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4 OPINIÓN JUEVES 27 s 12 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro SOMALIA, UN ESTADO FRACASADO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA RAJOY, MÁXIMO OCHO AÑOS L presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, está apuntalando su precampaña electoral con mensajes y propuestas concretas, muy precisas en sus términos y dirigidas a configurar su partido ante la opinión pública como una alternativa clara al PSOE de cara a las elecciones generales de 2008. Lo ha hecho con las promesas de suprimir el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas para las rentas más bajas y de subir determinadas pensiones. Su última apuesta ha sido de carácter estrictamente personal al comprometerse a no permanecer en la presidencia del Gobierno más de dos mandatos consecutivos. Rajoy asume de esta forma, con plena libertad y sin que hubiera de sentirse obligado por el precedente, el sentido regeneracionista que José María Aznar imprimió a su acceso a la presidencia del Gobierno en 1996, pues si resulta plenamente legítimo no establecer límites a la permanencia en el cargo, resulta también un estímulo para la calidad de la democracia- -y una lección para la izquierda- -que los candidatos de la derecha que aspiran al máximo poder político en España se predispongan a la autocontención y a facilitar la renovación de su partido. Esta promesa de Rajoy encierra también una forma de entender la política muy conveniente para una sociedad que tanto desconfía de su clase dirigente. Motivos no le faltan, pues el poder produce en demasiadas ocasiones un efecto de alejamiento entre los ciudadanos y sus representantes; aún peor, provoca una perversa tendencia de éstos a aferrarse a sus cargos y a defenderlos como un bien patrimonial irrenunciable, olvidando la deuda que todo gobernante o electo tiene contraída con los ciudadanos. La inefable situación en la que se halla la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez- -recientemente reprobada por el Senado- es una muestra de cómo se destruye el sentido esencial de un cargo democrático y la permanencia en el mismo deja de ser un acto de responsabilidad para convertirse E en un desafío arrogante. El compromiso de Mariano Rajoy es una encomiable manifestación de respeto al sistema democrático, en la medida en que asume su propia temporalidad y garantiza el paso a otros, y un aval a los ciudadanos frente a la siempre peligrosa, aunque resulte de las urnas, perpetuación en el poder. Por estas razones resulta inevitable comparar la nitidez con la que Rajoy ha hecho este anuncio, tan trascendental para un político que aspira a la presidencia del Gobierno, con la falta de claridad que está mostrando José Luis Rodríguez Zapatero en su definición como candidato a la reelección. Precisamente, ha sido la duda sobre su continuidad tras un posible segundo mandato la primera polémica provocada por José Bono a los pocos días de ser repescado para dar crédito aparente a ese españolismo que el PSOE practica hasta las puertas de Cataluña. Fue José Bono el que dijo que Rodríguez Zapatero no repetiría un tercer mandato, siempre, claro está, que gane el segundo. Luego fue desautorizado por el PSOE y, más tarde, el propio Bono, consciente del laberinto en el que se había metido, rebajó sus palabras a la condición de mera intuición. Afortunadamente, Mariano Rajoy no está necesitando intérpretes de sus palabras o sus intenciones. Él mismo las expone sin presiones de nadie, y por esa misma razón es digno de elogio que cuando en el PSOE están repartiéndose cargos antes de que se celebren las elecciones- -de nuevo el caso del aspirante a la presidencia del Congreso, José Bono- el líder del PP deja muy claras sus reglas de juego al electorado. Para un político que ha de ganarse la confianza de los ciudadanos, lo mejor que puede hacer es prescindir de exégetas y dirigirse a aquéllos sin mediadores. La estrechez de diferencias entre PP y PSOE, según la mayoría de las encuestas, confiere un extraordinario valor a las tácticas de los candidatos destinadas a generar confianza política, más allá de la personal. FIEBRE ELECTORALISTA CON EL AVE L final de la legislatura y el empate técnico que pronostican las encuestas han desatado en el Gobierno la fiebre de las inauguraciones. Es muy reveladora la escena reciente del jefe del Ejecutivo acompañado de varios ministros, del presidente y de altos cargos de la Junta de Andalucía e, incluso, del portavoz parlamentario del PSOE buscando un hueco en la foto de la primera llegada del AVE a Málaga. Precisamente dos trenes de este AVE sufrieron ayer sendos retrasos en su llegada a Madrid, uno de cuarenta minutos y otro de una hora y cuarenta minutos, lo que motivó otra vez la devolución del importe del billete a los usuarios. Dos nuevos contratiempos en las líneas de alta velocidad recién inauguradas a bombo y platillo por el Gobierno socialista, toda vez que el AVE Madrid- Valladolid tampoco termina de funcionar como estaba previsto. Las cosas hechas a toda prisa no suelen salir bien. Los responsables del AVE se justifican aludiendo a incidentes propios del rodaje de las nuevas infraestructuras. Sin embargo, resulta preocupante que ni sean capaces de determinar durante cuánto tiempo se prolongará este rodaje, ni aclaren si estos incidentes se deben a que no se han realizado todos los ajustes y las pruebas necesarias antes de su entrada en servicio. Es evidente que existen fallos técnicos, producto con toda probabilidad de las precipitaciones de última hora para llegar a tiempo al acto inaugural, coincidente con la precampaña electoral. De momento se trata de in- E cómodos desajustes horarios que no afectan a la seguridad de los viajeros, pero es imprescindible poner a punto todos los instrumentos precisos para evitar cualquier irregularidad que siga perjudicando a los usuarios. Una infraestructura llamada a ser un servicio esencial y que exige inversiones tan cuantiosas y de enorme complejidad técnica no debe quedar al albur de la improvisación. Después de tan larga espera, lo razonable habría sido que el AVE empezase a funcionar cuando cada mínimo detalle estuviese absolutamente comprobado y a punto, aunque ello hubiese supuesto un contratiempo para los planes electorales del Gobierno. Además, en este caso el Gobierno no parece haber reparado en gastos a la hora de hacer propaganda de su gestión, olvidando así las críticas que cuatro años atrás dedicó al Ejecutivo del Partido Popular por idéntico motivo, y contradiciendo los compromisos que Rodríguez Zapatero contrajo con los ciudadanos respecto a la utilización de la publicidad institucional. Y más allá de los fallos técnicos, el Gobierno también tendrá que hacer frente a la irritación del sector del transporte de pasajeros por carretera, que se está planteando recurrir ante la Justicia la política de tarifas impuesta para el AVE ya que podría esconder una práctica de competencia desleal. Con su grandilocuente política de fastos prelectorales, Zapatero está asumiendo el riesgo de que sus fotografías para la posteridad se velen por momentos. L conflicto somalí representa el fracaso más evidente de la comunidad internacional para poner fin a una situación de caos en la que lo único que prevalece son las bandas armadas de todo pelaje que luchan unas contra otras. Ejércitos modernos y bien equipados como el de Estados Unidos han salido de allí en términos que se pueden considerar como una retirada ignominiosa. Mal preparados para el tipo de misión al que tenían que hacer frente, soldados de varias naciones dejaron allí su prestigio y el mal sabor de boca que dejó aquel conflicto fue la causa, un año después, de que nadie se atreviese a lanzar una operación en Ruanda, que habría podido impedir o al menos paliar el genocidio de 1994. Somalia es exactamente lo que se puede considerar un Estado fallido. La importancia geoestratégica de Somalia, en pleno Cuerno de África, en la boca del Mar Rojo y con proyección a las principales rutas petroleras, han hecho de este pobre territorio un objetivo para muchos intereses. En el siglo pasado fueron los tentáculos de la guerra fría los que movieron los hilos de golpes de Estado y guerras. En las dos últimas décadas han entrado en juego los integristas islámicos, que han visto en esta situación de anarquía una ocasión para implantar sus bases. Es evidente que si no han sido más activos es porque ni siquiera ellos han logrado implantar estructuras estables desde las que hacer de Somalia la retaguardia de los movimientos radicales islámicos de todo el mundo. Lo que nadie puede dudar es de que ese es uno de sus objetivos. La acción humanitaria encomendada a la médico española y a la enfermera argentina secuestradas ayer en ese país es un esfuerzo meritorio pero desalentador. Es muy difícil ayudar a quien prefiere atacar, secuestrar o a veces asesinar a quienes intentan solamente paliar el dolor y la miseria de las gentes que viven allí. Casi todas las sociedades han pasado por el sufrimiento de la guerra a lo largo de su historia, pero pocas han llegado a ese grado de ensañamiento de la violencia como mal crónico. En otras condiciones, los ciudadanos deberían estar hartos de violencia y sólo por la paz habrían de estar predispuestos a una solución negociada. Pero algunos que lo ha intentado, como el comisario europeo, Louis Michel, tuvieron que salir huyendo. La situación de Somalia se parece mucho a la que podría producirse en Afganistán o en Irak en el caso de que la comunidad internacional desistiese de su esfuerzo por ayudarles a estabilizarse. La descomposición del Estado, la aparición de bandas controladas desde multinacionales del terror y la degeneración de la sociedad hasta la desaparición de todo vestigio de civilización. Tarde o temprano habrá que abordar el problema somalí desde otra perspectiva, buscando una salida que impida que los terroristas islámicos se hagan con una base para llevar a cabo sus planes de guerra contra la libertad y la democracia. E impidiendo también que gentes sin escrúpulos encuentren en el eslabón más débil de la cadena- -el que representan los esforzados voluntarios que acuden en su socorro humanitario- -un modo sencillo de negociar con la vida humana. E