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ABC MIÉRCOLES 26- -12- -2007 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo 85 Así funciona la mente del ajedrecista ¿Están relacionados el cociente intelectual y la aptitud para jugar? Los últimos estudios indican que no y que dicha habilidad, en todo caso, no es exportable POR FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID. En su Psicología del jugador de ajedrez Reuben Fine decía que la índole matemática del juego confiere al ajedrez un peculiar carácter sádico- anal Sus teorías freudianas han sido superadas, pero su esfuerzo por establecer qué diferencia al ajedrecista de los demás hombres sigue vigente. Desde aquel 1956 e incluso desde las investigaciones del francés Alfred Binet a finales del XIX, no pocos han intentado determinar cómo funciona la mente del ajedrecista. Hay mucho de mito en la creencia de que los grandes maestros tienen un cerebro superior. En su libro Cómo la vida imita al ajedrez Kasparov afirma que es natural que los ajedrecistas piensen que la aptitud para el ajedrez es sinónimo de gran inteligencia e incluso de genialidad, pero desgraciadamente hay pocas pruebas que avalen esa teoría O como exclamó Nimzovich tras una derrota: Dios mío, ¿cómo he podido perder con este imbécil? El mismo Fine fue un brillante jugador y como psicólogo creía que la homosexualidad podía curarse Los estudios se han sucedido en el último siglo sin poder ligar de un modo concluyente inteligencia y habilidad ajedrecística. Los maestros ni siquiera se distinguen en su forma de pensar sobre el tablero. Fernand Gobet (de la Universidad de Nottingham) y Peter J. Jansen (Carnegie Mellon) afirman que no hay mucha diferencia entre la búsqueda de un maestro y de un aficionado. La principal es que el segundo presta mucha más atención a jugadas malas o deficientes Es decir, si en algo destacan los expertos no es en cómo analizan, sino en lo que llamamos intuición, que los lleva a descartar en segundos la inmensa mayoría de posibilidades. Su olfato les permite concentrar sus limitados recursos en el buen camino, mientras el neófito da palos de ciego por el tupido árbol de variantes. En otro estudio realizado el año pasado en Oxford con 57 jóvenes cobayas Merim Bitalic descubrió que si bien es cierto que a edades muy tempranas la inteligencia puede predisponer hacia el ajedrez, entre jóvenes y adultos la correlación desaparece. Incluso los niños más listos que destacaban al ajedrez eran superados de mayores por otros con menor cociente intelectual. La mayoría de investigadores concluyen que la superioridad del ajedrecista se asienta sobre el conocimiento y no sobre su capacidad analítica. William Bart y Michael Atherton, de la Universidad de Minnesota, establecieron en 2003 mediante resonancias magnéticas que durante el juego se activan más las áreas cerebrales encargadas de la resolución inteligente de problemas en el caso de los novatos. Los maestros, más que pensar (que también lo hacen) recurren a conocimientos ya almacenados. Se estima que un maestro ha acumulado mediante la práctica y el estudio entre 10.000 y 300.000 fragmentos de conocimiento, patrones que el sistema neuronal relaciona al instante con lo que sucede sobre el tablero. Eso explica, por ejemplo, por qué su capacidad para recordar posiciones es muy superior cuando éstas son lógicas o proceden de partidas, mientras que si se colocan las piezas al azar su memoria es, de repente, tan mala como la de cualquier mortal. Resonancias magnéticas La intuición del experto Uno de los cadáveres de la exposición Bodyworlds del doctor alemán Gunther von Hagens AP Polgar, la fábrica de genios El canal National Geographic emite estos días una serie de reportajes titulada Mi gran cerebro uno de los cuales está dedicado a la ahora estadounidense Susan Polgar, la prueba viviente de que cualquier niño normal puede convertirse en un genio Ex campeona mundial femenina y la primera mujer que consiguió el título de gran maestro compitiendo frente a los hombres nunca he ganado a ninguno que no estuviera enfermo Susan obligó a cambiar las normas de la Federación Internacional, que no permitía la participación de mujeres en pruebas masculinas y le impidió jugar la fase clasificatoria para el Mundial pese a que se había clasificado. Su hermana Judit aún juega mejor y es una intrusa en la élite desde niña. La mediana, Sofia, asombró de adolescente, pero prefiere pintar. Las tres abandonaron el colegio en Budapest y estudiaron con sus padres (ambos pedagogos) lo que les costó la hostilidad del Gobierno y alguna visita policial. Políglotas y triunfadoras, ninguna cambiaría su vida. Sofia, Susan y Judit Polgar, cuando vivían juntas en Budapest