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46 MADRID LUNES 31 s 12 s 2007 ABC Un nuevo álbum de guerra llamado YouTube Por si alguien no leyó los periódicos o sintonizó aquellos días la televisión, el portal de internet YouTube colgaba las imágenes de las refriegas callejeras casi a tiempo real. Son sus propios protagonistas, en muchos casos, los que se encargan de difundir por ese medio los vídeos de los disturbios. Comenzaron a emplearlo los grafiteros en su ansiedad por transmitir sus hazañas Luego empezaron a proliferar peleas barriobajeras, en el Metro o en plena calle, para dar paso, lo que son las cosas, a la globalización de las violentas protestas de los grupos antisistema. Fueron los casos de Alcorcón y de Legazpi, pero también, en cierta medida, de Malasaña, porque, sean del signo que sean, los alborotadores se cuelan en todo aquello que pueda oler a batalla campal. Luego vendrá buscar un pretexto, más o menos político, para su participación en ellos. La madrugada del pasado 2 de mayo fue especialmente violenta en el barrio de Malasaña, sobre todo en la calle de la Palma El año de las revueltas Villaconejos, Alcorcón, Malasaña, Cañada Real, Legazpi y Las Mimbreras. Estos han sido los escenarios de las violentas turbas callejeras que han protagonizado la crónica de sucesos madrileña de este 2007 y que han sentado peligrosos precedentes POR CARLOS HIDALGO FOTO FRANCISCO SECO MADRID. En 1808, los madrileños salieron a la calle para luchar contra la invasión francesa. Casi doscientos años después, en 2007, lo han hecho en cerca de una decena de ocasiones más, aunque bajo otros pretextos mucho más prosaicos: la venganza contra un delincuente, el enfrentamiento entre bandas juveniles de distinta ideología, la resistencia al derrumbe de chabolas y, ahora casi suena a broma, en defensa del botellón Ahí es nada. El año que ahora termina empezó llevando a los titulares a una pequeña localidad de 3.400 habitantes llamada Villaconejos, hasta entonces famosa por sus melones. La crónica negra tenía entonces un mote, el de Javier Bernuy, El Calvo quien, presuntamente, el 30 de diciembre de 2006 se presentó en el pueblo con un grupo de amigos para armar gresca en un bar. Y, claro, tras lo que ocurriría la madrugada siguiente, la primera del año, fue inevitable hablar de Lope de Vega y su Fuenteovejuna: porque unos 500 villaconejeros, según dijeron, hartos de los desmanes del Calvo se plantaron en su casa de las afueras para prenderle fuego. Y lo hicieron. Aun ante la presencia de la Guardia Civil, que logró hacer salir de la vivienda a sus moradores. Lo más curioso es que allí dentro estaba casi toda la familia del Calvo Menos él, que dormía en el calabozo. El asunto se calmó con una recogida de firmas en la que 2.000 de los 3.400 vecinos de Villaconejos estamparon sus deseos de destierro para Bernuy, que tuvo que alojarse en casa de unos familiares, en Villaverde. Un total de 27 villaconejeros fueron imputados. garadas juveniles, tras las que se escondían grupos de ideologías radicales y contrapuestas. El 20 de enero, un enfrentamiento por unas canchas de deportes abría la espita. Se habló entonces de persecución racista, contra la comunidad iberoamericana, pero todo quedó en gamberreo de extrarradio en las dos jornadas de disturbios que siguieron: el día 21, con nueve detenidos y cuatro heridos y, lo que fue peor, la noche del 27 de ese mes, previa movilización vía sms y messenger El blindaje de decenas de policías no evitó que unos 200 jóvenes la emprendieran a pedradas y botellazos, pero también con bates, estiletes y cadenas. Aquello fue violencia gratuita, una manera diferente de pasar el fin de semana. Se sumaron otros cuatro detenidos y varios agentes heridos. Y se destapó la caja de los truenos, con la publicación de un informe en el que se revelaba la existencia de grupos juveniles violentos en esa zona del sur de la región. Los reproches políticos llegaban de uno y otro lado en forma de dardos envenenados. Faltaban cuatro meses para las elecciones municipales y autonómicas. Pero aún más cerca de los comicios estuvieron los gravísimos disturbios ocurridos en el primer puente de mayo en el barrio de Malasaña. Aquellas dos jornadas, la plaza del Dos de Mayo hizo honor a su nombre y terminó como un cuadro de Goya. La prohibición municipal de que se celebrasen las fiestas del barrio- -que no tenían permiso desde 2004- -fue la excusa perfecta para que esa zona del centro, previa convocatoria telefónica, se levantara en armas- -léase botellas, piedras y demás objetos arrojadizos- -contra la Policía. Malasaña, literalmente, crepitó, con unas piras de cuatro metros de alto, además de contenedores destrozados, papeleras voladoras pelotas antidisturbios, coches destrozados y palos, muchos palos, que se llevaron gamberros y agentes. Porque lo ocurrido tanto el 1 como el 2 de mayo- -68 heridos y 28 detenidos- -constituyó un revulsivo en medios policiales sobre cómo no hay que hacer las cosas, la insuficiente preparación para esos casos de la Policía Municipal y la falta de material. Pero todo aquello no fue más que un punto y seguido. Dos de Mayo en Malasaña Violencia maquillada de ideas Pero aquello no fue el epílogo de un enero revuelto. Todavía quedaba Alcorcón. Si lo de Villaconejos se tomó como una estampa de la España profunda, los enfrentamientos en Alcorcón traían a la palestra la proliferación del uso de las nuevas tecnologías para organizar al- Los enfrentamientos entre bandas rivales y el chabolismo han sido las raíces de los disturbios más graves Aún quedaba lo peor: los asentamientos chabolistas. La resistencia a abandonar una casa ilegal que iba a ser derribada por orden judicial en la Cañada Real Galiana, el 18 de octubre, acabó así: más de 30 heridos- -una veintena de policías se dio de baja- -y nueve detenidos, uno de ellos, menor de edad, que, tras pasar por el juzgado, quedó en libertad. En la Policía, este último punto se interpretó como un peligroso antecedente. Y no se equivocaban: el 16 de noviembre, los vecinos de Las Mimbreras, muchos de ellos niños, recibieron a pedradas y tras barricadas a los antidisturbios En esa ocasión no hubo detenidos ni heridos. También en noviembre, tras la muerte a cuchilladas de un menor simpatizante de la ultraizquierda en el Metro de Lepazpi, presuntamente a manos de un soldado skin head se vivieron momentos de gran tensión en las reiteradas marchas de protesta convocadas. La del Sindicato de Estudiantes y la ilegal convocada en Atocha terminaron con nuevos choques entre antisistema y policías, y el ya consabido paisanaje de barricadas incendiarias, encapuchados, pelotas de goma y pedradas a diestra y siniestra, nunca mejor dicho. Y ahora, visto lo visto, no son pocos a los que les queda esta pregunta: ¿Para cuándo la próxima?