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ABC SÁBADO 29 s 12 s 2007 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 María Teresa López López Ex Decana de Económicas (UCM) Cátedra de Políticas de Familia Fundación Acción Familiar- Universidad Complutense EL VALOR DE LA FAMILIA S de todos conocido el interés que la familia suscita a nivel personal. Sin embargo, cuando pensamos en ella como una institución, las cosas cambian. Ya no hay tanta unanimidad, se revisa su papel, y hay que buscar argumentos que demuestren se trata de una organización insustituible. Sin embargo es fácil encontrar razones para afirmar que para construir el futuro de un país es imprescindible contar con ella. La familia tiene dos dimensiones: la privada y la pública, y ambas determinan la configuración y el desarrollo de la sociedad. Realiza funciones fundamentales para el equilibrio social, que justifican la necesidad de apoyarla. En primer lugar la reproductora. Para un crecimiento económico sostenido es esencial el capital humano y su origen, al menos hoy por hoy, tiene lugar en la familia. Desempeña también una función educativa y de transmisión y priorización de valores, siendo el mejor antídoto contra la desorganización social. Si faltan normas y límites durante la infancia se crea un vacío moral que repercutirá en el individuo y en la sociedad. En tercera instancia lleva a cabo la socialización, que también se produce a través de los medios de comunicación, escuelas, etcétera, aunque cada estamento lo hace de manera diferente. Todos actúan como piezas de un puzzle en el que cada uno es imprescindible para construir bien la figura, pero si la familia falta el resultado final no será correcto. Por último sirve de enlace entre generaciones, lo que facilita la transmisión de la cultura y la permite actuar como una red de protección y solidaridad. odas estas funciones convierten a la familia en una institución de un valor incalculable que la hacen merecedora de un mayor reconocimiento social, así como de más atención por parte de los poderes públicos. En ella los niños comienzan a formar su personalidad, interiorizan valores morales y cívicos, y aprenden actitudes y reacciones emocionales que les acompañarán durante toda su vida. Las familias siempre educan, no pueden no hacerlo, pero necesitan ayuda para desarrollar su papel de la manera mas eficaz posible. Entender que la familia actúa como red de solidaridad intergeneracional, transmisora de cultura y tradiciones, es determinante para justificar su apoyo, puesto que la solidaridad es un principio básico de E La necesidad de arbitrar políticas públicas de familia no está en circunstancias coyunturales, puesto que existen argumentos mas sólidos y duraderos. Es necesario reflexionar en torno a ellos y trabajar en la elaboración de nuevas propuestas, acordes con la realidad de las situaciones a las que se enfrentan Y en tercer lugar la familia lleva a cabo una clara función redistributiva de la renta. Cuando se tienen hijos se incurre en unos costes adicionales que provienen de su educación y formación, y de cuyos resultados y logros nos beneficiamos todos, especialmente los mayores, y no únicamente aquellos que han tenido hijos. Esto significa que llevan a cabo una redistribución de renta entre personas, entre generaciones e incluso entre territorios (remesas de emigrantes) En definitiva la familia actúa como una red de protección primaria que alcanza a muchas personas y que si se rompe hará inviable la estabilidad social. estas razones sociales y económicas que explican la necesidad de ayudarla hay que añadir otra, y es la obligación de los poderes públicos de proteger los derechos básicos de todos sus miembros. Aunque se ha avanzado en la no discriminación y en la igualdad de trato entre hombres y mujeres, aún queda mucho por hacer. A la vez están apareciendo nuevas formas de desigualdad. No es lo mismo ser mujer con responsabilidades familiares que no tenerlas; no es lo mismo compartirlas que no compartirlas; como tampoco es lo mismo trabajar fuera y dentro del hogar que hacerlo sólo dentro. Estas nuevas discriminaciones deberían preocuparnos. La necesidad de arbitrar políticas públicas de familia no está en circunstancias coyunturales, puesto que existen argumentos mas sólidos y duraderos. Es necesario reflexionar en torno a ellos y trabajar en la elaboración de nuevas propuestas, acordes con la realidad de las situaciones a las que se enfrentan. Las mejores políticas de familia no son exclusivamente de tipo económico. Para tratar de mejorar su calidad de vida es preciso tener en cuenta, además de su nivel de renta, otros factores y su puesta en marcha exige mucha imaginación y mucha voluntad política. Estableciendo una normativa a su favor, se trabaja por la igualdad de trato entre todos sus miembros y se defienden sus derechos: el de la mujer a entrar y permanecer en el mercado de trabajo, el de los hijos a ser cuidados por sus padres, el de éstos a educar a sus hijos, etcétera. Dejando aparte convicciones religiosas o morales, el valor social y económico de la familia resulta incuestionable, y por ello es necesario reclamar a los políticos actuaciones que la reconozcan como un elemento imprescindible para la permanencia y solidez de la sociedad y la conviertan en el centro de sus decisiones. A T un Estado social de derecho, y debería ser un objetivo prioritario para los gobiernos. Del desempeño de estas funciones se derivan también consecuencias económicas y políticas. Los agentes que participan en la actividad económica de un país son los hogares, las empresas y el sector público y no actúan de manera aislada, sus decisiones están fuertemente interrelacionadas. El sector público, no puede ser indiferente a las decisiones que toman las familias ni a las nuevas necesidades a las que se enfrentan. Las empresas tampoco pueden ser ajenas a ellas, ya que se benefician, en términos económicos, de familias estables y fuertes porque todos los estudios demuestran que ellas generan trabajadores más productivos. Existen además otros ámbitos en los que las interdependencias son especialmente significativas, demostrando la necesidad de la familia para el crecimiento de un país. En primer lugar la familia como agente inversor. El desarrollo de una economía depende, principalmente, de la capacidad de inversión en capital humano y de su formación- -no sólo académica- -y la parte más importante se produce en las familias. Los valores que humanizan al hombre y a la sociedad se viven y se comienzan a aprender esencialmente en ella. Por tanto, una economía que quiera crecer con estabilidad no debe preocuparse sólo de tener buenas escuelas, sino también debe ocuparse de formar personas que crezcan en ambientes familiares equilibrados y estables. a familia es también una unidad de ahorro y consumo. Sus actuaciones permiten reducir los costes que supone para la sociedad la labor de formación. Es además unidad de consumo e inversión que actúa de manera muy diferente a la de otros agentes económicos, y especialmente, a las de los individuos que viven solos. L