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90 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos SÁBADO 29- -12- -2007 ABC Ken Follett sienta los pilares de otro terremoto editorial Veinte años después, el prolífico escritor británico ha publicado Un mundo sin fin continuación, doscientos años después y también con la más dura Edad Media como telón de fondo, de su celebrada y archicomprada Los pilares de la Tierra POR MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Nunca es tarde si la dicha es (o puede, o debe ser) buena. Ésta es una verdad popular, y es también una verdad como un templo. O mejor aún, y para el caso que nos ocupa, una verdad como una catedral. Esos recintos mágicos, telúricos y también, para muchos visionarios y apocalípticos, edificados según complicados tejemanejes esotéricos por el ordeno y mando de reyes, de nobles, de los templarios y hasta de los cátaros, para algún amigo de la teoría de la conspiración. Catedrales que son, ya es hora de volver a decirlo, los pilares de la tierra, ciertamente, como el inolvidable título de la no menos inolvidable novela de Ken Follett publicada en 1989, una obra que rompió todas las marcas de los índices de lectura españoles y que sigue siendo la novela que por estos pagos (que tanto saben de cánones y arquitrabes catedralicios, de cruces latinas, de sofisticadas vidrieras) más nos echamos al coleto de nuestra devoción de lectores, según las encuestas sobre hábitos de lectura y compra de libros de la Federación del Gremio de Editores. Casi veinte años después, y desde ayer (se promete que a priori la fecha elegida no tiene nada que ver con la festividad de los Santos Inocentes, a pesar del volumen y el peso del libro, que requiere un atril como el de un monje de Silos para degustarlo) y rodeada de un lanzamiento sin precedentes en el mercado libresco español (y muy probablemente mundial) ya está entre nosotros la continuación de la mencionada Los pilares de la Tierra (obra que ha vendido hasta la fecha más de 5,5 millones de unidades, que convendrán conmigo que no es ninguna broma) una continuación que lleva por título Un mundo sin fin y en la que el aplaudido Follett (otra cifra astronómica: cerca de cien millones de libros vendidos en todo el planeta) vuelve a situar la acción en Kingsbridge (al igual que en la citada novela matriz) pero doscientos años después, en 1327, en pleno siglo XIV y cuando la terrible Peste Negra (peste y carestía se decía por aquel entonces, cuentan los cronicones de clérigos y abates; la peste reveló la terrible verdad de que el clero era impotente ante una enfermedad tan devastadora ha dicho el propio Follet) arrasaba Europa, y cuando los latigazos de la Guerra de los Cien Años martirizaban la piel de nuestros antepasados, muy lejanos (y más que utópicos) los tiempos del que se llamó Mercado Común. Cuatro chicos que observan un enfrentamiento entre soldados del rey y un caballero que escapa con una misteriosa y valiosíma carta son los personajes que tiran del hilo en las primeras páginas de la narración. Un paisaje y unas figuras las creadas por el prolífico autor galés que pueden remitir a grandes películas ambientadas en los fríos y tenebrosos miedos medievales como Paseo por el amor y la muerte de John Huston, y El séptimo sello de Ingmar Bergman, y ante cuya lectura el aficionado español tal vez recuerde también el magistral título de Saramago, Memorial del convento Una época, la Edad Media, para muchos mítica y cuando menos legendaria, poblada tal vez de caballeros y princesas, de cruzados poderosos y acorazadas armaduras, de oropeles y bandidos benefactores. Pero la vida de la gente de la calle era muy otra. Y a menudo, terrible. Se desconocía absolutamente la higiene (los hombres no solían bañarse más de dos veces al año, las mujeres una al mes, en el mejor de los casos) la inmundicia inundaba las calles (que apenas si eran un lodazal en el que convivían los desechos y excrementos de cada casa con el barro y la ponzoña de los animales) la comida esca- Edad Media, dolor entero Los lectores me pedían la continuación de Los pilares... pero me angustiaba no poder repetir el éxito Las catedrales son hermosas y ricas, pero se edificaron en una época que recordamos por la pobreza y la ignorancia seaba (apenas pan duro y negro, algo de cerveza casera) las familias compartían no sólo mesa y mantel, sino también habitación y cama, tanto en su modestísima casa, como en hospederías y posadas; y las enfermedadas y pandemias aniquilaban a la población (no sólo la peste, también la terrible mortandad infantil, la lepra, la disentería, las muertes en Una mirada documentada bajo la catedral de Vitoria En octubre del año 2002, Ken Follett visitó por primera vez la catedral de Santa María de Vitoria. Y desde entonces surgió el idilio entre el escritor británico y el bello templo de la capital alavesa, que ha vivido un impresionante trabajo de restauración sobre la que fuera la seo que empezó a edificar en el siglo XIII Alfonso VIII, y cuyas obras continuó Alfonso X El Sabio. Follett declaró entonces que las restauraciones de las catedrales en Europa deberían seguir el ejemplo de Santa María. En ningún lugar se puede ver algo así. Ojalá hubiera conocido esta restauración al escribir Los pilares de la Tierra Desde entonces, la colaboración entre el novelista y la Fundación de la Catedral (www. catedralvitoria. com) ha sido intensa y ha servido de principal fuente de documentación e información al galés para Un mundo sin fin De hecho, Follett estará en Vitoria los días 8, 9 y 10 de enero para presentar mundialmente la novela. Y también para recibir el premio el Premio Olaguíbel 2007, que le han concedido los arquitectos alaveses. Igualmente, ofrecerá una conferencia e inaugurará una escultura con su figura en la plaza de las Burullerías. los partos, y un largo y espeluznante etcétera) Mientras, las velas iluminaban (poco) sus cuitas e industrias, y los braseros les calentaban en los eternos inviernos, con gran riesgo de incendios, que sabido es que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Ante este panorama (dantesco, realmente dantesco, el mismito infierno) las catedrales se convirtieron en refugio, pero también en faro, en luminaria que guiaba a la gente por el bosque más animado (ogros, duendes, espíritus malignos, fuegos fatuos... de la vida. Las catedrales- -ha dicho Ken Follett- -son una especie de símbolo de todas las contradicciones de la Edad Media. Son hermosas y están llenas de riqueza y complejidad, pero se edificaron en una época que tendemos a recordar por la pobreza y la ignorancia de la gente, comparada con tiempos anteriores Veinte años pueden ser muchos, pero felices, si como se ha