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88 VIERNES deESTRENO VIERNES 28 s 12 s 2007 ABC En casa de Herreros, carteles de cine La polivalente- -y valiente (le estampó una hoz y un martillo a Franco en la Avenida José Antonio, con el cartel de Camarada X -figura de Enrique Herreros en la España de pobres sin cartel emerge en un libro donde su hijo resucita el cine según sus carteles POR ANTONIO ASTORGA MADRID. Enrique Herreros era un tipo que bajaba las escaleras sin pisarlas. Creó, dibujó y publicó 807 portadas, 45 contraportadas y 2.303 piezas en La Codorniz Fue cineasta María Fernanda la Jerezana 1946) grabador, fotógrafo, humorista, cinéfilo, publicista, manager, montañero... un art- ista total. Con él se rompió el molde. Era irrepetible. Nació un día de muchas nieves en Madrid- -29 de diciembre de 1903- -y en el Kilimanjaro. Escaló los Picos de la Europa del arte y el talento, como Tono, Mihura, Neville... la otra generación del 27 un maravilloso grupo del que no se desperdigaría. Siempre se alegró del éxito ajeno. Y despegó La Codorniz forjada por un herrero ingenioso, humilde, pudoroso, vergonzoso y recatado. Por eso a veces se salía de sí. Como su hijo Enrique, otro gran tipo, que se sale de sí para seguir manteniendo viva la llama y encendida la casa del padre. Ahora reúne en feliz armonía Los carteles de cine de Enrique Herreros y otras obras importantes obra editada por EGEDA (entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales) y EDAF. Se muestra en 460 páginas cinco facetas creadas por Herreros: cuarenta y cuatro carteles de cine; dieciocho de temas en general; escritos sobre catorce bastidores ideados por él para adornar la fachada del Palacio de la Música con películas que la mayoría figuran en la Historia del cine; veinticinco portadas que publicó en La Codorniz de cine (y sobre cine) y treinta retratos de estrellas consagradas publicadas en la revista Cinegramas Desde niño, Enrique, hijo, guarda, cuida y custodia esa incalculable colección, y los libros, gracias a las admirables enseñanzas de Enrique, padre, que se sentirá orgulloso, allá en el séptimo cielo, muy cerca de Goya, de cómo su vastago ha movido la Séptima con la Octava Avenida para que sus carteles vean la luz. Enrique, hijo, ha reunido noventa artículos de noventa magníficos, que demuestra el interés, cariño y respeto que mi buen padre dejó entre ellos tras marcharse para siempre a sus Picos de Europa, cuando fue reclamada su presencia tan bruscamente por Mr. Jordan en 1977 El Herreros cervantista, humanista, humorista, inconformista, municipalista, cineasta, hombre de teatro, colaborador... se pone ahora en manos del lector. Enrique Herreros, padre, tuvo un defectillo no marcharse de España, como Picasso o Dalí. España sabe querer, pero no sabe mimar, y se quedó en esta piel de toro que maltrata el talento de sus más grandes hijos, pero gracias a la sangre de su sangre, su manuense hijo, con quien tiene vocación y vinculación, la memoria de Herreros permanece habitada. Homenajean a Herreros su universo: hombres de cine- -Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Rafael Azcona, José Luis Borau, José Luis Garci, Gonzalo Suárez, Gil Parrondo... -hombres de Economía- -Ramón Tamames- de política- -Alfonso Guerra- -críticos, periodistas, sus amigos de ABC- -Manuel Martín Ferrand, Antonio Burgos, José Miguel Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Jesús García Calero, Juan Ignacio García Garzón, E. Rodríguez Marchante, Luis Prados de la Plaza- -y dos grandes de España que desgraciadamente han sido llamados por Mr. Jordan Fernando Fernán- Gómez, que glosa la España que fue de las tertulias, y José Luis Pécker, la montaña mágica de las ondas esculpida magistralmente por Antonio Mingote en ABC: Anunciaba Un millón para el mejor cuando el mejor era él se leía en la sublime viñeta a él dedicada, donde un radioescucha, abatido, llora de rabia la muerte del volcán de la radio. José Luis Pécker- -que tuvo a Enrique, hijo, como compañero en aquella fabulosa Cabalgata fin de semana desde la que convocaba a las más fulgurantes estrellas llegadas desde Hollywood a los Picos de Europa- -sitúa sabiamente a Herreros, padre: Su misión fue transmitir alegría, actualidad, esperanza y todo dicho en voz baja Hallaba la sonrisa sin molestar a nadie. Era el hombre bueno del cine y de la prensa. El mágico soñador de portadas capaces de despertar a los españoles cansados. Amaba la vida en colores vivos. Y su hijo aprendió de él esa joven asignatura de seguir siendo Herreros Enrique, padre, era de esos artistas que empiezan por art, y terminan por ista. Lo recuerda Oti Rodríguez Marchante, a propósito del cartel de Camarada X (1949) ¿A que le coloco a Franco una hoz y un martillo en la zona más visible de la Avenida de José Antonio hoy la Gran Vía madrileña prometió. Y cumplió su palabra sagrada. El 21 de febrero de ese año puso con todos los permisos en regla el cartel de Camarada X y entre los gigantescos rostros de Clark Gable y Hedy Lamarr se puede apreciar con claridad una viñeta en la que resalta el emblema comunista con el mismo descaro que una cucaracha sobre un pastel de nata escribe Oti. Herreros tuvo un par de arts para colgar una bandera con la hoz y el martillo en la fachada del Palacio de la Música ante las mismas barbas de la censura- -prosigue el crítico cinematográfico de ABC- -y los bigotes de un caudillo (que rima con martillo) sin escrupuloz (tenía que rimar con hoz como fuera) Art- ista total, el mundo del cine estuvo en manos de Enrique Herreros entre 1931 y 1936, un lustro antes de que echara a volar el humor codornicesco. Herreros fue un hombre que sabía o había visto demasiado, pero que había aprendido muy pronto a ser una persona bondadosa. Como su hijo Enrique, hombre de cine, pero disidente hoy de las salas que parecen garajes, y que se semejan a cualquier institución geriátrica sustituyendo los naipes o el parchís por cómodas butacas, y a la aburrida Doña Pepita por la deslumbrante Scarlett Johanson Como esa tentación rubia deslumbran los carteles forjados y guardados entre algodones por los hombres de hierro de nuestro cine, los dos Herreros, los dos Enriques, en los mejores años de nuestra vida. Comunismo en Gran Vía (1949) Un cartel para el mejor Algunos de los carteles que el libro de EDAF reproduce, a todo color y en una lujosa edición, cuyo precio de venta es de 42 euros El lujoso volumen de 460 páginas muestra más de 130 obras de Herreros comentadas por 90 magníficos