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72 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 31 s 12 s 2007 ABC Ficha policial de Felipe Sandoval (1925, archivo de Fontainebleau) ABC El verdugo del cine Europa Felipe Sandoval (estafador, atracador de bancos y asesino) inspira a Carlos García- Alix en la muestra El honor de las injurias que puede verse hasta el 20 de enero en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, y a la que acompaña un documental POR JESÚS MARCHAMALO MADRID. Ésta es la historia de una obsesión. Una aventura que ha llevado al pintor Carlos García- Alix (León, 1956) a una búsqueda por hemerotecas, archivos y fichas policiales de España y Francia, testimonios y libros, tras el rastro de Felipe Sandoval: un estafador, atracador de bancos y asesino. Un pistolero de la CNT, que durante la Guerra Civil impuso su ley en la calles de Madrid. Ha sido un viaje a las tinieblas, a esa zona de sombra que alumbran siempre las revoluciones. Es curioso cómo a veces todo parece regido por un misterioso azar. Un cúmulo de casualidades inesperadas. Sandoval cometió su último crimen el 18 agosto de 1939. Le dieron orden de matar a Florián Ruiz Egea, un bibliotecario afiliado a la CNT a quien acusaban de pertenecer a la Quinta Columna. Le llamó por teléfono para que le acompañara a hacerse cargo de una supuesta biblioteca incautada. Egea no sospechó, era algo que habían hecho otras veces, así que lo recogieron en su casa, lo subieron en un coche y, pocos minutos más tarde, tras una charla relajada y trivial, lo mataron en los jardines de un antiguo colegio, en la carretera de Canillas, en Madrid. Pues bien: la biblioteca pública a la que García- Alix iba cuando era adolescente, en la glorieta de Cuatro Caminos, se llamaba- -se sigue llamando- -Ruiz Egea. Todavía conserva el carné con su nombre y su foto, del año 74. No es la única coincidencia. El cine de su infancia, el Europa, al que iba con sus amigos a la sesión continua del domingo: años más tarde se enteró de que aquel cine, durante la guerra, fue cuartel de milicias confederales, y también checa. Allí se conducía a los sospechosos de apoyar a los alzados, a unos calabozos que estaban en los antiguos urinarios, en el sótano. Por la noche, muchos de ellos salían escoltados por las brigadas de ejecución, que les daban el paseo El jefe de uno de esos grupos, a quien todavía recuerdan con terror los más mayores del barrio, era, de nuevo, Felipe Sandoval. Así que hay en esta historia algo de predestinación, de hallazgo, de búsqueda mutua. La primera vez que tuve noticia de él- -recuerda GarcíaAlix- -fue en un libro de Eduardo Guzmán, Nosotros los asesinos En él relata cómo al término de la guerra Sandoval es interrogado en un edificio de la calle Almagro. Me sobrecoge la narración de las palizas, la descripción del estado lamentable en el que se encuentra, pero también la frialdad con la que habla de él, y el rechazo que dice que le provoca. Ambos están detenidos, son compañeros, y ese recelo me llama mucho la atención. ¿Quién era realmente Sandoval? Una pregunta que le ha llevado doce años responder. Seguir a Sandoval, el doctor Muñiz es enfrentarse a un rosario de asesinatos, asaltos y atracos a mano armada que ocuparon las primeras páginas de los diarios de la época: el de la calle Santa Clara, el del Banco de Vizcaya, el del conde de Ruidoms... Cuatro años después de ese primer encuentro en el libro de Guzmán, aparece el que sería el elemento esencial para reconstruir su historia: la confesión manuscrita que el propio Sandoval escribe en las dependencias de los servicios de investigación de la policía militar, donde fue conducido, al término de la guerra, y que hoy se conserva en el Archivo Histórico Nacional. Son setenta cuartillas de letra apretada, escritas a lápiz, y que encabeza la siguiente frase: Informe de mi actuación durante el tiempo que ha durado la guerra hasta el fin Es la voz de un hombre destruido, moribundo, acabado, enfermo, temeroso, que confiesa sus crímenes: su intervención en los sucesos de la cárcel Modelo, la depuración de elementos contrarrevolucionarios, el crimen de Ruiz de Egea... Centenares de víctimas. Sobrecoge el tono rutinario con el que da cuenta de sus acciones: ...al día siguiente los sacó al cementerio de Vallecas, y yo fui con él Un lenguaje casi administrativo, sin detalles, ni concesiones. No he querido basar la búsqueda en criterios morales, o de condena, ni construir un arquetipo del mal añade García- Alix. Sandoval es, desde luego, un pistolero, un asesino que encarna el lado más feo del sueño revolucionario: el de los verdugos. Pero es difícil ver su vida con la debida distancia. Nunca sabremos si se arrepintió sinceramente, en todo caso sí se juzgó a sí mismo, y se condenó La historia de Sandoval, convertida ahora en un documental y en una exposición, acaba el 4 de julio de 1939. Se arroja por una ventana. Nunca apareció su certificado de defunción, por lo que se le declaró rebelde y en ignorado paradero. Setenta años más tarde, García- Alix volvió a ese patio de la calle Almagro para contar su historia. La exposición El honor de las injurias puede visitarse, hasta el día 20 de enero, en el Espacio Dos del Museo de Arte Contemporáneo, en el Cuartel del Conde Duque, donde también, los jueves, se proyecta el documental. Más información en: www. munimadrid. es museoartecon temporaneo Un rosario de asesinatos Se arrojó por una ventana