acto de esta naturaleza sólo puede nacer de un espíritu inteligente, generoso, provocador, estimulante y, sobre todo, amante de la ciencia y enamorado apasionado del conocimiento. Serán necesarios muchos años de estudio para ir desentrañando los misterios que habitan en el alma del creador de esta biblioteca Francisco Guerra, sencillamente, el (pen) último mohicano de la bibliofilia. Irrepetible, excepcional El legado de Francisco Guerra ofrece una muestra excepcional de la historia mundial del libro y sus contenidos Más información sobre la Biblioteca: http: www. ucm. es BUCM foa