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ABC MIÉRCOLES 2- -1- -2008 Primer asalto electoral en EE. UU. INTERNACIONAL 31 Gaspar Atienza Analista internacional LA MITAD DIVIDIDOS POR Hillary Clinton, acompañada de su hijja y su marido, durante la fiesta de Año Nuevo que pasó en la capital de Iowa EFE Los dos periodistas con más poder de EE. UU. El privilegio electoral de Iowa y sus menos de tres millones de habitantes convierten a dos influyentes periodistas de prensa y radio locales en decisivos líderes de opinión con impacto nacional P. RODRÍGUEZ CORRESPONSAL DES MOINES (IOWA) Cuando uno piensa en lo más influyente del periodismo de Estados Unidos, lo primero que viene a la mente no es ni el diario Des Moines Register ni la estación de radio WHO- AM 1400. Sin embargo, el privilegio electoral que Iowa viene ejerciendo desde los años setenta al producir los primeros votos en las primarias de Estados Unidos confiere también a sus medios de comunicación un papel temporalmente decisivo y con proyección nacional. Esta influencia mediática es acaparada sobre todo por dos periodistas locales: el columnista David Yepsen y el locutor Jan Mickelson. Nombres desconocidos fuera de Iowa, pero que resultan casi inevitables para las campañas presidenciales. Hasta el punto de que estos periodistas con base en la capital, Des Moines, no tienen que competir con sus rivales por lograr acceso: son más bien los candidatos los que se disputan su atención. Jan Mickelson presenta el talk- show más escuchado en Iowa todos los días de 9 a 11: 30 de la mañana a través de la emisora WHO, donde Ronald Reagan consiguió su primer trabajo en los mass media Con una población estatal desperdigada en zonas rurales y 99 condados, Mickelson llega cada semana a 350.000 votantes potenciales, el doble que su más directo competidor. Una audiencia que convierte a su programa, con mucha opinión improvisada y llamadas de los oyentes, en una parada obligatoria para todos y cada uno de los candidatos republicanos. Pasar por el estrecho de Ormuz de Mickelson por la mañana implica medirse con el ideario conservador del locutor que se describe como un cristiano libertario embarcado en una cruzada personal contra la progresía, el Islam los sindicatos, los subsidios públicos o el movimiento gay. Al presidente Bush le considera una decepción y del actual plantel de aspirantes republicanos, sus afinidades más viables se sitúan entre Mike Huckabee y Rudolph Giuliani. El otro gran referente mediático dentro del privilegio electoral de Iowa es David Yepsen, periodista político del Des Moines Register Una cabecera decimonónica con una línea editorial cercana a los demócratas pero con hueco para respaldar a republicanos moderados. En el caso de Yepsen, un veterano columnista y ahora blogger su influencia tiene la perspectiva y la profundidad de haber cubierto todas las campañas presidenciales en Iowa des- Bloggero Iowa tiene cada cuatro años un poder muy especial, al aportar los primeros votos de la fase electoral preliminar de el desembarco de Jimmy Carter en 1976. Como ejemplo de su influencia, Yepsen escribió el pasado mayo en su cuaderno de Internet un comentario crítico contra Hillary al rumorearse la posibilidad de que la senadora por Nueva York evitase Iowa. Al poco tiempo, el teléfono sonaba. Era la ex primera dama que le pedía no disculpas sino explicaciones detalladas sobre los presuntos fallos percibidos en su campaña. Un contacto privilegiado que se ha mantenido hasta la recta final de la cita electoral del 3 de enero. En la dinámica acelerada de las primarias, un comentario favorable de Yepsen es citado como prueba de éxito. Un poco como las entusiastas citas de críticos de cine que a veces se incluyen en la publicidad de nuevas películas. Con todo, la relevancia de David Yepsen está vinculada al perfil de las personas que suelen participar en los caucuses de Iowa: cierta edad, más informados que la media, gran sentido de la responsabilidad cívica, mayores ingresos y proclives a leer un periódico. Pese a sus 57 años, el cinismo no forma todavía parte de las referencias de David Yepsen. Con entusiasmo evidente, el columnista insiste en que la campaña del 2008 es con diferencia la más excitante de la historia, la mayor, la más abierta para los dos partidos y en la que está menos claro quién va a ganar urante los dos mandatos de George W. Bush se han incrementado las diferencias entre el partido demócrata y el republicano. En las ocasiones en las que el presidente ha podido elegir entre aprobar legislación conforme a principios conservadores o acercar posturas con los demócratas ha optado por la primera de las opciones; en lugar de presidir para todos los americanos lo ha hecho únicamente para el electorado conservador. En estos años el partidismo y la división geográfica del país en torno a sus ideologías se han radicalizado, pero el proceso de identificación política del electorado americano comenzó hace más de cinco décadas, con el fin de la segregación racial en el Sur de Estados Unidos. Actualmente, y cada vez más, la costa oeste, el Upper Midwest y Nueva Inglaterra se identifican mayoritariamente demócratas y el Sur y el Centro de EE. UU. como republicanos. Sin embargo, entre 1877 y 1964 el Sur- -entonces el Solid South -favorecía al primero de ellos. Los demócratas lo perdieron cuando apoyaron a Martin Luther King, Jr. y aprobaron la Ley de Derechos Civiles que acabaría con la segregación racial en 1964 durante las presidencias de JFK y de su sucesor Lyndon B. Johnson. Hoy el electorado americano se encuentra dividido por la mitad, y los dos partidos con la mayor separación ideológica desde hace más de un siglo. Y aunque los candidatos presidenciales son conscientes del cansancio del electorado por esta lucha partidista, no representan el ánimo de reconciliación que se necesita. Mientras que Rudi Giuliani y Mitt Romney han optado por continuar la línea conservadora marcada por el actual presidente- -la tragedia de dicho partido, según David Brooks de The New York Times el 11 de diciembre- -es poco probable que Hillary Clinton reciba el apoyo de los republicanos que le consideran su enemigo político desde hace dos décadas. Parece que sólo Mike Huckabee, en las filas del partido republicano, y Barack Obama, en las del demócrata, ambos con sus candidaturas al alza, podrían reconciliar un electorado dividido e ideológicamente enfrentado. D