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ABC MIÉRCOLES 26 s 12 s 2007 INTERNACIONAL 41 Emocionante y triste Belén En su última homilía antes de la jubilación, el patriarca latino clamó en la Misa del Gallo de la Basílica de la Natividad que la Tierra de Dios no puede ser para unos una tierra de vida y para otros una tierra de muerte, de exclusión, de ocupación... POR LAURA L. CARO CORRESPONSAL BELÉN. Nochebuena en Belén. Con la plaza por fin rebosante de peregrinos, no es cuestión de quedarse en casa de brazos cruzados, y a la pequeña palestina Sabreen, los padres la han mandado a vender paquetes de chicles a cambio de la voluntad. Cualquier limosna es buena, -en Belén no hay trabajo, ni dinero ni futuro- y la niña, que a duras penas levanta un metro del suelo, aguanta callada, y abatida, y resignada, los empujones con el brazo extendido hacia arriba, ofreciendo con ojos suplicantes, pero sin mucho éxito, su mercancía al gentío. No hay que echar mucha imaginación para intuir que, en el lugar donde la tradición cuenta que fueron a parar los Reyes Magos, Sabreen no habrá tenido ayer un juguete con que olvidarse por un rato de su destino amargo de vendedora infantil. Es emocionante y triste la Navidad en Belén. Emocionante porque, por primera vez tras los años duros de la Intifada, la calle de la Estrella y la plaza del Pesebre bullen de fanfarria y bombillas de colores para recibir a una verdadera multitud de 30.000 cristianos- -cifras oficiales- -que vibra de oraciones y fe. Triste, porque los belenitas deambulan entre ellos como en un sueño de fiesta, fabrican algodones de azúcar, aromáticos falafel para sacarse unas monedas, y visten las mejores de sus ropas pobres, a sabiendas de que mañana se quedarán otra vez ellos solos. Y el muro. No están ya los soldados israelíes vigilando por las esquinas esta Nochebuena, custodiando con recelo cada movimiento como en 2002. Cuando Belén celebró su día grande, el del nacimiento de Jesucristo, en medio de un toque de queda después de que uno de sus vecinos se había suicidado 33 días antes en Jerusalén matando a once personas. Pero los militares están en las afueras guardando las puertas del muro. Decidiendo quién entra y quien no al Belén cercado por el telón de cemento. Escudriñando pasaportes, los palestinos sin permiso especial no pasan por muy cristianos que se pongan. Siguiendo de cerca la ejecutoria de la Policía de la Autoridad Nacional Palestina, que, por primera vez desde el año 2000- -de nuevo, por primera vez desde el año 2000- -fue autorizada anteayer por Israel para operar armada y uniformada dentro de su propia ciudad. Al fin y al cabo, hay vientos de proceso de paz, que dicen los titulares de Anápolis. Por eso, el ex ministro de Información palestino, Mustafá Barghouti, pudo acceder a Belén sin tener que buscar caminos clandestinos como otros años. Y el moderado presidente de la Autoridad Nacional, Mahmud Abbás, llegar a la Misa del Gallo con cuatro horas de antelación, escoltado a lo grande y por la puerta grande (del muro) Nada que ver con el claustro de Yasser Arafat. En el interior de la Basílica de la Natividad, encendida de espiritualidad y de rogativas, como cada año desde que asumió el cargo, el patriarca latino, Michel Sabah, aprovechó el lunes su última homilía de Nochebuena antes de su jubilación para denunciar. Tierra de Dios, no puede ser para unos una tierra de vida y para otros una tierra de muerte, de exclusión, de ocupación o de prisiones políticas. Todos aquellos que Dios ha reunido aquí tienen que encontrar en esta tierra vida, dignidad y seguridad. Cada uno sabe cómo se hace la paz HORIZONTE Ramón Pérez- Maura NAVIDAD EN TIERRA DEL ISLAM E Misa del Gallo Sueño de fiesta Emocionante porque por primera vez tras la Intifada la ciudad recibe a una multitud de 30.000 cristianos Triste porque sus habitantes viven como en un sueño a sabiendas de que mañana se quedarán otra vez solos con el muro Juguetes ABC. es Galería de imagenes sobre la Navidad en Belén en: abc. es internacional El presidente palestino, Mahamud Abbás (tercero por la izquierda) en la Misa del Gallo en la basílica de la Natividad de Belén AFP stas cosas pasan, pero son muchos los que no quieren darse por enterados. Algunos medios prefieren no reflejarlas- -quizá por ser Navidad, pero tampoco lo creo- -ABC, el pasado lunes, la valoró en su justa medida. Las autoridades saudíes, durante la reciente peregrinación del Haj, han detenido a veintiocho terroristas de Al Qaida q albergaban la intención de atentar en La Meca. Veintisiete de ellos eran saudíes. Esta noticia, más que ninguna otra, avalaría la tesis de quienes sostienen que el problema no es el islam, sino la interpretación desviada que algunos hacen del mismo (Gustavo Arístegui dixit) Roza lo metafísicamente imposible que en un atentado en La Meca pudiera morir ningún no- musulmán pues todos tenemos prohibida la entrada allí- -todos por igual: cristianos, budistas, ateos de cualquier origen... Y habrá que presuponer que cualquier musulmán que afronta la peregrinación a La Meca es, cuando menos, devoto de su fe. Porque el gozo espiritual que pueda llegar a albergar debe de ser muy fuerte para poder sobrellevar las penurias que rodean ese objetivo. El problema viene entonces en cómo justificar desde un punto de vista teológico- -teológico islámico- -la posible muerte de muchos buenos musulmanes. Buenos según la vara de medir de los veintiocho potenciales asesinos detenidos. Y sin duda, para estos criminales en potencia había muchos malos musulmanes al servicio de la Monarquía saudí entre los posible muertos. Y los seguidores de Osama bin Laden y de su sucesor, Ayman al- Zawahiri, se creían en la obligación de hacer justicia en nombre de Alá. De su Alá. Y ¿cómo justificar ellos esa justicia en la que por unos pocos desviados podían morir muchos buenos creyentes islámicos? Pues dándoles la garantía de que serán recompensados por Alá en la vida posterior, no se sabe si con un carro de vírgenes o con similar premio. Es ésta, sin duda, una explicación simplista. Mas parte del propio Corán en los elementos que emplea y es en el Corán dónde los frustrados criminales encuentran su coartada.