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ABC MIÉRCOLES 26 s 12 s 2007 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 Gracián Colectivo que reúne a 60 intelectuales y profesores de reconocido prestigio SOBRE EL ARGUMENTO DE ISTAS las cosas con la perspectiva que el tiempo nos proporciona, no alcanzamos a entender cómo, a la hora de redactar la Constitución, los dirigentes de los grupos parlamentarios no nacionalistas pudieron creer que, conformándose con adoptar unas formulaciones ambiguas y dejando para posteriores momentos las decisiones clarificadoras, resolvían los problemas, siquiera momentáneamente. Cualquiera que se entretenga en revisar los diarios de sesiones de los debates parlamentarios puede apreciar la reserva mental con que actuaron los representantes de los grupos vasco y catalán en todo lo referente a la organización territorial del Estado y a la distribución de competencias entre éste y las comunidades autónomas. En el inacabable proceso para ello entonces iniciado, uno de los argumentos en los que, tópicamente, se ha venido justificando la mayor extensión de las facultades atribuibles a las autoridades y organismos autonómicos es el de que el poder se ejerce con mayor propiedad y eficacia en la cercanía en que éstas se encuentran respecto del ciudadano y el territorio, que desde la lejanía en que se hallan los poderes estatales centrales. La generalización de esta opinión puede que arranque del encendido elogio que Tocqueville hizo en La democracia en América del sistema de organización americano y de la forma ascendente de imbricación de las distintas instancias de poder, desde las municipales hasta la superior federal de la Unión, pasando por las de los condados y las de los estados federados. l propio Lord Acton, nada entusiasta de Tocqueville, recelaba de la democracia a la francesa por su efecto centralizador y uniformador. Pero Acton, crítico de los nacionalismos, nunca enfocó la distribución de poderes entre las distintas instancias del Estado sino como una forma de evitar la corrupción; de ahí que nos advirtiera en su conocida sentencia de que el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente En España la relación proporcional legitimidad cercanía del poder fue reiteradamente encarecida por Gumersindo de LA CERCANÍA DEL PODER Plantear la cuestión en términos de tener que pronunciarse sobre la dicotomía poder cercano- poder lejano, al elegir la mejor fórmula para organizar nuestras instituciones intermedias, es incurrir en un erróneo y peligroso reduccionismo V prefería que su villa o lugar dependiera directamente de la Corona (localidades de realengo antes que de la nobleza, y que fueran jueces y funcionarios dependientes directamente de aquélla los que juzgaran sus conflictos y administraran sus intereses, en vez de los designados por un señor feudal. Numerosos son los topónimos que, con orgullo, aluden a dicha dependencia directa de la realeza. De otro lado, la propia cercanía a las materias sobre las que se deben adoptar decisiones, favorece la posibilidad de existencia de conflicto de intereses; y la tentación de que aquéllas no sean tomadas sólo en consideración a la defensa de los generales. Cuanto más cercano sea el poder, más alta será la probabilidad de que el administrador se vea personalmente afectado por la decisión que haya de adoptar y más peligro correrá de incurrir en prevaricación y cohecho. e cualquier modo, jamás deberá consentirse que la cercanía en la ostentación del poder redunde en menoscabo de su más adecuado ejercicio, y para ello habrán de tenerse en cuenta los efectos de la creciente tendencia a la llamada globalización, primero porque la complejidad de las cuestiones excede, cada vez más frecuentemente, de la limitada capacidad de las autoridades intermedias para resolver eficazmente sus propios problemas, pero también porque éstos cada vez afectan más a colectivos o materias que exceden de la propia competencia funcional o territorial de tales autoridades. Son tantos los ejemplos (catástrofes, comunicaciones, racional aprovechamiento de los recursos, etcétera) que a diario ponen de manifiesto que esto es así, que lo mismo insistir en ello, que negarse a reconocerlo, resultarían esfuerzos ociosos. Sólo decir, para concluir, que plantear la cuestión en términos de tener que pronunciarse sobre la dicotomía poder cercano poder lejano, al elegir la mejor fórmula para organizar nuestras instituciones intermedias, es incurrir en un erróneo y peligroso reduccionismo. ¿Poder cercano o poder lejano? En todo caso, poder adecuado a las circunstancias de cada tiempo y momento. Y, por supuesto, poder no absoluto, sino limitado; poder dividido entre las diversas instancias políticas y administrativas, en función de sus respectivas razones de ser y finalidades, y por ello poder interdependiente; y poder también siempre controlado por medios eficaces. D E Azcárate en muchos de los ensayos, artículos periodísticos y discursos en su larga vida parlamentaria. Y, antes y después de él, por los nacionalistas de todo tiempo y lugar. Mas lo que aquí interesa es dilucidar la cuestión de si acercar el poder a las instancias políticas y administrativas que más próximas se hallan al ciudadano es una forma de ejercicio más democrático y eficaz del mismo que la consistente en su confinamiento en las más remotas y alejadas del administrado. Ello debería lógicamente ser así. Es razonable pensar que el mejor conocimiento de los problemas que propicia la cercanía e inmediatez a los mismos de las instancias intermedias e inferiores favorece su más acertada solución, tanto en la fase de toma de decisiones como en las posteriores de ejecución y control de las mismas. Pero todo tiene su haz y su envés, y lo que a priori puede comportar ventajas, puede acarrear también ciertos inconvenientes. Se trata de ver cuáles pueden ser éstos y decidirse a actuar conforme al menor de los males. l no menor de ellos es el del mayor control que sobre todas y cada una de las circunstancias personales de los administrados facilita la cercanía, así como la natural tendencia de todo administrador a ensoberbecerse, inversamente proporcional de otra parte, en términos generales, a su propia importancia y entidad. La proclividad a abusar del poder es mayor cuanto menor es la altura institucional del abusador y la distancia que le separa de su víctima. Esto lo sabe bien el pueblo llano, que en la Edad Media E