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ABC VIERNES 28- -12- -2007 VIERNES deESTRENO 91 Un funeral de muerte ROBAR LA RISA A LA GUADAÑA Entre las películas del año destaca esta comedia del británico Frank Oz, que se ríe de la muerte con una naturalidad asesina JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Hay un camino en el más allá totalmente inescrutado, y no es el de la muerte, sino el que exprime el talento para reírse de la guadaña, de ser tan ácido, tan irónico, que el de la capucha parezca un niño de teta. Es un sendero complejo al que hay que llegar llamando a puertas políticamente incorrectas, yendo por desfiladeros en el que un paso más acá te lleva a tierras grotescas y un paso más allá te sumerge en aguas ya navegadas. Todo lo que se requiere, ni un metro más ni uno menos, se encuentra en esta obra que nos lanza una soga salvadora que nos libró de las garras infames del rosa americano, de la patochada familiar, del horizonte azul del cielo diáfano, todo eso que lleva al aburrimiento mortal, al entierro en vida y a la hipocresía de una sociedad que lo pinta todo de blanco para ocultar el negro. Frank Oz, veterano al que le resbala todo ese terreno de patéticas comedietas americanas, apela a la semiolvidada escuela Ealing (un tipo de comedia negrísima, enloquecida y desternillante que hizo furor en los 50) pero, sobre todo, se apoyó en la joven frescura de Dean Craig, guionista británico, para sacar el máximo partido a un guión disparatado, feroz con el establishment y con la burguesía acomodada. Los ingleses... ahí entramos en el quid de la cuestión. La película es de producción medio americana, pero el trasfondo de la obra, incluidos los actores, es inglés. Y todo está embadurnado de su peculiar estilo de abordar la comedia, inimitable, con ese humor corrosivo, tan europeo, tan mordaz, moderno y a la vez clásico, un prodigio de ideas lacerantes y geniales. La idea era un reto, formar alrededor de un funeral un rosario de historias a cual más disparatada, meterlas en una túrmix y apretar el botón. No es fácil hacer reír en estos tiempos que corren, lo es más llorar o gritar. Por eso encontrar tesoros de felicidad es tan complejo hoy en día. De ahí el mérito de esta obra donde un veterano director ha sabido desarmar a la muerte robándole su guadaña y la risa grotesca. Tan grande es. ABC ble, callejero y brutal que Dito Montiel urdió para su ópera prima, Memorias de Queens Hablamos del reencuentro inesperado y veronés entre el hijo pródigo venido a menos y su enamorada platónica llegada a ninguna parte. Poquísimas veces ha habido tanto tonelaje de sentimientos acumulados como entre los hey que se dedican Dito y Laurie, o temblor de ocasiones perdidas como en el detalle de los dedos de Robert Downey Jr. cuando le dice al chaval que conoce a su madre (Rosario Dawson) desde que era así de pequeña. Casi no importa que el resto sea un potente, aunque irregular ¿a quién narices le importa la regularidad? ¿a los ciclistas? cóctel entre Spike Lee, William Wyler y Scorsese. Este fragmento vale casi la eternidad y un año de cine. Por lo menos, para mí. El resto, lágrimas en la lluvia, ya sabéis. Supera esto, 2008. La vida de los otros LA FICCIÓN MÁS VERAZ Parece un título clásico, pero este drama sobre la vigilancia a la que sometía la Stasi a sus ciudadanos en la antigua RDA fue estrenado el pasado mes de febrero FEDERICO MARÍN BELLÓN Entre la espectacularidad del cine más comercial y las rarezas de los más rabiosos e independientes directores de culto cabe una tercera vía, la de las buenas películas, sin más. Pocos se atreverían a imponer sobre las espaldas de La vida de los otros un calificativo tan pedante como el de obra maestra Y sin embargo, para muchas personas, para cientos de miles de otros no sólo para los castigados ciudadanos de la antigua Alemania del Este, se trata de la obra de sus vidas. Cualquiera que conozca el recorrido exacto de los escalofríos después de hacer un comentario imprudente justo antes de descubrir unos oídos acechantes, cualquiera que haya sentido mientras escribe una mirada vigilante por encima del hombro, cualquiera que haya sufrido la vergüenza de comerse sus ideas para no tenerlas como único alimento sabrá sopesar cuánta verdad hay en la cinta de Florian Henckel von Donnersmarck. Más allá de la autenticidad extracinematográfica, La vi- da de los otros nos confirma otra certeza: con un guión escrito con una mano movida por el corazón y la otra sujeta por el cerebro, basta una mirada inteligente para transmitir lo que mil muecas no sabrían ni esbozar. Dicho de otro modo: lo que consigue Ulrich Mühe (que en los cielos esté) sin tensar un solo músculo de su rostro es un milagro que sólo se produce en el cine cuando el destino logra alinear varios talentos. La transformación del frío agente que espía a sus conciudadanos al servicio del Estado totalitario en una persona capaz de comprender los sufrimientos y los temores de sus semejantes se produce en la película con una sutileza que, aunque el drama que nos cuentan hubiera sido menos dramático, merecería una montaña de premios. La trascendencia de los hechos es el añadido que faltaba para igualar, por lo menos, al mejor libro de historia.