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ABC JUEVES 27 s 12 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA SANTA CLAUS EN EL BELÉN E EXTERIOR UNIÓN POR EL MEDITERRÁNEO ESPUÉS de seis meses, la Unión por el Mediterráneo acaba de arrancar. Una vez más, Nicolas Sarkozy pisa el acelerador. En parte es su proyecto, pero sólo en parte. La Unión Europea ha impuesto un criterio: continuidad con el proceso de Barcelona. Reforzarlo, no destruirlo. La señora Merkel ha manejado algunos resortes. Francia ocupará gran parte de la escena, pero España e Italia estarán allí, vigilando. La primera con mayor peso; Italia no logra fortalecer sus instituciones, y eso se paga. Sarkozy tiene flancos descubiertos: pocos, es verdad. Su velocidad en la acción, su capacidad para localizar problemas y soluciones, ha descolocado a no pocos políticos europeos. Prodi o Zapatero observan. Sarkozy puede salirse de la pista, derrapar. Entonces oiremos: ¿No ve? No se pueden tomar así las curvas... ¿Y si el presidente francés se mantiene en el circuito? Angela Merkel tiene, al parecer, un método para entenderse con el imprevisible vecino. Merkel apoyará las iniciativas que interesen a la Unión Europea y plantará cara si hay extralimitaciones. Decir esDARÍO to ¿es no decir nada? Alemania no VALCÁRCEL mandará, pero no dejará que Francia mande en solitario. Es notable la vaguedad de muchos periódicos españoles en esta materia crucial. En contraste con los anglosajones, aquí abundan las generalidades, señal de desconocimiento. Sólo dos comentarios con sustancia, Ll. Bassets, 20 diciembre, y B. Bergareche, el 22, el último en estas páginas. Primeros hechos: -La Unión Europea tutelará el proyecto, pero Francia utilizará a fondo dos bazas, 40 grandes empresas, privadas pero influidas por el Elíseo. Y su diplomacia. La solidez institucional francesa se hará sentir. Francia adaptará su iniciativa al Proceso de Barcelona. -Se crea una cooperación reforzada, de geometría variable. No nace, de pronto, la Unión Mediterránea. D La Unión por el Mediterráneo, cada término está medido, aproximará a las dos orillas, a partir de ocho o diez proyectos, de aquí a 2020: el agua en la orilla sur; Protección Civil en norte y sur; lucha contra las pandemias, desde Egipto a Mauritania; producción de fruta y verdura en el sur; acuerdos energéticos entre las dos orillas; financiación, nuevo banco público con aportaciones privadas; modernización de la justicia... La gestión corresponderá a las empresas, con control de la UE y de los Estados. -El grupo al que Sarkozy respalda, la fundación de Prospectiva Económica del Mediterráneo, IpeMed, con sede en París, es obra de Jean- Louis Guigou, antiguo responsable de Ordenación del Territorio, con mayor poder en aquel puesto que muchos ministros. En su equipo, Abderraman Hadjnacer, antiguo gobernador del banco emisor argelino; Rahdi Medeb, profesor de la universidad de Túnez; Alí Bouabid, académico marroquí; P. Roumeliotis, ex ministro griego. No estamos ante un movimiento francés. -Suez, la Caisse National, Areva, Gaz de France y otras doce empresas han firmado con Guigou. KPMG es una vanguardia norteamericana en la operación. Sarkozy ha dado su confianza a Guigou cuando ha comprobado la solvencia de la red creada hace dos años. La norma exige no pronunciar un solo discurso. -España e Italia constituyen ya su parte del tejido: con marroquíes y argelinos, con turcos (sí, turcos) y libaneses: no maquinarias oficiales sino empresas, cubiertas por la Comisión Europea. Sobre ese suelo se propondrá un tratado a todos los estados mediterráneos el 13 de julio. -En sus palabras del 11 de octubre, ante 30 empresarios, Sarkozy deslizó una moderada crítica al Proceso de Barcelona. Luego, en conversaciones con los asistentes, alguien recordó un fallo del Proceso. Los 3.000 millones de euros dedicados anualmente por la Unión a la orilla sur difícilmente llegan a las poblaciones: gran parte se queda en los ministerios, sin contabilidad. Falta el control en destino, algo que las empresas saben hacer. N un balcón frente a mi casa tres reyes magos, tres, trepan por la fachada en rigurosa cordada epifánica. En muchas otras ventanas de la ciudad luce, en colgaduras carmesíes, un Niño Jesús lustroso y sonrosado con su corona de potencias, respuesta de la Andalucía religiosa y cofrade a la invasión de los Papás Noel rampantes que suben con su saco a cuestas por las paredes de media España. En Internet, la palestra de la controversia posmoderna, se abren foros vitriólicos que trizan con humor explosivo el mito nórdico del hombre del trineo. Hay debates sociales que laten con denuedo en el IGNACIO fondo de la opinión pública CAMACHO sin asomar a las encuestas porque circulan bajo la espuma de la dialéctica política y no tienen que ver- ¿o sí? -con la urgente prospectiva de la intención de voto. Antiguo y clásico mecanismo de acción- reacción; en esta incruenta contraofensiva de símbolos selibraun pulso sordo defe contra laicismo, de tradición frente a colonización. Una especie de motín reactivo- -y ciertamente esquemático, o maniqueo- -ante los intentos de disolver el sentido religioso de la Navidad en el marco de un relativismo multicultural que va desde la supresión de muchos belenes oficiales a la pintoresca celebración panteísta del solsticio de invierno pasando por la transformación paulatina de las clásicas funciones colegiales o el desleimiento de la iconografía tradicional en un abstracto folclore decorativo. De nuevo las Españas duales batiéndose por su cuenta en una de esas porfías que tanto gustan a nuestros más combativos compatriotas. Por ahora se trata de un debate entre fundamentalistas, porque la España pragmática, la que circula en silencio por medio de la calle sin prestar atención al griterío de las aceras, ha efectuado hace tiempo por su cuenta una síntesis integradora, ecléctica y mestiza, abriendo sitio en el hogar para todo lo que enriquezca la fiesta: para el árbol y para el nacimiento, para los pastores y para los renos, para los Reyes y para Santa Claus. O para un detalle en la mesa de Nochebuena y para la cascada mágica de regalos en la noche apoteósica del 5 de enero. Grescas, las justas y estrictamente necesarias. Lo llevan, pues, crudo los adanistas, los laicistas y otros cruzados de los nuevos tabúes propios del pensamiento débil. No sólo porque hayan empezado a encontrar la respuesta pendular y reactiva a sus campañas de banalización o desacralización navideña, sino porque, en el fondo, se mueven en una manifiesta y minoritaria inferioridad. Este pueblo sabio, acostumbrado a deglutir novedades, no siente amenazada su honda tradición religiosa ni su majestuoso acervo cultural por una vaga moda de panteísmo laico. Y menos, por un gordito anglosajón y más bien hortera vestido de rojo. Antes al contrario, con lo aficionados que somos a las mezclas kitsch en la piedad popular, raro será que Santa Claus, Papá Noel o como se llame no acabe incorporado al belén. Como ha recordado el Papa Ratzinger, siempre tan meticuloso en punto amateria teológica, tampoco la mula, el buey ni los mismísimos Reyes están en las Sagradas Escrituras. Y ahí andan, escoltando desde hace siglos en la profusa imaginería convencional al imbatible Niño que da sentido a todo este jolgorio.