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ABC SÁBADO 29 s 12 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EVALUACIÓN DEL OPTIMISTA EÑORAS y señores, damas y caballeros, ciudadanas y ciudadanos, aquí no ha pasado nada. O mejor dicho, sí ha pasado. Ha pasado que hemos hecho cantidad de cosas, a cuál más justa, benéfica y solidaria. Hemos sacado las tropas de Irak, hemos subido las pensiones y el salario mínimo, hemos aumentado la renta y el PIB hasta superar a Italia, hemos creado empleo, hemos ampliado derechos, hemos traído paz social y estabilidad política, hemos... -Oiga, señor presidente, disculpe pero parece que se ha olvidado usted de algo. ¿Qué fue del asuntillo aquel del Proceso de Paz? IGNACIO- -Ejem, bueno, es que no CAMACHO quería hablar de eso para no introducir el terrorismo en el debate político, como hace el PP -Ya, pero es que hace un año justito dijo usted que íbamos a estar mejor, y ya ve... -Bueno, eso fue un error notable, ciertamente, como el de ponerle fecha al AVE de Barcelona. Pero pelillos a la mar, cada uno es como es. Lo importante es que ahora estamos en lo que estamos, y que el PP ha intentado sabotear la paz y ha roto el consenso antiterrorista frente a nuestra buena voluntad. Y que no hay expectativas de diálogo con ETA. ¿Ni las va a haber si vuelve usted a ganar las elecciones? -Mire, no es razonable hacer hipótesis de futuro. Pero como les iba diciendo, hemos creado tres millones de empleos, y hemos cerrado cada presupuesto con superávit y bla, bla, bla... Éste es, traducido a un lenguaje coloquial, el resumen del balance de la legislatura con que el presidente del Gobierno se autoperfumó ayer, festividad de los Santos Inocentes, en el cierre del último ejercicio. Una ducha autocomplaciente de pétalos de rosas económicas y sociales, en la que sólo a preguntas de la prensa cerró el grifo del incienso para ocuparse superficialmente del punto cenital de todo su mandato, ese diálogo con ETA que ahora parece estorbar en la decoración navideña de su cuenta de resultados. Y fue para echarle la culpa a la oposición, sugiriendo que es en gran parte responsable del fracaso de su plan, y negarse a cerrar taxativamente la puerta a la posibilidad de reemprender el camino. De lo único que se arrepiente, según sus propias palabras, es de haber ejercido de profeta del optimismo la víspera del atentado de Barajas. Pero es que, comprendámoslo, cada uno tiene su forma de ser Así que esto es lo que hay. Triunfalismo económico, pecho henchido sobre las delirantes reformas territoriales, palmaditas a los socios y ni asomo de autocrítica sobre la temeraria negociación con los terroristas. Menos, de arrepentimiento, y casi nada de propósito de enmienda: No es razonable hacer hipótesis de futuro (sic) Que cada uno lo entienda como quiera, pero si alguien se llama a engaño no será ni siquiera porque el propio Zapatero lo haya tratado de confundir. En eso ha sido claro incluso dentro de su deliberada bruma verbal: está contento, encantado de sí mismo, y si puede reincidirá en su intención de acabar con la violencia expresión cuya ambigüedad sólo puede despistar a quien ignore el carácter esencialmente ambiguo de su lenguaje. O sea, que aquí no ha pasado nada, pero puede volver a pasar incluso lo que no ha pasado. ¿O sí? S EL ÁNGULO OSCURO EL VIRGO DE RAJOY ONFESARÉ que esa última chorrada evacuada por Rajoy, según la cual se compromete a no permanecer en la poltrona durante más de dos mandatos en caso de ser elegido, me ha dejado patidifuso. Un solterón irredento que hubiese proclamado su firme propósito de no echar más de un polvo a la semana en caso de perder la virginidad no me hubiese provocado más lástima y estupor. No se trata tan sólo de que Rajoy, al proferir tamaña mentecatez, esté vendiendo la piel del oso antes de cazarlo; está, además, brindando al adversario un motivo de rechifla. Pues lo que denota, antes que la probidad del político con desapego al poder, es la ansiedad del advenedizo que se muere por arrimar el culo a esa poltrona que finge desdeñar. Si al patetismo un tanto chusco y desesperado de la propuesta añadimos que la derecha española ya propició una crisis innecesaria cuando Aznar anunció un propósito idéntico (pero al menos Aznar lo hizo cuando ya había conquistado la poltrona) concluiremos que el estrambótico y campanudo desiderátum de Rajoy sólo admite una explicación clínica. Siempre había sospechado que Rajoy contaba entre sus JUAN MANUEL propias filas con mucho conjurado que DE PRADA anhela su perdición; no me hubiese atrevido a imaginar que la conjura se extendiese también al círculo de sus asesores. Más que hacer cábalas sobre los polvos que va a echar cuando pierda la virginidad, Rajoy debería preocuparse de encontrar quién se los eche, pues no anda tan sobrado de pretendientes. Hay en Rajoy un fondo de excesiva morigeración (por no decir indolencia) que actúa disuasoriamente sobre el ánimo; y esa pretendida ironía galaica con que reviste sus palabras- -que no es sino vagarosa y embrollada tibieza, melindre de calamar que expulsa su tinta para facilitarse una escapatoria, en lugar de coger el toro por los cuernos- -acaba de matar sus posibilidades. Hace unos días, Rajoy hizo unas declaraciones mucho menos campanudas que las que ahora provocan la chanza general, muy sintomáticas de su incapacidad para mo- C jarse. Se rumoreaba que el Gobierno de Zapatero, con su habitual propensión a sofocar fuegos vertiendo gasolina, se disponía a reformar la regulación sobre el delito de aborto, proponiendo una ley de plazos que en la práctica supondría el reconocimiento del aborto libre y a mansalva. Ni Rajoy ni sus adláteres se habían atrevido hasta entonces a calificar el escándalo de los mataderos de niños que han florecido a expensas del coladero legal vigente; coladero que- -no conviene olvidarlo- -la derecha no hizo nada por reparar durante los ocho años que se mantuvo en la poltrona. Inquirido sobre esa hipotética reforma, Rajoy volvió a adoptar la consabida estrategia del calamar, aduciendo que la actual regulación era fruto del consenso No hay mayor signo de papanatismo que la adopción del lenguaje del contrario; y ya en la mera elección del término consenso para referirse a una ley que ampara el exterminio de cien mil niños al año se revela un temperamento pusilánime y una falta de fibra moral ciertamente preocupantes. Pero, ¿a qué consenso se refería Rajoy? ¿Al consenso de los matarifes que exterminan niños y de los niños que son exterminados? ¿O por consenso aludía más bien al pacto de silencio de una sociedad hipócrita que vuelve la espalda a tanta bestialidad? Seguramente fueron sus asesores quienes recomendaron a Rajoy tibieza; pero lo que sus votantes le demandan en esta hora es justamente lo contrario: voluntad e ímpetu moral. La causa del desbarajuste nacional no es tan sólo Zapatero. Quizá Zapatero sea la causa inmediata, pero detrás hay una causa más profunda de naturaleza moral que exige la instauración de un régimen ético nuevo; un régimen ético que, desde luego, no se logra con actitudes tan pálidas y borrosas como las de Rajoy. Pero Rajoy, a falta de ímpetu moral, se consuela con una moralina superficial, puritana y palabrera; se consuela con prometernos continencia si pierde la virginidad. Así, porque eres tibio, y no frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca leemos en el Apocalipsis. A Rajoy le convendría meditar sobre esta frase, en lugar de hacer tantas especulaciones extemporáneas y superfluas a propósito de su virgo.