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4 OPINIÓN LUNES 31 s 12 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO DE PAKISTÁN A LAS PRIMARIAS DE IOWA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA LA GRAN FIESTA DE LA FAMILIA CRISTIANA NA multitud de personas acudió ayer en Madrid al gran encuentro convocado en favor de la familia cristiana. El ambiente festivo y participativo que precedió a la ceremonia es fiel reflejo de que la expresión vital de las creencias y sentimientos personales no pretende crear malestar ni crispación de ningún tipo, sino tan sólo reafirmar esa visión trascendente del mundo compartida por quienes otorgan a su propia vida una dimensión moral. La familia es una institución sólida, basada en valores permanentes que no pueden ser alterados mediante operaciones de ingeniería social. La actitud alegre y serena de los participantes, el magisterio de la palabra a cargo de los obispos intervinientes y el valioso testimonio de muchos fieles a partir de sus propias vivencias marcaron el desarrollo del acto en una abarrotada plaza de Colón. De hecho, uno de los más llamativos aciertos de la organización fue la conjugación del magisterio moral de los obispos con la intervención de personas procedentes de diversos movimientos religiosos e incluso de familias que aportan su visión cristiana de la convivencia. Frente al relativismo inconsecuente que proclama la posmodernidad, la gente demuestra con su conducta abierta y positiva que la familia es fuente natural de afectos y el ámbito más apropiado para la transmisión de valores que redundan luego en beneficio de la sociedad. He aquí una lección de civismo y de respeto que debería ser motivo de reflexión para el radicalismo laicista, que intenta crear una imagen tópica e interesada sobre un cristianismo retrógrado que sólo existe en su imaginación. El mensaje de Benedicto XVI expresó con su rigor habitual la concepción cristiana de la familia, configurada a partir de la unión indisoluble entre varón y mujer y encaminada a educar a los hijos en la fe. El Papa introdujo también un motivo para la esperanza, producto de su profundo sentido humanista: Vale la pena trabajar por la familia, porque vale la pena trabajar por el hombre Muchos de los intervinientes recordaron la relación entre la institución familiar U y la defensa de la vida, una referencia particularmente oportuna después de los hechos gravísimos que han saltado a la luz pública. Muchos católicos se han sentido agredidos por las leyes impulsadas por Rodríguez Zapatero y han demostrado de nuevo la vitalidad de una sociedad menos complaciente y hedonista de lo que algunos suponen. Las cuestiones de naturaleza ética no dependen de modas ni oportunismos, de manera que- -como dijo ayer el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Blázquez- -la familia tradicional no es algo anticuado ni está superada por los tiempos. Vivimos en una situación especialmente grave para la familia, como ha reiterado el arzobispo de Madrid, monseñor Rouco, principal responsable de la organización, en línea con sus palabras de ayer en ABC, según las cuales la familia es la gran víctima de la sociedad contemporánea. Frente a ello, los centenares de miles de asistentes dieron un buen ejemplo de la vitalidad de una institución que los poderes públicos se empeñan en ignorar. La política familiar en España es una asignatura pendiente, porque faltan ayudas en el ámbito social y educativo, las desgravaciones fiscales se reducen al mínimo y las familias numerosas se sienten- -con razón- -desplazadas y desprotegidas. En cambio, se aprueban leyes sobre matrimonio homosexual y divorcio exprés que alteran las señas de identidad de la institución y se impone una asignatura innecesaria y confusa de Educación para la Ciudadanía, sin que nadie se ocupe de los problemas reales. La familia es fuente de solidaridad y escuela de sentimientos positivos. El fracaso de la convivencia en el hogar repercute negativamente en la vida personal con las naturales consecuencias sociales. Como siempre, los grandes perjudicados son los más débiles, niños y adolescentes obligados a enfrentarse a la vida sin la solidez que proporcionan los afectos más profundos. Estas y otras muchas consideraciones presidieron ayer en Madrid una emotiva fiesta multitudinaria cuyo éxito merece ser reconocido y destacado. SEPARATISTAS FUERA DE JUEGO L año nacionalista terminó en el estadio de San Mamés con una exhibición de separatismo reivindicativo, en su vertiente deportiva, con el partido que enfrentó a las selecciones de Cataluña y Euskal Herria. Previamente, los nacionalistas vascos habían calentado el ambiente en las calles de Bilbao con una manifestación encabezada con el lema del acontecimiento nacional- deportivo: Una nación, una selección También hubo acto político solemne en el césped del venerable campo bilbaíno con representantes de los gobiernos vasco, gallego y catalán- -con el infalible Carod- Rovira al frente- que suscribieron un acuerdo para fomentar las selecciones nacionales y los deportes autóctonos de sus respectivas comunidades. Curiosamente, no parece que el empeño soberanista en alcanzar el objetivo de la homologación internacional de las selecciones nacionales pase por etapas intermedias más modestas, como la de organizar ligas de fútbol limitadas a los equipos de los territorios autonómicos, como sucede en Gran Bretaña, ese espejo en el que se miran los abertzales del fútbol. Quizá sea porque el coste final pudiera no ser tan del agrado de patrocinadores, aficiones y clubes- -sobre todo los que ahora disputan la primera división nacional- pero, sin duda, sería mucho más coherente con el Estado confederal que propugnan los promotores de esta iniciativa. En todo caso, la estrategia de radicalizar los ánimos a tra- E vés del deporte y, especialmente, del fútbol, no es nueva: los totalitarismos y los nacionalismos de todas las épocas- -por ejemplo, el nazi- -lo han hecho, porque la crispación deportiva es una manera visceral de agrupar sentimientos y crear adversarios, algo esencial para el mantenimiento de la tensión separatista. Los nacionalismos vasco y catalán han insistido en el reconocimiento oficial de selecciones nacionales pero, en esta ocasión, aprovechando tanto el movimiento expansivo creado por el estatuto de Cataluña como la debilidad de respuestas del Gobierno central, han dado mayor contenido político a sus pretensiones. Lo de menos para ellos quizá sea conseguir realmente que existan tales selecciones con credenciales internacionales, pues los estatutos de las organizaciones deportivas no suelen permitir experimentos secesionistas. Lo importante vuelve a ser la agitación de agravios y la reivindicación victimista, aunque sea incongruente- ¿por qué no piden una liga vasca o una catalana? -y la exacerbación de los sectores más radicales. Por eso, el sábado en San Mamés, el fútbol era el escenario para apoyar a los presos de ETA, para lanzar consignas separatistas, para quemar banderas españolas y para que los socios elegidos, cuidados y mantenidos por Rodríguez Zapatero- -actuales, como el BNG y ERC, y potenciales, como el PNV- -dejen claro que España no es su proyecto. Y eso que esta iba a ser la legislatura del apaciguamiento nacionalista. E dice que las elecciones primarias que el Partido Demócrata celebrará este jueves, 3 de enero, son las más importantes, porque en una sociedad como la norteamericana, tan sometida a las costumbres de la mercadotecnia y al culto al vencedor, una victoria en este pequeño Estado puede marcar una tendencia que haga que un aspirante se ponga en cabeza. Naturalmente, hasta la elección del candidato demócrata falta mucho, y para la presidencial de noviembre todavía más, pero todo el mundo va a escrutar el voto emitido por los ciudadanos de Iowa con mucho cuidado. En todas las elecciones presidenciales norteamericanas, la política exterior ha jugado un papel relevante. Muchas cosas han cambiado desde la primera elección del actual presidente George W. Bush- -cuando precisamente la atmósfera internacional de la postguerra fría era tan apacible que nadie previó el cataclismo que se avecinaba- -a la situación que vivimos en estos momentos, en un mundo donde el extremismo yihadista amenaza a la civilización occidental. Y los cambios siguen produciéndose a una velocidad de vértigo, lo que obliga a los candidatos a adaptar su discurso a una realidad extremadamente voluble. Hasta ahora, la guerra de Irak había sido el filón para algunos candidatos demócratas como Barack Obama, porque creían que ponía en aprietos a su principal contendiente, la senadora Hillary Clinton, que en su día apoyó la operación militar con su voto en la Cámara Alta. Si el mundo fuera tan simple como proclaman algunos dirigentes- -y no sólo norteamericanos- -que en su ingenuidad creen que una retirada de Irak será la receta mágica para pacificar el Medio Oriente, no tendrían que preocuparse de lo que sucede en una potencia nuclear como Pakistán, de donde no hay retirada posible, o de lo que pueda pasar en Irán, que pretende serlo. El asesinato de Benazir Butho ha puesto sobre la mesa, y de una manera descarnada, que, independientemente de los errores de apreciación que se hayan podido cometer en el pasado, la amenaza que representa el extremismo islámico para nosotros, ciudadanos de las sociedades libres, no puede ser utilizada como mera artimaña electoral. En Pakistán no ha habido ninguna intervención militar, lo que prueba que las principales causas de la crisis en la que viven una parte de las sociedades musulmanas provienen de sus propias contradicciones, y no tanto de nuestra actitud para defendernos de sus consecuencias. Al lado de Pakistán está Afganistán, donde la OTAN se está jugando su capacidad de ser una alianza militar creíble y útil para la paz del mundo. Sería extraordinario que, ahora que los aliados europeos están empezando a revertir las consecuencias del periodo de divergencias con la política norteamericana, con Francia y Alemania a la cabeza, los candidatos demócratas estuvieran caminando en dirección opuesta. S