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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE ABC tancias, la oxitocina, y a partir de aquí muestro cómo es el gran bazar del placer donde cada uno puede encontrar lo que le va bien a él. En la autoayuda se dan recetas y yo no creo en esas prescripciones porque no hay una receta universal para la felicidad. ¿Hacia dónde y cómo hay que encaminarse para llegar al bazar del placer? -Teniendo claro que no existe ese estado de felicidad total como si fuera una licenciatura a partir de la cual, carta blanca, sino que es algo que hay que perseguir, procurar, conscientes de que te durará un tiempo, y que en la mayoría de los casos funciona sobre todo cuando estás y haces cosas con otras personas como conversar, reír, hacer el amor... aunque haya algunas situaciones solitarias como escuchar música u oler un aroma que también son placenteros. Con estos principios hay que ir a buscar lo que nos hace sentir bien, así, a pequeñas dosis, sin más pretensiones. -Guíenos por el bazar del placer. -No, no, y ésta es otra de las gracias de la vida: llegas a ella y durante la misma vas experimentando cosas, y habrá unas que te gusten, otras que no lo hagan tanto, e incluso algunas que quieres repetir, pero teniendo presente que aquí sucede como con los productos artesanales, que nunca hay dos iguales; luego es muy difícil, y es un error común, querer repetir situaciones esperando lograr lo mismo. Uno de los errores a superar en la vida, y quizá una de las premisas para acceder a este bazar, es que hay que ser consciente de que vida es cambio constante. -El placebo es un ardid. ¿Para ser feliz hay que vivir engañado? -No, no. Estoy totalmente de acuerdo en la acepción de engaño unida al término placebo porque cuando lo usamos estamos acostumbrados a que se trate de agua cuando nos han dicho que era medicina; pero yo trato de explicar la cuestión de los placebos por otro lado. Curan sin ser medicamento, porque la persona que ha tratado al enfermo lo ha hecho de una manera cercana y cálida, y el paciente tiene a su lado a alguien que va tirando de él en momentos malos y eso le ha ayudado. O sea, placebo es lo intangible que hace que realmente nos sintamos mejor. Pongo un caso extremo: si hay un paciente con cáncer, naturalmente la cirugía y la quimioterapia hacen mucho, pero seguro que si a su lado hay una persona con una visión muy positiva de la vida y con mucho empuje, alegre, que le apoye, este enfermo sale mejor parado que el que no cuenta con eso. Numerosos estudios científicos lo avalan. ¿Qué es lo más sorprendente que ha encontrado en el bazar de los placebos? -Cuando estaba escribiendo el libro y buscaba bibliografía e investigaciones que apoyaran las cosas que decía, iba descubriendo que lo que me gustaba y me hacía sentir bien tenía un sustrato fisiológico. Había algo que lo apoyaba, una molécula que estaba por detrás, la oxitocina. Por ejemplo, sobre la música, que me gusta y la escucho mucho de manera más o menos instintiva, encontré investigaciones que demuestran que si uno oye la música que le gusta antes de hacerse una intervención dolorosa pero que no requiere anestesia general, necesita menos analgésicos. Y sobre el mismo olor, que si es muy agradable aumenta la segregación de esta sustancia, hay experimentos, no sé hasta qué punto éticos, de cómo en un consejo de administración que tiene que alcanzar un acuerdo determinado lo cierra antes si por el aire acondicionado expanden un aroma agradable que hace segregar la oxitocina que facilita las relaciones humanas. -Tanto tiempo diciendo felicidad cuando deberíamos decir oxitocina. ¿Es la única clave? -Una de ellas. Piense que el cere- bro es un enorme laboratorio, pero sin duda la oxitocina tiene mucho peso. Es la joya del bazar del placer. -Y usted como farmacólogo, ¿no ha pensado en fabricar píldoras de oxitocina? -Espero que nunca lo hagan. A las únicas a las que dan oxitocina es a las mujeres durante el parto... -Y es absolutamente desagradable... -Perdón, pero ojalá siga así de desagradable, porque ¿imagina lo que sería un mundo con sprays de oxitocina? Habría adictos y situaciones poco éticas porque te modificarían la actitud sólo poniéndote unos polvitos. La oxitocina la fabrica nuestro cerebro y lo bueno es segregarla de una manera espontánea. Cuando te abrazas con un amigo se produce un nivel de oxitocina brutal y esto sí que es bueno, porque esta no te duele, para entendernos. ¿El optimista nace o puede entrenarse en el descubrimiento del placer? -La tendencia ante esta pregunta es responder que al 50 por ciento se nace y se hace. Pero no lo sé. Hay cosas que se pueden aprender, como no correr tanto, fijarse más, reducir el estrés dejando a un lado la multifunción que ahora está tan de moda... Otra cosa muy diferente son las escuelas que promueven que siempre te tengas que ir riendo por la vida y con las que yo no estoy de acuerdo, porque hay cosas que son para reír, pero hay otras que te ponen triste, y la tristeza es normal, como el enfado, la cuestión en estos casos es cómo gestionarlo. -Tu avión no sale pero en vez de tirarte al cuello del auxiliar del mostrador aprovechas la espera con un libro y una copa de buen vino. ¿Los placeres que provienen de una contrariedad son los más beneficiosos por su efecto de choque? -Tiene toda la razón, pero sólo falta una cosa y es aceptar que no podemos tener certeza de nada y acomodarnos a las circunstancias. El truco está en sacar siempre lo mejor de cada situación. ¿Una receta para escépticos? -Empezar a descubrir algo que es real, que lo puedes hallar en lo mismo que haces y que consiste en descubrir el origen de la sensación de agobio. Nos sentimos molestos por una situación concreta pero en realidad el problema está diez minutos o una hora atrás. Sacamos a veces la ira por cosas que nos pasaron antes y que nos provocaron frustración. Hay que buscar el porqué de lo que no funciona, sabiendo que hay cosas que sí funcionan y otras hasta muy bien. Es un ejercicio de introspección con el que nos podemos llevar muchas sorpresas. LUGAR DE LA VIDA La leyenda o puedo decir que me haya encantado la película Soy Leyenda por la que se abarrotó el cine el otro día, pero me ha entusiasmado la ciudad de Nueva York deshabitada. Me sobran todos los monstruos de la noche, y la enfermedad y las vacunas, y me faltó, como si de un nuevo Robinson Crusoe se tratara, más tiempo en la ciudad por el día, más imágenes de los venados saltando entre los coches, de las bandadas de estorninos entre los árboles, de las hierbas y las flores rompiendo el asfalto. El algo que yo siempre he percibido, la fuerza de la Naturaleza ahí mismo, esperando a que nos vayamos. La Naturaleza tiene una paciencia infinita y si la contaminación ha echado a los líquenes de la corteza de los árboles y de las piedras de las ciudades, acabará regresando cuando cesen los humos con cualquier soplo de viento, con la lluvia, o en las patas o las alas de algún pájaro. Esa ansia de reconquista, permanece intacta desde el principio de los tiempos. Y si cada animal ha modificado a su manera el entorno que le rodeaba, ya sean las termitas haciendo de sus hormigueros pirámides de tierra, ya sean los topos horadando bajo el suelo la tierra, ya sea el hombre edificando hacia el infinito sus rascacielos, tarde o temprano, la vida vuelve, o al menos yo noto su pretensión intacta en ella. Y eso es lo más curioso de esta película. Ver Nueva York después de tres años deshabitada, los leones del zoo sueltos, libres como en la sabana, cazando venados en la quinta avenida, las aceras convertidas en entrepanes para las hierbas silvestres, el silencio, el olor a campo y a mar, en vez de las chimeneas de vapor y de humo. Está perfectamente ambientada, pues no salen gorriones, que siguen a las poblaciones humanas allí donde vayan y que faltan, ya sea en la ciudad o en el campo, si el hombre falta. Hay unas cuantas especies que nos echarían de menos hasta el punto de perder la vida con nosotros. Pero casi todo sigue, la vida sigue, Nueva York sigue con sus luces de neón apagadas, y sus calles deshabitadas, donde fuimos un paréntesis en la historia natural de la Tierra. www. monicafernandez- aceytuno. com N Mónica FernándezAceytuno