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ABC LUNES 31 s 12 s 2007 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 Carmelo Borobia Isasa Obispo Auxiliar de Toledo En la víspera de la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra mañana, el autor revindica el mensaje que la Iglesia católica lanza a la sociedad cada año para alcanzar el entendimiento entre todos los hombres y pueblos del mundo, un mensaje que en este ocasión tendrá a la familia como eje La Familia y la Paz, se entrelazan: si verdaderamente queremos la paz, debemos trabajar todos por la firmeza de la institución familiar en el mundo. Paz y familia se unen y se llaman una a la otra para salvar a la humanidad DE NUEVO LA PAZ C OMO todos los años, el día 1 de enero la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz. Hace muchos años que se viene celebrando. Los Papas, con acentos diferentes, dirigen al mundo un mensaje especial para esta jornada. Quiero recordar el acento que ponía el gran Papa Pablo VI en este día. La Iglesia y el mundo aguardaban con expectación su mensaje animando a todos a buscar la Paz. Ya en los primeros tiempos se vio necesario dar a esta Jornada un sentido celebrativo y muy práctico: por eso se comenzó por invitar a todos, autoridades y pueblos del mundo, a implicarse personal y colectivamente en el tema. Había que conseguir la paz, y para ello nada mejor que un compromiso serio y personal por ella. Era tan impelente esta llamada que recuerdo la invitación expresa del Papa y de los organismos de la Iglesia (sobre todo las nunciaturas) en esta tarea. A este propósito recuerdo el trabajo y la llamada personal a las autoridades, sin distinción de religión, de credo político, de circunstancias geográficas, por la consecución de la Paz. En aquellos tiempos, la Secretaría de Estado del Vaticano hacía las correspondientes evaluaciones sobre estos temas importantes y recogía multitud de anécdotas sobre la implicación de personas, comunidades y pueblos en el empeño: visitas de reconciliación entre pueblos de distintas etnias, reconciliaciones puntuales y gestos de paz, empeños personales y colectivos de perdón y de reconciliación por todo el mundo. Resultaba llamativa esta multiplicación de gestos, desde lugares de la selva hasta los grandes salones de las cancillerías. Esta actividad, que puede verificarse con facilidad en las publicaciones de la época, constituía una acción de no escasa eficacia en el tema de la paz. Esta movilización era llamativa y conseguía una auténtica dinamización de la Jornada de la Paz. Probablemente el tiempo desgasta las acciones emprendidas con tanto fervor y entusiasmo, pero continúa en las personas y en los pueblos el anhelo por la deseada Paz que tan recientemente nos ha traído Jesús, el auténtico Príncipe de la Paz. CARLOS KILLIAN Todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer es un impedimento objetivo para el camino de la paz Los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana En esta Jornada de la Paz de 2008, el Papa Benedicto XVI ha propuesto a la familia como centro de esta paz: Los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana El Papa comienza describiendo los lazos que vinculan a la familia humana, en cuya vida, dice, se experimentan algunos elementos esenciales de la paz, la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectivo a los miembros más débiles- -pequeños, ancianos y enfermos- la ayuda mutua, la disponibilidad para acoger al otro y también para perdonarlo Precisamente por constituir un lugar dónde se experimenta la paz la familia es la primera e insustituible educadora de la paz. No ha de sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia Con la claridad y profundidad que caracteriza el pensamiento de Benedicto XVI, éste advierte que todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz Después del Día de la Familia que se celebró ayer en Madrid con un encuentro masivo, conviene recordar e incluso meditar el Mensaje de Benedicto XVI en esta Jornada Mundial de la Paz. Ambos objetivos, la Familia y la Paz, se entrelazan: si verdaderamente queremos la paz, debemos trabajar todos por la firmeza de la institución familiar en el mundo. Paz y familia se unen y se llaman una a la otra para salvar a la humanidad, como lo hizo Jesús al nacer como hombre en Belén de Judá. Carmelo Borobia Isasa, además de Obispo Auxiliar de Toledo es oficial de la Secretaría de Estado del Vaticano durante el Pontificado de Pablo VI