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90 VIERNES deESTRENO VIERNES 28 s 12 s 2007 ABC Los críticos de cine de ABC eligen sus películas favoritas del año. No están todas las que son (falta Ratatouille por ejemplo) pero son todas la que están Cartas desde Iwo Jima Una escena para la Historia E. RODRÍGUEZ MARCHANTE En un año en el que el cine bélico se ha disparado y en el que varias películas buscaron un nuevo lenguaje y otros puntos de vista para narrar la guerra desde su interior, lo más grande, admirable, hermoso y útil que ha dejado el cine llegó con un filme de corte clásico, Cartas desde Iwo Jima el contraplano de esa hazaña bélica de la segunda guerra mundial que había mirado ya de frente Clint Eastwood en Banderas de nuestros padres Clásica en su concepto y en su concepción. Clásica en su retrato y en su mensaje. Clásica en la vestimenta ética de sus personajes. Película admirable, y de la que se extrae un momento magistral, una escena grande, tal vez de las más grandes que se hayan hecho nunca en una guerra y que sólo un cineasta como Eastwood es capaz de sujetar en toda su grandeza: Hay en la película un personaje, el Baron Nishi, tan magnífico como el protagonista (el general Kuribayashi) alguien especial, un triunfador, amigo de Mary Pickford y de Douglas Fairbanks, que participó en las Olimpiadas de los Angeles de 1932. Un tipo entero que decidió ir a Iwo Jima porque entendió que era un bastión para su país, a pesar de intuir que se trababa a un destino fatal... Han cogido a un soldado americano herido y él impide que los suyos lo maten allí mismo; les obliga a curarlo, habla con él de sus amigos de Hollywood, lo tranquiliza... a pesar de ello, el soldado americano muere, y entre sus cosas hay una carta ¿son los planes del enemigo? preguntan sus soldados) Una carta de su madre que el Barón Nishi lee en alto ante el rostro ya sin odio de la tropa: palabras cotidianas sobre la vida de allí, de casa; deseos; esperanzas y una frase imperativa, demoledora, maternal, grande: haz siempre lo correcto, hijo, porque es lo correcto Del rostro de los soldados japoneses, unos cuidadosos y neutros primeros planos, emana una verdad casi intolerable: se han quedado sin enemigo aquella madre es su propia madre, la guerra pierde en ese instante su esencia, su sentido. Algo así (y lo contrario) ocurre en Apocalypto cuando cesa la sangrienta persecución al ver en la orilla barcos extraños... Clint Eastwood dirigió esta película y Banderas de nuestros padres sobre el mismo hecho histórico REC LA MUERTE EN DIRECTO El cine de género ha salvado al cine español de una temporada terrorífica. Junto con El orfanato destaca este trabajo de Paco Plaza y Jaume Balagueró ANTONIO WEINRICHTER Resulta que las películas que van a salvar este año la precaria cuota de cine nacional son de terror: celebremos esta derrota de la temible comedia castiza, lo único que parecía llevar a la gente al cine. Celebremos también la victoria del modelo de la fantasy factory catalana, que demuestra que aquí también sabemos hacer cine de género, aunque sea pasado por el mito friqui de la serie B. Pero si hago comparecer REC a la hora del balance no es por sus méritos taquilleros ni de género, sino por lo atrevido de su propuesta y por la brillantez de la ejecución. No hace falta recordar que se trata de una película perteneciente a la variante cintas encontradas cuyo nacimiento se achaca a El misterio de la bruja de Blair pero que inventó Chris Marker en 1974 con La Ambassade El trabajo parte de la premisa de una transmisión en directo, típica de las teles regionales que se ocupan de asuntos comunita- rios, si bien la comunidad que aquí se retrata deja en pañales a la de Alex de la Iglesia. Los directores se condenan así a una servidumbre que hubiera complacido al Hitchcock de La ventana indiscreta cuya versión digital podría ser ésta: mantener en todo momento el punto de vista de una cámara y de una reportera que se enfrenta a una plaga de vecinos zombis. El zarandeo de la imagen, y de la reportera, no deja de demostrar la eficacia de la idea: en la era de la telerrealidad, del acoso filmado con el móvil y de las ejecuciones televisadas de Al Qaeda, la única opción es aplicar el realismo extremo al cine de terror, que ya no es cosa de fantasmas ni menos del vetusto imaginario gótico de la Hammer y compañía. La violencia tiene la textura de una cinta de vídeo y la muerte debe parecer en directo, sin el consuelo de la ficción, para conmover nuestras maliciadas rutinas. Memorias de Queens EL MINUTO DE ORO Entre las cintas independientes del año destaca este drama del debutante Dito Montiel, basado en su propio libro, A Guide to Recognizing Your Saints JAVIER CORTIJO Si extendemos plácidamente la memoria como si fuera un perfecto día privado de playa y dejamos desplegar sus tentáculos hasta que hagan cosquillas al estreno más recóndito del año, quizá obtengamos una recompensa parecida a la de amaestrar caracoles: lenta frustración. Aparte de que Hollywood ya no tiene quién le escriba, el cine hace tiempo que dejó de componer sinfonías compactas, gloriosas y redondas. Así que, entre los doscientos y pico estrenos, del medio millar largo del 2007, que nos hemos tragado más por obligación que por devoción, se salvan del pelotón de fusilamiento contados politonos y relámpagos: el tic salvaje de El último rey de Escocia la ovación crepuscular de Rocky Balboa la pelea sudorosa de Promesas del Este la iluminación culinaria de Anton Ego al probar el ratatouille Entre todos, sobresale el minuto de oro del año: en realidad 107 segundos de pureza, engarzada en medio de ese torbellino de cables pelados inconteni-