Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
58 AGENDA Tribuna Abierta MIÉRCOLES 2 s 1 s 2008 ABC Pablo Barrios Almanzor Diplomático. Cónsul general de España en La Habana REENCUENTRO CON EL DIÁLOGO INTERCULTURAL N libro es, tantas veces, un eco, una confirmación. Ver, por fin, plasmado, el pensamiento. La intuición, desarrollada, convertida en certidumbre. El tesoro, encontrado. ¡Con qué intenso desvelamiento interior fui devorando las páginas de ese ensayo tal vez irrepetible, Los testamentos traicionados en que Kundera va ya acercándose definitivamente, tras El arte de la novela al misterio de la gran literatura, de las cimas de la música universal. La levedad, la ambigüedad, el humor, ¡quien lo diría! nos tienen que acompañar en el camino hacia este encuentro. El secreto insondable, que yo entreveía, está compuesto de esos retazos brumosos, azarosos, contradictorios, que el creador no puede abarcar y no puede recoger para todos nosotros, si no tiene una disposición totalmente abierta, el alma libre para escucharse y para decir, más allá de todo horizonte. Dentro de sí mismo y al hablar con otros, con todos, Kundera se considera un heredero no solo de la tradición novelística europea, que abre Cervantes, sino de una tradición universal que abraza tanto a Kafka como, allende el Atlántico, a Hemingway. Está en diálogo permanente con los grandes escritores del pasado y del presente. Ese intercambio es una condición imprescindible para la creación de altura. No hay peor enemigo para una literatura y un arte de calidad que encerrarse, refugiarse en un contexto local o regional empobrecedor. El diálogo entre creadores y entre culturas se sitúa por consiguiente, en el mismo corazón de la obra de arte, en el misterio de su belleza y de su intensidad. Las reflexiones de Kundera sobre la necesidad de esta apertura artística y cultural, pueden entenderse del modo más directo desde la perspectiva de un español que haya vivido el franquismo y la transición. La apertura al exterior, para el escritor checo, no es sólo una condición necesaria per se para llegar a unas elevadas metas en arte y literatura. En el caso concreto de su país, esa abolición de las fronteras era el medio de derrotar el aislamiento a que había sometido la Unión Soviética a los países de Europa Central y de devolverles a su lugar natural en el corazón de una Europa que habían contribuido decisivamente a conformar. Tiempos bien distintos ahora para el diálogo intercultural. El péndulo ha girado de un extremo al otro. El diálogo intercultural se concentra casi exclusivamente en el re- El secreto insondable, que yo entreveía, está compuesto de esos retazos brumosos, azarosos, contradictorios, que el creador no puede abarcar y no puede recoger para todos nosotros, si no tiene una disposición totalmente abierta, el alma libre para escucharse y para decir, más allá de todo horizonte U conocimiento puro y simple de la diversidad cultural, de la distinta realidad del otro. La interpretación o intercomunicación corren siempre el riesgo de ser instrumentos contaminantes, desnaturalizadores asfixiantes. todo ello se añade la triste realidad de que cualquier reunión internacional de diálogo intercultural, hoy en día, está dominada por políticos, representantes de comunidades religiosas, especialistas académicos de la más variada procedencia y que hay que buscar con lupa a poetas, pintores, escritores, músicos... La cultura erigida en un absoluto (olvidando que por antonomasia, toda cultura es plural y dinámica) se encierra en la gran prisión de las civilizaciones y de las religiones, como identidad única o fundamental de los individuos, privándoles de su libertad básica como seres humanos, abiertos a un amplísimo conjunto de influencias culturales que coexisten en ellos, confiriéndoles precisamente toda su particular riqueza y diversidad. Independientemente de la corrección de esta vuelta de tuerca histórica a la que tal vez han contribuido decisivamente, tanto el fanatismo islamista como el énfasis puesto en las civilizaciones (y en especial, sobre la occidental) por autores como Huntington, constituye una tarea urgente restablecer un equilibrio entre el respeto a la diversidad cultural, por un lado, y la continuación de los esfuerzos que favorezcan el intercambio y la interpretación entre las culturas. El diálogo intercultural, en definitiva, tal como es explicado por Kundera. Es verdad que la globalización ha puesto sobre el tapete el gran peligro de una uniformización universal, que puede acabar con los particularismos culturales y que este riesgo se ve agravado aún más por la brecha digital, por la desigualdad tecnológica que existe entre los países en materia de telecomunicaciones. Contrarrestando este A movimiento, la diversidad cultural ha sido legitimamente reconocida como un derecho universal y la UNESCO ha llevado a cabo un trabajo ejemplar, a través de la Declaración y la Convención sobre Diversidad Cultural que se aprobó hace dos años en la Conferencia General en París. El mercado no puede regir exclusivamente en materia de flujos culturales y todos los Estados tienen el derecho y la obligación de subvencionar y proteger a sus propios productos culturales. El problema radica en que en el esfuerzo por situar a los propios creadores en pie de igualdad con sus homólogos extranjeros, se olvide que el diálogo cultural, la apertura al exterior, la necesidad de un flujo recíproco de influencias deben ser siempre reafirmadas y fomentadas. El pensador iraní Ramin Jahan Begloo recordaba, en un reciente artículo, el éxito paradigmático de la excepción española o el espíritu de Córdoba (la convivencia e intercomunicación entre las culturas cristiana, judía y musulmana) concluyendo que en términos pragmáticos, las aspiraciones nacionales y religiosas de las diferentes culturas y credos no pueden abordarse desde un universalismo que se sirva de principios radicales de índole nacionalista y religiosa. Como tal, la idea de un islam o de una Europa convertidos en fortalezas culturales y políticas hechas de culturas homogéneas, encerradas en sí mismas, resultan anacrónicas a convivencia y la intercomunicación entre los creadores contemporáneos es también fundamental para entender la riqueza del arte actual. No se trata solo de la irrupción con fuerza del continente asiático y en mucha menor medida, del africano, (el iberoamericano hace ya varias decenas que se sitúa en la vanguardia mundial) sino de la mezcla de elementos culturales heterogéneos, de tradición y modernidad, de contaminación, equidistancia y síntesis, que explican en gran parte la fuerza de tantas creaciones actuales. En el campo infinito de las relaciones Oriente- Occidente, por poner algunos ejemplos recientes en nuestro país, piénsese en el soberbio ensemblamiento de tradiciones y elementos culturales propios y ajenos que propone el cine de Zhang Zhimou, Hou- Hsiao- Hsien o Kiarostami... Otro ejemplo maravilloso de ese fructífero entrecruzamiento de influencias culturales es la música cubana de Bebo y de Chucho Valdés, que tanto entusiasmo ha despertado recientemente en su gira por España, y que sabe reunir del modo más genuino y definitivo, el mundo africano, iberoamericano, español y norteamericano. stos espléndidos resultados requieren un doble esfuerzo de apoyo a las creaciones en el interior de cada país pero también de eliminación de trabas y fomento de la intercomunicación y del diálogo cultural. Las sociedades menos abiertas, obsesionadas con la pureza de la tradición propia, son las que más dificultades encuentran tanto en su desarrollo cultural como en su progreso económico y social en general. Como han reconocido recientemente numerosos informes del Arab Human Development, el estancamiento de gran parte de los países árabes en la actualidad obedece a esa actitud negativa que se plasma en evitar cualquier peligro de contaminación exterior. Queda aún un gran camino por recorrer en un esfuerzo de acercamiento de creadores y de culturas, en este mundo global, sin espacios por explorar, que la tecnología une del modo más instantáneo y en que reina, sin esfuerzo, la incomunicación más absurda y cruel (la tesis de Babel Kundera ha vuelto a poner el dedo en la llaga, en el lugar más inesperado, en que se supondría que todo ya está hecho, en el seno de la Unión Europea, al descubrir una de las grandes obras maestras de la literatura europea contemporánea, desconocida totalmente en Francia y en el mundo anglosajón, La cámara negra de Damocles del holandés Willem Frederik Hermans. La novela, publicada hace cuarenta años en su país y reconocida allí como una de las grandes obras de su narrativa, no había sido traducida a las principales lenguas europeas. La solución de estas situaciones dentro de Europa parece una tarea prioritaria para los programas de diálogo intercultural que contemplan el Consejo de Europa o la propia Unión Europea. En lo que se refiere al diálogo de Europa con otras áreas geográficas, parecería también una iniciativa a considerar inmediatamente la de devolver a los creadores literarios y artísticos el papel que les corresponde y ponerles a hablar y a escucharse en torno al objeto inmediato de su trabajo: sus poemas, sus novelas, su teatro, su música, su pintura, su cine... Yo apostaría por el descubrimiento de una misma búsqueda universal en todas las culturas y por una interrogación similar ante el misterio nunca totalmente revelado de la creación. E L