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34 INTERNACIONAL El asesinato de Bhutto sume a Pakistán en el caos VIERNES 28 s 12 s 2007 ABC ¿HAY ALTERNATIVA A MUSHARRAF? El magnicidio de Bhutto convierte al presidente paquistaní en un aliado imprescindible para Occidente, en un país infiltrado por los talibanes HORIZONTE stedes no entienden lo que es la política en Pakistán me dijo Benazir Bhutto mirándome con desprecio desde el otro lado de la mesa del comedor del Hotel Madison en Washington. Era diciembre de 2004 y su legendaria altivez- -que algunos equiparaban a la de Margaret Thatcher- -había estallado como si Ramón Pérez- Maura U dispusiera de un resorte automático que se activara cuando se le preguntaba por las acusaciones de corrupción que pendían sobre ella. Y algo de razón tenía, porque el mismo Gobierno que la procesó por corrupción ha retirado todas esas acusaciones hace unas semanas para permitir a la ex primera ministra volver a competir por el cargo que ejerció dos veces con escaso éxito. Y en otra muestra más de que es difícil entender la política paquistaní, muchos afirmaban que ella volvía a ser favorita- -pese a sus innumerables fracasos políticos. Quizá la verdad fuese que Bhutto era mucho más popular entre la Prensa extranjera que entre sus compatriotas. O entre su propia familia. Su madre y sus dos hermanos varones, Murtaza y Shahnawaz, nunca aceptaron que su padre la escogiera como heredera política. Ellos crearon a principios de la década de 1980 el Ejército de Liberación de Pakistán más tarde renombrado Al- Zulfikiar La Espada Shahnawaz fue envenenado en 1986 y Murtaza abandonó el terrorismo e intentó desplazar a su hermana de la jefatura de su partido. Fracasó y en 1996 murió durante un tiroteo con la policía paquistaní siendo su hermana primera ministra. La cuestión ahora es cómo altera el magnicidio de Benazir el equilibrio político regional. Y en verdad puede hacerlo. El presidente Musharraf estaba perdiendo aceleradamente el favor de Washington y Londres. Desde que tomó el poder por la fuerza se dedicó a demostrar que él era el amigo de Occidente. Y el 11- S y la posterior guerra en Afganistán le dieron la ocasión de probar que, en la mejor tradición islámica, a Occidente le interesaba concertar un matrimonio de conveniencia con Musharraf. Así se hizo, pero sus modos dictatoriales han ido demasiado lejos y Washington y Londres hubieron de recurrir, una vez más, a aquella joven que estudió en Harvard y Oxford y que era la primera mujer de la familia Bhutto que no llevaba un burqa que ocultara su rostro. Las incógnitas que deberán resolver los investigadores del crimen son bastantes. Para empezar, éste es el quinto atentado terrorista que se da en la ciudad- fortaleza militar de Rawalpindi desde el mes de julio. Y precisamente por la condición de fortaleza militar se presupone a ese lugar bajo un control de la inteligencia militar superior al que se da en otras partes del país. La forma en que se produjo el ataque sugiere un elevado grado de entrenamiento y disciplina, propios de una organización militar, lo que podría apuntar a una infiltración del Ejército paquistaní por Al- Qaida o los Talibanes- -algo sobre lo que hay sospechas desde hace tiempo. En todo caso, si no desde dentro del Ejército, los Talibanes son los primeros sospechosos en el magnicidio. El jefe del Movimiento de los Talibanes en Pakuistán, Baitulah Mehsud, ya amenazó con asesinar a Bhutto a su regreso en octubre y entonces se produjo un primer atentado con 132 muertos y unos 500 heridos. No aceptamos ni al presidente general Musharraf ni a Benazir Bhutto porque sólo protegen los intereses de los Estados Unidos dijo Baitulah. Dos meses después, Bhutto está muerta. Esta muerte sin duda refuerza a Musharraf. Su Gobierno tiene una responsabilidad por la omisión en la protección debida a Bhutto- -aunque es sabido que frente a un terrorista suicida no hay protección posible. Ahora queda claro que sólo Musharraf encarna el freno a la caída del país en manos de los islamistas y la progresión de los talibanes camino de la vuelta al poder. Algo que Occidente no puede permitirse.