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6 OPINIÓN LUNES 31 s 12 s 2007 ABC LA CRÓNICA DEL LUNES LAS ELECCIONES AVANZAN BAJO EL SÍNDROME DE UN PLEBISCITO NACIONAL Puede que muchos votantes del centro político se vayan a la abstención en menoscabo de los intereses del Partido Popular cia con el nacionalismo radical, asumiendo sus reivindicaciones. Ahora bien, si la campaña electoral inminente abandona su natural función de balance de legislatura y análisis de los programas y personas del futuro gobierno y se adentra por el laberinto de un aparente plebiscito nacional, entre izquierda y derecha, lo laico y lo confesional, entre los vencedores y los perdedores de la Guerra Civil, entre atlantismo y europeísmo, pacifistas y belicistas, que es lo que busca Zapatero para ocultar el claro fracaso de su mandato. Si vamos a esta burda simplificación, con cierto tremendismo y la ventaja de los grandes medios de comunicación audiovisual al servicio del Gobierno, entonces el citado voto de castigo que planeaba sobre las urnas del PSOE se diluirá a favor de la permanencia de los socialistas en el poder. Y en ese caso puede que, incluso, muchos votantes del centro político se vayan a la abstención en menoscabo de los intereses del Partido Popular. Un partido al que la Conferencia Episcopal pareció haber investido con los hábitos de los cruzados a lo largo de los discursos que los más notorios prelados españoles hicieron públicos en Madrid en defensa de la familia, pero también con dramáticas advertencias políticas en las que se afirmó que nos dirigimos a la disolución de la democracia que hay marcha atrás en los Derechos Humanos ataques al futuro de la Sociedad y cultura de laicismo (mientras otros obispos, como Uriarte y Setién, han equiparado a víctimas y a verdugos del terrorismo) La Conferencia Episcopal habla y actúa, en ejercicio de su libertad de expresión y magisterio, pero su pre- Pablo Sebastián L primer interesado en conducir la campaña electoral hacia un plebiscito nacional sobre el fantasma de las dos Españas de antaño, bajo cuya sábana se esconde el fracaso de la legislatura que se acaba y la intentona de una reforma territorial y encubierta del Estado, hacia un modelo confederal, no es otro que el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero. Un político que recibió un país económicamente fuerte y políticamente dividido, por la masacre madrileña del 11- M y que concluye su mandato con un preocupante horizonte económico y social, sin haber curado la fractura abierta en el conjunto de la sociedad española. La que él mismo empeoró hurgando en la herida recibida y abriendo otras que parecían cicatrizadas, como las de la Guerra Civil y el modelo territorial del Estado, al mismo tiempo que, presentándose como Príncipe de la Paz ofrecía a ETA una negociación política sobre la soberanía nacional. La que ha dado pie a nacionalistas vascos y catalanes para reclamar la autodeterminación, mientras arropan a Batasuna con desprecio de la legalidad y articulan un frentismo vasco, gallego y catalán en la senda ya abierta por el Estatuto de Cataluña, y aprovechando la crisis del Tribunal Constitucional. Aunque en el seno del Partido Socialista impera el disfrute del poder y la unidad del partido, por encima incluso del interés nacional, no son pocos, ni de escaso nivel, los dirigentes de esta formación política que declaran su preocupación por el balance de la legislatura y que temen el deterioro y la incertidumbre que provocará una nueva e insuficiente victoria de Zapatero que ponga en manos de los nacionalistas la llave de la gobernabilidad. Algo que, seguramente, comparten muchos militantes y en mayor medida ciertas capas de su electorado, en las que se había detectado, en los últimos meses, la tendencia a un voto de castigo a Zapatero, bien cambiando de partido, bien por el camino de la abstención. Y no sólo preocupados por las consecuencias que, para España, tendría en el futuro la deriva confederal planteada, sino también por la incidencia que todo ello produce dentro del PSOE, donde dirigentes como Maragall y Montilla, en Cataluña, o Elorza y Eguiguren, en el País Vasco, entraron en competen- E No son pocos los dirigentes del PSOE que temen la incertidumbre que provocará una nueva e insuficiente victoria de Zapatero gón, en el umbral de la campaña electoral, tiene una natural lectura política. Si añadimos, en esta reciente actualidad, las palabras de un político como Manuel Fraga- -que tanto ha hecho por la transición y la reconciliación- en las que, a estas alturas, declara que el franquismo sentó las bases para una España con mas orden y placidez como lo añadió tiempo atrás Mayor Oreja, pues veremos que no van a tener que hacer muchos esfuerzos los del PSOE para articular su discurso del plebiscito nacional y disfrazar al PP de nacional catolicón -ya lo están haciendo- utilizando todo esto en los debates anunciados en televisión entre el presidente y Mariano Rajoy. El líder del PP, que guarda, celosamente, el secreto de su lista de candidatos ilustres y ministrables, si es que los tiene, y que se encontrará, en los careos televisivos, la fallida conspiración del 11- M, a la que permaneció amarrado el PP, la guerra de Irak como un error no reconocido y las luchas de poder entre barones del PP, como base para el argumento de cómo va a gobernar España quien no manda en su partido. Y, sobre todo, el riesgo del citado plebiscito, que, por una parte, ocultará el mal gobierno de Zapatero y, por la otra, otorgará al vencedor el veredicto de las urnas sobre asuntos de Estado que no estaban, como tales, sometidos a votación nacional, como la reforma territorial del Estado y el final de la transición. Y también la negociación política con ETA, que se retomará si Zapatero renueva el poder, con la ayuda inestimable y sorprendente de no pocos dirigentes y aliados naturales del PP.